Una biografía alimentaria

Sonia Montecino y Michèle Sarde, comps. La mano de Marguerite Yourcenar.Cocina, escritura y biografía. Cuaderno

de recetas (1950-1987).

Santiago, Catalonia, 2014.

Es en medio de booms gastronómicos y revivalismos patrioteros cargados al comino que Catalonia publica La mano de Marguerite Yourcenar, un libro interesantísimo. Se trata de un rescate de las recetas conservadas en los archivos de la escritora en la Biblioteca Houghton de la Universidad de Harvard. Este recetario,cargado a los dulces y a las masas, es reflejo de la convicción vegetariana de su compiladora, una convicción militante que se fue forjando desde su niñez, se desarrolló durante su primera adultez en las costas de Italia y Grecia, y se consolidó al asentarse en Estados Unidos junto a su pareja, la estadounidense Grace Frick.

El recetario es precedido por dos textos, uno de la académica francesa Michèle Sarde y otro de la antropóloga chilena Sonia Montecino. El primeroes un ensayo iluminador que nos introduce en los aspectos biográficos que determinaron los ritos alimentarios de Marguerite Yourcenar, su rechazo de los rígidos modales que su abuela exigía en la mesa y su gusto por compartir la comida en la cocina junto a la servidumbre del castillo de su infancia, la admiración por su padre y la emulación de sus espartanos modos en la mesa, modales que aparecerían, mezclados con la ideología de la escritora, en Memorias de Adriano. Fue en la infancia de Yourcenar, según Sarde, que esta heredó de su padre un desprecio por la glotonería, la disciplina en el comer y la predilección por la comida sencilla y natural.

La biografía alimentaria de Yourcenar es también la historia de su rebeldía ante una concepción vital anclada en la alta cultura, lo aristocrático y lo elitista; una rebelión que ya en la infancia la llevaría a rechazar las carnes rojas, sobre todo aquellas obtenidas mediante la caza; a adoptar una vida con una pareja del mismo sexo y a radicarse en Estados Unidos, donde desarrolló una conciencia sobre la importancia del origen de los alimentos. Esa conciencia la llevaría a convertirse en benefactora de numerosos grupos animalistas y en miembro de la Home makers Association, agrupación que proponía la vigilancia de la producción de los alimentos como parte de la defensa de los derechos humanos. Sarde insiste en el carácter biográfico de este recetario al señalar que Yourcenar se alimenta como una expatriada, es decir, reuniendo en su dieta platos, bollos y dulces provenientes de los lugares que habitó y de las admirables tradiciones gastronómicas griega, italiana, sueca y rusa.

Para complementar este ensayo, Sarde incluye el testimonio de Joan Howard sobre los menús ofrecidos por la autora algunos años tras la muerte de Grace Frick. Por mencionar algunos, el 28 de junio de 1983: espinacas con champiñones, ensalada de tomates, papas estofadas, puré de palta con ajo y cebolla, cerezas y duraznos frescos. Y al día siguiente: pan sirio relleno de chalotas, rabanitos, miga de pan mezclada con sardinas y crema ácida. Como postre, duraznos, cerezas y fresas acompañadas de una copa de vino blanco, que Yourcenar diluía con agua.

En 1980 Yourcenar se declaró vegetariana en un 95%, ya que comía pescado, mariscos, muy ocasionalmente pollo y, más que excepcionalmente, langosta. Así, pues, su alimentación puede compararse con la de su emperador Adriano, en boca de quien pone las siguientes palabras: «Comer demasiado es un vicio romano, pero yo fui sobrio con voluptuosidad».

El ensayo de Sonia Montecino identifica la dedicación de Yourcenar por la cocina y su cuaderno de recetas con aquella de Georges Sand, Jane Austen, Emilia Pardo Bazán y sor Juana Inés de la Cruz, autoras de entre cuyos papeles póstumos se han recuperado recetarios. Montecino expone con una cursilería conceptual que se vuelve cansadora tras la lectura del ensayo que la precede, y su prosa se convierte en evidencia de que escribir de manera llana es más difícil que llenar páginas describiendo un cuaderno de recetas como «un conjunto textual en el cual confluyen múltiples grafías».

Tras este ensayo se nos presenta el recetario, que incluye salsas, platos de queso, panes, pannettones, muffins, dulces suecos, postres y bebidas, en total treintaicinco recetas que dan cuenta del trayecto biográfico de Marguerite Yourcenar. Páginas a las cuales se suma una especie de glosario que contextualiza el origen de cada una de las preparaciones favoritas de la autora.

La mano de Marguerite Yourcenar es mucho más que el libro de recetas de una escritora; es un manifiesto sutil que aboga por una alimentación consciente y nos llama a preguntarnos en qué condiciones viven quienes recogieron los frutos que comemos, a cuestionarnos el trato indigno que reciben vacas y gallinas, a no beber café sin pensar en Brasil y a no consumir azúcar sin pensar en Cuba.

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