«Muy pocas novelas abordan la amistad»

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Conversación

Philippe Claudel

con Mauricio Electorat

 

 

Mauricio Electorat: No todos los días tenemos la oportunidad de dialogar con un escritor del alcance, de la importancia, de Philippe Claudel, y agradezco su visita en nombre de la Cátedra Abierta en homenaje a Roberto Bolaño. En nuestro país lo conocemos ante todo por Almas grises, que obtuvo el prestigioso premio Renaudot, El informe de Brodeck y La nieta del señor Linh, pero también ha escrito y dirigido dos películas, Hace mucho que te quiero y Silencio de amor. En Francia su novela Petites mécaniques obtuvo el premio Bourse Goncourt de la Nouvelle, y J’abandonne el de France Télévision. Bien, la primera pregunta que me gustaría hacer es cómo llegas a la literatura.

Philippe Claudel: Llegué a la literatura por la lectura, simplemente. Cuando comencé a leer, cuando aprendí a leer, y luego cuando pude escribir, me sentí atraído por contar historias. Pero todo comenzó por la lectura, incluso antes de que pudiera leer por mí mismo, cuando me leían libros. Creo que es muy importante esa transmisión de los padres, en este caso de mi madre que me leía libros. Es muy importante compartir las historias. Y luego, voilà! Comienzo a leer solo y continúa entonces la magia ilimitada, infinita, de la lectura de un libro. Después, cuando aprendo a trazar signos en el papel, las primeras letras, descubro la otra operación mágica que es la escritura, y la facultad también, el poder, de construir historias y personajes. Poco a poco escribo para mí mismo, como un juego, hasta llegar más tarde a compartir lo escrito con otros, como supone la publicación de un texto.

ME: Entonces, ¿has publicado desde muy joven?

PC: No, no, comencé a escribir siendo joven pero publiqué mucho más tarde. La verdad es que publiqué mi primer libro a los treinta y siete años, nada de joven. ¡Treinta y siete años es demasiado viejo para un futbolista pero muy joven para un autor! Y la razón es que realmente todo lo que escribí antes era muy malo. Escribí mucho, pero la calidad, la intensidad, no estaban a la altura. Son textos que nunca mostré, nunca los arreglé, tampoco fueron editados.

ME: Pero todavía en la narrativa, en la novela, ¿exploraste luego otras formas de escribir, otros géneros?

PC: Sí, sí, la poesía, mucha poesía. Yo diría que la poesía es una forma de arte que se enmarca bien en ese período de exploración que es la adolescencia, entre los quince y los dieciocho años. Escribí, claro, muchos poemas que tenían influencias de la poesía de Baudelaire, de Nerval, del romanticismo un poco negro. Ahora pienso que es realmente patético que les regalara esos poemas a las chicas.

ME: Volviendo al tema de la lectura en la infancia, ¿cuáles eran esos libros que te leía tu madre, cuáles eran los autores?

PC: Yo estaba fascinado por las fábulas, los mitos, las historias y los cuentos tradicionales franceses, los cuentos de Perrault, por ejemplo, de Andersen, de los hermanos Grimm. Todo ese universo maravilloso me llamó muchísimo la atención. Leía e interpretaba las historias de los libros gracias a las ilustraciones, entonces si mi madre no podía leérmelas yo igualmente las recreaba a través de las imágenes. Pienso que todo ese universo de imaginación me marcó considerablemente, porque lo que escribo, de hecho, está en el borde de la literatura de la imaginación. Eso lo he tomado prestado como autor de literatura contemporánea, porque lo que me interesa del mundo de la novela es inventar historias. No me interesa esa forma de escribir, tan dominante en la literatura francesa, en que el autor se vale de su propia vida y se refleja a sí mismo. Lo que me compromete es crear una pieza en que el mundo, las situaciones, los personajes sirvan para plantear las preguntas más importantes de la vida en su propio universo.

ME: Y si tuvieras que elegir dos o tres autores de los cuales te nutriste, ¿cuáles serían tus escritores tutelares, tus sombras?

PC: Es muy difícil elegir porque depende de la edad. Cuando era niño, muchos de los autores de cuentos que leía eran anónimos, lo mismo con las historias mitológicas. En la adolescencia fui muy fanático de las novelas de aventuras de London, Conrad, de las historias montañesas de un autor francés que leí mucho, un alpinista y novelista llamado Roger Frison-Roche, muy importante, que ha escrito grandes libros sobre el tema de la montaña, que me apasionaba. También las historias del correo postal aéreo: un piloto a bordo de un avión que atraviesa Sudamérica llevando el correo como algo sagrado. Aunque no lo entendiera bien, para un niño como yo eso era realmente fascinante, como lo fue también para muchos niños y jóvenes. Un autor que influyó mucho en mí es Maurice Leblanc, creador del personaje de Arsenio Lupin, escritor de novelas policiales o de misterio que disfruté mucho en mi juventud. Con más edad, otro autor que leí y releí muchas veces fue Maupassant. De hecho, puede que Maupassant sea el autor que más he leído y releído en mi vida. Escribió una buena cantidad de novelas, cuentos, historias breves de varios géneros, a veces realistas, a veces más fantásticas, otras veces con una connotación social, que me marcaron profundamente.

ME: Philippe Claudel vive en la región de Lorena, una región fronteriza del este de Francia, que limita con Alemania; una zona muy particular. Más aun, vive en Dombasle-sur-Meurthe, el pueblo en que nació, lo que me llama muchísimo la atención. Y por lo menos dos de sus novelas más importantes, Almas grises y El informe de Brodeck, transcurren en pueblos pequeños, en lugares apartados. Me pregunto, Philippe, si hay algo deliberado en esta elección del borde, porque pareciera que tus novelas nunca entran en la gran ciudad, o si lo hacen es solo en apariencia. ¿Tiene eso que ver con tu decisión de vivir en la provincia y rechazar, de algún modo, la gran ciudad?

PC: Es una opción de vida que, por supuesto, va a influenciar la opción de escritura. El lugar donde vivo es muy particular, está situado muy estratégicamente, no muy lejos de la frontera suiza, de la frontera alemana, de la frontera belga y de la frontera luxemburguesa, una suerte de extremo en el mapa francés, un lugar muy marcado por la historia que sirvió de contacto con el resto de Europa central. Yo vivo en un pueblito de diez mil habitantes, y me interesa de este lugar la vida en una comunidad pequeña. Poco a poco fui dándome cuenta de que allí la vida se define por la ocupación de las personas –el hombre del correo, el policía, el tipo del banco– y no por su nombre. En mi novela L’Enquête, que va a traducirse pronto al español,1 los personajes se definen por su función. El ambiente de las novelas que me interesan puede observarse como a través de un microscopio. Se puede prestar atención a las reacciones e interacciones humanas en lo pequeño, y luego llevar eso a situaciones más generales. Puede que sea incapaz de hacer observaciones detalladas en grandes comunidades, pero lo que a mí me importa es describir muy bien un lugar en el que, como dije antes, también se manifiestan las grandes preguntas de la existencia humana.

ME: Me gustaría leer un texto tuyo para pedirte que comentes este tema de las fronteras y la vida en los pequeños pueblos de la provincia, y del problema del Otro, la otredad como otra frontera, que es fundamental en tu narrativa. No solo las fronteras físicas y lingüísticas, como bien muestra El informe de Brodeck, sino también las fronteras entre los seres humanos. Este texto –voy a traducirlo mientras leo–, que se publicó con el guión de tu película Il y a longtemps qui je t’aime, dice a propósito de los otros:

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Una frase de Céline en el Viaje al fin de la noche, y que cito de memoria, me mantuvo siempre despierto desde el primer día, ya muy lejano, tenía unos veinte años cuando la oí: «No sabemos nunca nada de la historia de los otros». Reflexionando bien, me parece que la mayoría de mis novelas, a lo mejor todas, nacieron de esta frase que, al tiempo que inaugura un misterio (todo libro sobre los otros se transforma entonces en una investigación policial), provoca el deseo de acercarse más aun a los otros para hacerles comprender que estamos aquí, muy cerca de ellos, y que pueden abrirse, confiarse a nosotros si lo desean, y contarnos esa verdadera historia que presentimos que para ellos es fuente de dolor.

Aquí hay una cuestión fundamental. En este pequeño texto leo mucho de lo que es tu narrativa, y que tiene que ver con la compasión, con la cercanía, incluso con un sentimiento de filantropía, en el sentido original del término, de amor por la humanidad.

PC: Según yo lo veo, ese fragmento de Céline concentra aquello que explica mi interés por la literatura. Es porque nos interesan los otros que la literatura existe. Todos los textos nacen de una ausencia y, a la vez, de un deseo de conocimiento. Todas las historias, las novelas, las películas, están construidas sobre el deseo de llegar a comprender los misterios humanos, no con un afán de comprobación científica sino sobre la base de la simpatía, la empatía, la compasión, porque lo que me compromete más es, evidentemente, examinar los misterios humanos en los extremos, en el sufrimiento, en la memoria histórica, en las divisiones, en las decisiones en tiempos terribles; el ser humano en el centro de fuerzas absolutamente contrarias, de fuerzas mecánicas opuestas. Es esto lo que me interesa observar, comprender el gran misterio a la vez que la destrucción, y también la resurrección. Por ejemplo, El informe de Brodeck se escribió sobre esa admiración por el deseo del hombre, esa hambre, de continuar la vida después de una situación traumática u horrorosa, esa necesidad del hombre de fortalecerse para continuar la vida cuando ha tenido que experimentar una pérdida humana o un gran dolor o sufrimiento.

ME: En El informe de Brodeck uno de los personajes principales, aquel alrededor del cual todo el relato gira, se llama El Otro. El Otro y la muerte del Otro.

PC: Es un libro que tiene un sustrato histórico y hace reflexionar sobre el genocidio, cómo funciona, cómo se desencadena. Es un libro que fue escrito en Francia, un país donde el problema de la otredad se concreta en que para mucha gente los otros, los que son diferentes, los extranjeros por ejemplo, son los responsables de los problemas más graves que enfrenta el país en lo social o económico. No es un libro que funcione como espejo de una situación personal, sino que de un grave problema social. El retrato no es de una persona sino de un colectivo. Por eso es que el protagonista, Brodeck, es obligado por la comunidad a escribir. A través de esta puesta en escena doy a conocer mi propia concepción del escritor. Yo creo que el escritor es forzado a escribir por su comunidad, es empujado a decir, a denunciar. Lleva consigo una misión que es escribir, dar a conocer, aunque después el resultado sea para ellos mismos insoportable.

ME: Qué curioso que Brodeck sea forzado a la escritura a raíz de la muerte del Otro precisamente. Si esa muerte no hubiese ocurrido podría haberse quedado tranquilamente anónimo. En tu novela La nieta del señor Linh el problema nuevamente se centra en el Otro.

PC: Claro que sí, es un libro que habla sobre la cuestión del Otro. La otredad es un tema importante para mí, una preocupación que me obliga a escribir y que me acompaña en todo momento. Recuerdo frases célebres de la poesía, como las de Rimbaud que dijo «Je était un autre», o la de Gérard de Nerval, «Je suis l’autre». El espacio de diferencia entre ambas es muy débil, muy fino, tal como la diferencia que hay entre aquel que está a mi lado y yo. En este sentido, retomo el concepto de frontera del que hablabas, pues se trata de una frontera que es apenas divisoria. Mis textos son metáforas de la situación que vive Europa en este momento. Toman, en este caso, un tema político y social extremadamente importante hoy día y lo convierten en literatura para empujar aun más el límite o frontera que nos separa de los otros.

ME: Particularmente, en La nieta del señor Linh veo una parábola de la acogida, de la alteridad; en el fondo, del sentido de la fraternidad. El señor Linh es acogido por un Otro, por un desheredado, con quien establece una muy linda relación de fraternidad sin palabras. Ninguno de los dos personajes aquí puede entenderse, ni sabe qué dice el otro, sin embargo se comunican y se transmiten muchas cosas.

PC: No muchas novelas se han escrito sobre la amistad, un tema tan profundo como frágil. Muchas novelas hablan de amor, pero muy pocas abordan el amor en la amistad, entonces sentí una necesidad de dar a conocer esto que me parece tan hermoso. La novela está estructurada en torno a la relación de estos personajes que no hablan la misma lengua, que tienen diferencias grandes de contexto, que han vivido experiencias muy particulares en sus lugares de origen, pero que sin embargo manifiestan una gran compasión. La acción se desarrolla en una ciudad grande, que sirve de escenario para hablar de los efectos de la soledad en la urbe, una urbe que termina por encerrar a individuos a los que nadie presta atención.

ME: Así es. Pasando a otro tema, muy relacionado, ¿qué nos puedes contar sobre el paso de la escritura narrativa a la escritura cinematográfica?

PC: Se trata de un tránsito natural entre las dos formas artísticas. Siempre me han interesado ambas, pero cuando visualizo las posibilidades de relación de una novela y una película es simplemente más fácil escribir que producir cine. Ahora, pasar de la novela al cine no es para nada complicado. En términos de contar una historia, para mí las historias son tan posibles de narrar de manera escrita como de manera visual, pero en el cine se suman elementos que permiten buscar otros modos de decir. La cámara es capaz de registrar silencios, tensiones y conflictos entre los personajes, abordando misterios y acercamientos de un modo distinto que en la narrativa escrita. El cine es movimiento que por sí mismo es capaz de contar una historia. El cine mudo es un gran ejemplo pues dice una gran cantidad de cosas sin necesidad de palabras, solo con los gestos y el movimiento. Esto es lo que me fascina del cine, que permite explorar y contar historias a través de la magia de las imágenes.

Traducción de Marianela Pérez C.

Mauricio Electorat es escritor, traductor y académico de la Escuela de Literatura Creativa UDP. Su obra narrativa ha merecido importantes galardones en Chile y el extranjero, como el premio Biblioteca Breve 2004 por La burla del tiempo.

Philippe Claudel es escritor, guionista y cineasta. Entre sus trabajos escritos más populares se cuentan La nieta del señor Linh, Almas grises y El informe de Brodeck.


1 La investigación, Barcelona, RBA, 2014.

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