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Artista visual y editora.

Llegué a este libro sin querer, o más bien queriendo leer sobre el Polo Norte pero sin tener que aguantar la ya latera carga épica del hombre-conquista-polo. La contratapa cuenta cómo Onfray a los diez años, le pregunta a su padre cuál sería el viaje de sus sueños, y que él responde: «El Polo Norte». Así es como Onfray hace realidad el sueño de su padre cuando este cumple ochenta, llevándolo a Baffin, «más allá del círculo polar». Misión cumplida, contratapa.
El relato, más que una bitácora, pone la atención en el frío y el aislamiento, y en una cultura que se está perdiendo entre la televisión, los turistas, el asistencialismo y el consumismo (en un lugar donde, literalmente, no hay lugar para consumir). Sin embargo, los inuit aún intentan mantener sus creencias, y el autor lo deja ver mediante sutiles fragmentos del viaje, respetando la intimidad del pueblo que le permitió ver alguno de sus secretos. La escena de un anciano ofreciéndole la silla al padre de Onfray solo por ser un par de años mayor que él es conmovedora.
El libro es exactamente lo que promete: una estética. Pero es también la forma que tiene el autor de contar parte de su historia y vincularla con una completamente ajena a través de lo mejor que sabe hacer, la filosofía. Uno, simple lector, es el testigo silencioso de una cultura misteriosa y de la unión de un padre con su hijo; personalmente, leí con envidia la aventura de lograr pisar esa tierra congelada. Espero poder llegar, antes de los ochenta, al lugar que señala la estrella polar.

Michel Onfray, Estética del Polo Norte, Madrid, Gallo Nero, 2015

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