Un referente ineludible

Néstor García Canclini es inconfundiblemente latinoamericano, inconfundiblemente interdisciplinario, inconfundiblemente actual. Irrumpió con mucha fuerza en el escenario de la autorreflexión latinoamericana con Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad a principios de los noventa, si bien ya en la década anterior le había entrado de lleno a las investigaciones sobre culturas populares y cultura transnacional. La hibridación fue un concepto poderoso para salirles al paso a los residuos esencialistas del mestizaje, esa especie de argamasa étnico-cultural con la que se solía explicar la identidad latinoamericana. Néstor partió allí, o tal vez antes, un corte casi ontológico con lo que implica ser latinoamericano en una fase de globalización y diversificación de los contenidos que consumimos, de cambios crecientes en las condiciones de producción, circulación y apropiación de estos contenidos, de tránsito desde una estructura diacrónica de significados a una multifuncional sincronía de tiempos y espacios de consumo simbólico.

Creo que desde allí muchos miramos con especial atención, y también con pasión, la obra y el pensamiento de Néstor, sorprendidos por cómo, en su esfuerzo por escrutar la realidad latinoamericana, iba juntando piezas que secularmente habitaron compartimentos divorciados: así fue entrando sin miedo a poner en relación el consumo y la ciudadanía, la cultura y la economía, la estética y la tecnología.

Conjugó diversidad cultural con desigualdad social sin dejar que una fuese eufemismo de la otra. Conjugó mercantilización y producción de sentido sin caer en la tentación de fetichizar el segundo en manos de la primera. Puso como nadie los imaginarios en el marco de sus condiciones de producción y circulación.

Todo esto fue parte de una secuencia de libros que nosotros, lectores, fuimos devorando en la puerta del horno. Así, siguieron obras igualmente emblemáticas como Consumidores y ciudadanos a mediados de los noventa, La globalización imaginada con el cambio de milenio, Diferentes, desiguales y desconectados a mediados de la década pasada, y más recientemente libros que siguieron marcando fronteras en la reflexión de los nuevos tiempos, como Lectores, espectadores e internautas, y su reciente La sociedad sin relato. Antropología y estética de la inminencia.

Estamos frente a quien maneja, desde su formación académica, dos disciplinas distintas, como son la filosofía y la antropología. El antropólogo, y sobre todo el antropólogo cultural, trabaja con gente que habla, siente, produce significados, se vincula con otros, se apropia de los signos y los recrea. Está en terreno, sea este el del nuevo etnógrafo (de la posmodernidad), sea el que mira con ojo clínico una encuesta de opinión o una performance urbana, el que lee la contingencia viendo tras ella otro texto, el de las transformaciones culturales y la pugna por los sentidos. El filósofo junta disciplinas, hace un trabajo de ida y vuelta entre onda corta y onda larga, el aquí y el universal, entre economía y subjetividad. Volviendo a sus Culturas híbridas, una de las virtudes de Néstor siempre es territorializar la reflexión, y luego, desde allí, darle proyección universal: en el caso de esta obra que tanto ha dado que hablar, las investigaciones sobre modos de apropiación de lo propio y ajeno y la representación estética de la cultura de frontera en la ciudad de Tijuana fueron el trampolín para una tesis que hasta hoy se discute, con sus detractores y sus adherentes, como es el de las hibridaciones culturales.

Así como territorializa el saber para luego expandirlo, en un camino permanente de ida y vuelta entre el caso y la tendencia, o entre el síntoma y el síndrome, o entre teoría y acontecimiento, así también vuelve siempre sobre la dialéctica territorialización y desterritorialización de América Latina en la era global, con renovadas lecturas. En esto creo que Néstor García Canclini ha sabido usar un instrumental teórico muy vasto y de manera heterodoxa, cruzando disciplinas y paradigmas, modelos y epistemes, para llegar a leer a América Latina como nadie en el cambio de milenio. Leerla en cómo se incorpora a la globalización tanto desde la perspectiva de los flujos de gentes (migraciones) como de los flujos de contenidos (con las industrias culturales) y de la conectividad, en el flujo de las industrias y del intercambio simbólico. Ha interpelado de manera crítica la tradicional «episteme de la inclusión» basada sobre todo en el mundo del trabajo, para mostrar, sobre todo en su mirada sobre las nuevas generaciones, hasta dónde la idea misma de inclusión social está siendo reinventada desde la proliferación de nuevas identidades colectivas, a medias políticas, a medias sociales y a medias estéticas, y la centralidad de la comunicación a distancia para definir quiénes están dentro y quiénes fuera.

Recientemente ha encarnado su visión del mundo mosaico y fragmentario con un modo mosaico de representarlo, zapeando él mismo a este lector-espectador-internauta que «lee, ve, escucha y combina materiales diversos». Esto en un texto encarna la fragmentación en su propia textura, pero a la vez ilustra, precisamente en esta forma mosaica, la radical interdependencia (ni heterónoma ni autónoma, tal vez términos que debieran quedar en desuso) entrearte, tecnología, imaginarios, vida cotidiana, consumo, etc.

Desde este profuso bagaje discute con la sociología de izquierda (de Bourdieu a Rancière y los poscolonialistas), interpreta los catálogos de las exposiciones más innovadoras para escudriñar allí los signos de los tiempos, le toma el pulso a la juventud sin dejarse intimidar ni seducir del todo, junta las tablas estadísticas con las historias de vida, va y viene entre fronteras literales y metafóricas. Es un referente ineludible en estudios culturales, estudios sobre globalización y cultura, nuevas tendencias en la plástica latinoamericana, en las industrias culturales y en las formas de operar con los nuevos soportes de tecnologías de información y comunicación.

Hoy interroga acerca del ser extranjero. ¿Es posible ser extranjero hoy? Sabemos, con base en su obra, que esta pregunta puede abordarse desde múltiples entradas: fronteras difusas en los flujos migratorios con más de treinta millones de hispanos en Estados Unidos, tecnologías que barren las otras fronteras, contenidos que se recrean en todas partes, referentes simbólicos y estéticos que oscilan entre la estandarización a escala global y la diferenciación continua, sistemas productivos con cadenas transnacionales de valor. Interrogarse por la exterioridad en un mundo que exacerba simultáneamente, y casi en un mismo movimiento, su energía centrípeta y centrífuga, y que tiende no solo a la inminencia sino también a la inmanencia, produce una atracción muy particular, porque también estamos todos nosotros incluidos en la reflexión que interroga sobre la posibilidad de ser, o de definirse, como extranjero. ¿Acaso no es, esta imposibilidad de la exterioridad o la extranjeridad, a la vez un rasgo ontológico y una contingencia de la globalización?

Escuchemos qué nos dice sobre estas y otras cosas Néstor García Canclini

El chileno Martín Hopenhayn es filósofo. Investigador de la División de Desarrollo Social de la CEPAL, ha publicado diversos ensayos, entre ellos Crítica de la razón irónica: de Sade a Jim Morrison.

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