Duda y certeza. Hacia una antropología de la novela

Descarga este número

Apuntes breves sobre los trazos de Kazbek

Presentación de Simón Soto

Esta vez, he querido hablar específicamente de uno de los libros de Leonardo Valencia, escritor ecuatoriano nacido en 1969 y que lleva varios años residiendo en Barcelona (el dato es importante para lo que vendrá más adelante). La obra se llama Kazbek y decidí dedicarle la totalidad de las palabras de pronunciar, porque me parece que en ella Valencia logra reflexionar con precisión sobre los puntos de encuentro y desencuentro de dos expresiones artísticas que en la superficie parecen tan distantes, pero que comparten un centro de origen fuerte y único. Me refiero, por supuesto, a la palabra escrita y a la pintura. Es tan conciso y certero Valencia en su novela, y a la vez los intersticios por los que transita evocan tantas reflexiones y texturas, que esa especie de contrasentido dota a la novela de un poderoso sentido de artefacto.

Kazbek arranca con la petición que un pintor llamado Peer le hace al escritor Kazbek: que escriba libremente en torno a dieciséis dibujos de insectos realizados por Peer. Kazbek es ecuatoriano y vive en Europa. Peer es europeo que vive hace varios años en Ecuador. Ambos parecieran haber escapado de sus tierras de origen para vivir en un lugar que no les pertenece, pero que a través de sus respectivos oficios hacen propios. El señor Peer se ha enamorado de los volcanes ecuatorianos. Ha permutado la eterna tristeza del viejo continente por lo imprevisible de la geografía latinoamericana. Viene de la cuna del arte contemporáneo, para refugiarse en el calor y bajo esa silente amenaza representada en los mencionados volcanes. El señor Peer antes no era el señor Peer. Su bautismo lo realizó el mismísimo Picasso con una dedicatoria donde, sin razón aparente, mutiló una letra del nombre del señor Peer para que quedara así, casi como en una predestinación a lo que le ocurriría a futuro: un artista que traza líneas y pinceladas sobre el papel marcado por la palabra escrita. A Kazbek le ocurre lo contrario. Ha nacido en la fulgurante e imprevisible tierra de los volcanes, pero ha decidido emigrar a Europa para escribir. Frente al gran retrato y múltiples tonos y colores de Latinoamérica, Kazbek prefiere el gran relato europeo. Pero como en todo gran constructo artístico, algo falla y ambos ven interrumpidos sus trayectos. Eso que falla es una carpeta de cuero de camello que contiene los dieciséis dibujos de bichos, trazados por el señor Peer, que Kazbek deberá reelaborar a través de la literatura.

Ante todo me gusta que en la historia que nos presenta Valencia, el escritor Kazbek está empeñado hace años en la escritura de una gran novela inspirada en un conocido del personaje. Kazbek alguna vez trabajó en una agencia publicitaria, donde tuvo por jefe a Dacal. En aquellos lejanos tiempos, el protagonistay sus compañeros de trabajo, inspirados por las fuertes características personales de Dacal, comienzan a escribir una serie de relatos en torno a su figura. Los textos abordan al personaje desde distintas aristas, desde diversos puntos de vista, indagando cada vez más en los tonos y obsesiones de este jefe. Lo que parte como una humorada poco a poco empieza a transformarse en un relato coral, en una exploración literaria, que sin duda se escapa de las manos de sus creadores. Porque, evidentemente, no todos los involucrados continuaron escribiendo, no solo sobre Dacal, sino escribiendo sobre cualquier cosa.. Después, nos cuenta el narrador de la novela, los distintos autores que participaron de ese cadáver exquisito involuntario se dispersaron por el mundo y perdieron total contacto entre sí. El único que no se perdió y que siguió escribiendo, ahora fuera de la industria publicitaria, fue Kazbek.