La guerra según Beevor

Antony Beevor . Stalingrado
Ediciones Crítica, 200
452 páginas

Antony Beevor . Berlín, La Caída
Ediciones Crítica, 1945
552 páginas

Corre el 1 de febrero de 1943. Sobre los escombros de la ciudad soviética de Stalingrado, los sobrevivientes del otrora invencible Sexto Ejército Alemán se rinden ante el Ejército Rojo. Un iracundo coronel soviético detiene a una columna de prisioneros germanos que tirita de frío y hambre. El oficial alza su vozarrón y señala los edificios en ruinas que lo rodean. ¡Así va a acabar Berlín!, les espeta.

El destacado historiador británico Antony Beevor se topó con esta escena cuando acababa la investigación para su libro Stalingrado. El texto, editado en 2000, narra la apocalíptica batalla entre las huestes de Hitler y Stalin por el control de esa ciudad soviética a orillas del río Volga, en el clímax de la Segunda Guerra Mundial.

Al leer la terrible advertencia del coronel soviético, Beevor supo inmediatamente que su próximo libro debía centrarse en el asalto final a la capital del Tercer Reich.

Titulada Berlín, La Caída: 1945 y lanzada el 2002, la siguiente obra del escritor británico parte con la frase del anónimo oficial bolchevique, quien no se equivocó en su vaticinio: las penurias de Stalingrado se lavaron con ríos de sangre berlinesa.

Gracias al talento de Beevor, que mezcla un incuestionable celo como investigador con un muy eficaz estilo narrativo, tanto Stalingrado como Berlín, La Caída: 1945 se han convertido en los más grandes best sellers históricos de las últimas décadas. Ambos textos se han traducido a más de veinte idiomas y han sido catalogados como las versiones definitivas sobre dos episodios cruciales de la historia moderna.

Ahora, la publicación en español de un libro de Beevor sobre la Guerra Civil de España (1936-1939) promete también ser un éxito. Se trata de una versión revisada del texto en inglés lanzado por el mismo autor en 1982, sobre el conflicto entre nacionalistas y republicanos españoles que antecedió a la Segunda Guerra Mundial. El nuevo trabajo incluye documentación fresca obtenida de archivos soviéticos y alemanes. Aunque el propio historiador ha reconocido que no es experto en España y que su fuerte sigue siendo la Segunda Guerra Mundial, el trabajo ha sido recibido con elogios.

Antes de dedicarse a escribir, Beevor sirvió como oficial regular del Ejército Británico, tras educarse en las prestigiosas academias militares de Winchester y Sandhurst. Esta formación castrense queda en evidencia con sus minuciosas descripciones de las batallas, en las que desmenuza las fortalezas y debilidades de cada bando, así como sus objetivos y disposición táctica. Todo ello, sin nunca dejar de lado las consideraciones políticas y estratégicas de fondo.

Sin embargo, el gran mérito de Beevor, aquello que hace su estilo terroríficamente eficaz y que le ha valido el aplauso tanto del lector especializado como del gran público, es que jamás olvida que en medio de estos dantescos choques de acero y músculo se tejieron los destinos de seres humanos concretos. Se trata de personas casi siempre anónimas, pero cuyas experiencias al límite, rescatadas, sirven para atestiguar con plenitud los grandes cataclismos de la historia.

Este equilibrio entre drama colectivo y tragedia individual se expresa magistralmente en los relatos de Beevor. Para el británico, tan importante como la documentación de los gobiernos o altos mandos son las cartas, diarios de vida, entrevistas a sobrevivientes y anotaciones personales de testigos o actores directos. Así, echando mano a ese material a menudo inédito, el ex militar logra recrear con frenesí el infierno de la guerra.

En Stalingrado, la contienda es un duelo a quemarropa entre el disciplinado general alemán Von Paulus y el imaginativo mariscal soviético Chuikov, cada cual enfrascado en negarle al otro la llave del petróleo del Cáucaso. Pero, por sobre todo, es una lucha desesperada entre ignotos combatientes que viven y mueren como ratas, en los despojos de una ciudad que ha dejado de ser tal, al punto de que los perros aprovechan la noche para cruzar a nado el río Volga y ganar la seguridad de otra orilla. Sólo una patética loma en el centro de la urbe cambió 15 veces de dueño y costó más de 20 mil muertos.

En Berlín, La Caída, la ofensiva del Ejército Rojo sobre las defensas alemanas del Óder no es sólo el inicio de la embestida final contra la exhausta Alemania de Hitler. Además, es el martilleo de 8.983 cañones soviéticos que incendiaron la madrugada del 16 de abril de 1945, sepultando vivos a decenas de soldados alemanes, levantando castillos de polvo y haciendo huir a bandadas de pájaros en el cielo. Bajo el grito Der Iwan Kommt! (¡Que vienen los rusos!), muchos efectivos alemanes abandonaron sus posiciones, presas del terror, o simplemente fueron volatilizados por los estallidos.

La furia vengadora soviética ni siquiera respetaría a los civiles germanos. Según cálculos del autor, aproximadamente cien mil alemanas fueron violadas durante el avance, muchas de ellas en forma colectiva. Uno de los casos citados describe el enojo de los residentes de un barrio berlinés con cierta joven que se resistía al ultraje. ¡Por Dios, mujer, déjate llevar! ¡Nos estás metiendo en problemas a todos!, le gritó un vecino.

Gracias a la superposición de la Gran Historia con los dramas y testimonios de hombres comunes, los libros de Beevor logran ser mucho más que pormenorizadas reconstrucciones históricas. Su potencia narrativa los hace equiparables a los mejores reportajes periodísticos, e incluso a una buena novela o relato épico.
Un logro notable, del cual el británico parece estar más que consciente. Así lo evidencia una frase suya en una entrevista otorgada a principios de octubre en Madrid, a propósito de la versión en castellano de su libro sobre la Guerra Civil Española: La historia no es una ciencia, sino literatura que se acerca a ella.

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