Mascullando versículos como si fueran aceitunas

Fabio Rosa: En Chile los libros de Erri de Luca dejaron de circular estos últimos años y los lectores de este país quizás han quedado con la impresión de inactividad, pero lo cierto es que De Luca es un autor prolífico y vital. El propio autor se encargará de aclarar esa falsa impresión aquí mismo durante nuestra conversación. Pero antes de formularle la primera pregunta permítanme aclarar quién es el escritor que hoy nos visita. De Luca nació en Nápoles y egresó de la enseñanza media en el año 1968. De alguna manera su transformación en adulto coincide con un proceso de transformación social de Europa. Como muchos jóvenes de esa época, su identidad estuvo ligada a una causa y a una forma de vida para la cual podríamos usar el lema de las revueltas romanas de ese año: todo y ahora (tutto e subito). Un apetito que en su caso se manifestó como un ansia por entender e inmiscuirse en la vida real. Esa realidad la vivió desde el mundo del trabajo. Fue operario de fábrica, fue también camionero durante la guerra de los Balcanes, donde condujo varios convoyes de ayuda humanitaria entre 1993 y 1999. Esa vitalidad lo transformó en políglota. Habla muchos idiomas, pero no el castellano. Quizás porque viniendo desde el italiano no re-presenta un desafío lo suficientemente difícil. Por eso prefiere el ruso y también el hebreo. Pero di-cho apetito por la vida curiosamente no lo llevó a publicar impulsivamente. Si bien escribe desde los veinte años, no publica su primera novela, No ahora ni aquí (1989), sino hasta cumplir cuarenta. Desde ese momento podemos contar casi sesenta títulos publicados si sumamos obras de ficción y traducciones. En el año 2011 incursiona en el cine como guionista y actor en la película Más allá del cristal, exhibida en el Festival de Venecia. Con esta breve introducción ya habrá quedado claro que la palabra escritor no le basta, quizás escritor polifacético, porque además de novelista es poeta y guionista pero sobre todo un autor inmiscuido en la vida, no solo un observador privilegiado. A los dieciocho años se marcha de Nápoles, pero como él mismo ha aclarado, nunca ha dejado de escribir reivindicando su lugar natal. Viaja a Roma para el 68 y abraza una causa de izquierda llegando a ser uno de los líderes de Lotta Continua, el movimiento que surge a partir de las protestas de obreros y estudiantes de Turín y que pronto funda un diario con el mismo nombre, donde Erri de Luca tiene una destacada participación hasta 1976, año en que el movimiento revolucionario se disuelve. A partir de ese momento abandona el activismo político de manera paulatina, pero no deja de identificarse con ese lugar en el mundo y la historia. Al respecto señaló: «Escribo sobre eso porque eso es lo que soy, esa es mi persona, nadie en Italia habla de esa época, de los años de plomo en un tiempo borrado, arrojado a las prisiones, donde fue a parar buena parte de la generación a la que pertenezco».

La obra de Erri de Luca es esencialmente autobiográfica, por eso es relevante mencionar las actividades que ha realizado durante su vida. Estas permiten comprender su escritura. Quizás la huella más indeleble sea la que le dejó la guerra de Los Balcanes en la década de los noventa. Particularmente descorazonador, por ejemplo, es el siguiente extracto de su obra que se refiere a esos años: «A mi papá lo perdí un amanecer de noviembre. Vivía conmigo y en un amanecer me quedé huérfano. Sopló una última vocal de auxilio que yo no le pude brindar. En el empedrado de las calles de la ciudad de Bosnia las granadas dejaban la cicatriz de una rosa estallada. Desde un amanecer de noviembre su muerte tiene el silbido de una u, de una granada que sigue alcanzando el blanco».

El año pasado también ha mezclado sucesos de su vida con la escritura. Un tribunal de Turín lo acaba de absolver de los cargos de «incitación a delinquir» formuladas a partir de su oposición a la construcción de una vía férrea por los Alpes marítimos que separan Francia de Italia. Erri de Luca se opuso al proyecto del tren de alta velocidad (TAV) porque estimó peligrosa la cantidad de amianto que se produciría con las excavaciones de los túneles y llamó a sabotear el proyecto; más tarde una agrupación de activistas antiglobalización replicó su llamado. Durante el proceso el autor escribió un ensayo titulado La palabra contraria, en el cual defiende su derecho a disentir. Este texto fue publicado en forma de panfleto y su circulación fue masiva. La palabra contraria reivindica sus ideales, explica que el sabotaje es en legítima defensa del aire, el agua y el suelo. Pero también evoca o apela a Pasolini, escritor que parece tener una importancia gravitacional para la obra, aunque esto solo lo puede responder el propio autor de La palabra contraria. Erri, ¿qué recuerdo tiene de Pasolini? ¿Usted se siente en deuda con un escritor como él?

Erri de Luca: Claro, me refiero a Pasolini por una razón. Entonces los intelectuales opinaban acerca de la situación política y ahora no lo hacen. Pasolini fue director del diario Lotta continua a pesar de que él no estaba de acuerdo con la ideología de ese periódico. Lo hacía porque era necesaria su firma para que el diario pudiera circular. Prestó su nombre como lo hicieron muchos otros intelectuales en esa época precisamente para dar difusión a las ideas, aunque no fueran las propias. Yo soy un ciudadano que tomó compromiso con su comunidad frente a la violación de un territorio. Ahí está la razón por la cual Pasolini es aludido en el libro. Pero esta vez no necesita prestar su nombre, lo que aporta ahora es su figura que simboliza al ciudadano que alguna vez tuvo una participación activa.

FR: En este ensayo usted lamenta que no hubo solidaridad en Italia con la acusación que usted enfrentó. Mientras tanto en Francia hubo muchos intelectuales que firmaron y publicaron una carta exigiendo su liberación de los cargos. ¿Cómo explica esta falta de interés en su país?

EL: Sí, contrariamente a Francia, la posición de los intelectuales italianos fue más bien prudente, sin embargo sí tuve el apoyo de lectores. Se organizaron muchos encuentros y recibí de ellos algo más importante que lo que podría haber recibido de los intelectuales: un apoyo genuino.

FR: ¿Sigue usted convencido de que la obra del TAV entre Lyon y Turín no se realizará?

EL: El TAV que se proyecta no es un tren de alta velocidad, pues solo permite ahorrar un máximo de 45 minutos de viaje en ese trayecto. Sería más correcto llamarle tren de moderada velocidad. La ejecución del proyecto sigue en duda. Pronto no habrá dinero para construirlo. Durante veinte años la oposición ha sido férrea; lo sé porque siempre me he involucrado en ella. Esto ha obligado a pensar en un nuevo trazado para el proyecto, recalcular sus costos y los montos han aumentado al punto que pronto no será posible financiarlo. Además el tren que supuestamente unirá la ciudad de Turín con la de Lyon ni siquiera llega a Lyon, sino que lo hace a un punto que queda a treinta kilómetros, al que no llega otro tren esto obligaría a los pasajeros a transferirse a un bus para llegar a la ciudad. Adicionalmente el proyecto causa un daño al intervenir un paisaje y además, obliga a excavar montañas que están llenas de amianto de asbesto, por lo tanto es muy peligroso para la salud.

FR: Usted insiste en su ensayo que su sentimiento de justicia radica en su origen napolitano. En la novela Los peces no cierran los ojos lo describe así: «Para uno nacido en Nápoles el destino está detrás de sus espaldas. El proceder de ahí, haber nacido y crecido en Nápoles, agota el destino. Vaya donde vaya uno lo lleva consigo, como dote, medio lastre, medio salvoconducto». ¿Podría explicar el sentido de esta declaración? ¿Realmente piensa que la vida es un destino ya marcado desde el origen?

EL: La cita no representa necesariamente lo que pienso. Se trata de la opinión de un personaje en la serie de relatos. Nápoles representa una educación sentimental, una idea de justicia que me formé mirando la injusticia que existía allí y que se transparenta en mis obras, particularmente en esa.

FR: Pero en Nápoles están ambientadas casi todas sus novelas, es una referencia constante. Siempre hay mar, playa; el mar es el lugar de la salvación.

EL: Nápoles es evidentemente una ciudad que está fundada sobre el azar, no porque haya jugadores que se dediquen a las apuestas, sino porque tiene en primer lugar un suelo sísmico. El volcán Vesubio está muy cerca y es una pesadilla constante. El mar representa el punto de salvación porque ahí el fuego se detiene. Pero no solo es salvación lo que simboliza el mar. Desde ahí llegaron los griegos a fundarla y justamente de ahí viene su nombre. Al mismo tiempo muchísimas personas en el siglo pasado partieron desde el mar como emigrantes a otras partes, por lo tanto el mar también fue una vía de esperanza.

FR: Usted es esencialmente un escritor autobiográfico. Ha dicho que no hace falta inventar, que la vida da suficiente arsenal para contar historias. En una novela usted escribe: «Las historias de mamá acompañadas por su voz enojada, divertida, grata, de cualquier modo, su juventud hacía que se me pasaran los dolores, me olvidaba incluso de existir. Cuando ella relataba era un saquito que le llenaba con el aliento de sus historias». Tengo la impresión de que usted en sus libros siempre es este saquito de plástico que espera llenarse con las voces de sus padres, de su familia, de su gente, ¿es así?

EL: Con respecto al ser autobiográfico, lo que yo he hecho ha sido escuchar las voces de los demás. A través de la voz humana tenemos el más hermoso de los instrumentos musicales, porque no solamente nos transmite información sino que también sentimientos. Al escuchar esas voces he podido ver, he podido tocar, olfatear de esa manera. A través de la voz humana y su relato he podido generar mis obras. Por eso es que para mí escribir ha sido recorrer una voz, dejar que esa voz me cuente una historia, su vida.

FR: ¿Qué influencia tiene en su obra la lectura de la Biblia? Se lo pregunto porque ha confesado leerla asiduamente mascullando sus versículos como si fueran aceitunas.

EL: Yo separo al escritor del lector. De partida no soy creyente. Es el lector quien masculla la Biblia, y cuando leo no soy el mismo que escribe. Mantengo muy separadas las dos posiciones. Pero en cuanto al mascullar es necesario aclarar que alude principalmente al cuerpo. Yo me guío por la vida física, de ahí obtengo la información. Aprendo de las cosas cuando mi cuerpo entra en contacto con ellas. Solo entonces es que llegan a mi cabeza, como si fuera un terminal, la última parada que hace la información.

FR: Pero la Biblia es fuente para usted de metáforas, de símbolos y también de historias. Es un almacén de imágenes que parece nutrir su escritura. Aunque usted no sea creyente su escritura tiene algo místico, una búsqueda de una absolutización del instante, no es tan solo una crónica.

EL: Simplemente yo no invento, escribo lo que recuerdo. Cuando recuerdo algo que se me había olvidado lo escribo, de esa manera le doy permanencia, de esa manera es posible registrar lo acontecido. En ese sentido soy un redactor, pero parcial y eso lo dejo establecido desde un comienzo, por lo tanto todo lo que recuerdo y transcribo tiene mi visión personal. En el caso de la Biblia también genera recuerdos.

FR: Le pido que explique este pasaje que para mí parece una clave de lectura de sus novelas y se refiere siempre al tema de la justicia, que creo es un tema que recorre y atraviesa toda su obra: «Aprendí una justicia nueva, atenta al caso particular, y que inventa la sentencia a medida. Esa justicia arranca de la misericordia por el ofendido y por eso consigue ser despiadada. La misericordia es implacable y no se deja reprimir, es el principio esencial en la formación de un carácter revolucionario». ¿Por qué la misericordia es implacable?

EL: La misericordia no deja en paz, persevera. La cólera puede pasar, pero la misericordia permanece y justamente por eso es importante.

FR: Entiendo que es mirar al otro a la cara. Es la conciencia de la debilidad de ese otro y también la debilidad mía, pero entonces ¿cómo es que puede llegar a ser implacable?

EL: Es implacable con respecto a las miserias ajenas.

FR: Yo le pediría ahora leer algunos textos que tengo seleccionados. Son en su mayoría poemas. Se lo pido no solo porque se trata de textos breves, sino porque en castellano no se conoce mucho su faceta de poeta. Creo que no se han traducido antes, así que por favor acepte que le regale mi versión de estos textos. Pero antes quizás podría comentar cómo es que llegó a la poesía.

EL: Yo no soy poeta, escribo más o menos por defecto; muchas veces se necesita expresar algo en forma sintética y la mejor manera es un poema que ante todo es un texto breve.

FB: Justamente usted dice que la poesía es combustible para los tiempos de emergencia. Recuerda siempre su experiencia en Sarajevo, donde se organizaban veladas de poesía y mucha gente acudía a esas reuniones donde la poesía tenía una fuerza, una manera de dotar un aliento para resistir esa guerra. ¿Cree que estamos de nuevo en tiempos de emergencia?

EL: No creo que estemos en este momento en un período de emergencia, de hecho Sarajevo fue el asedio más largo del siglo xx. Un amigo poeta quemó toda su biblioteca para poder darse un poco de calor. Los encuentros de poesía con tantas personas fueron un momento de alivio para esta situación realmente desesperada. ¿Pero por qué veladas de poesía? Porque las personas necesitaban palabras que contrapesaran la desgracia, y la poesía estuvo a la altura de esa tarea.

FR: El primer poema que le propongo es «Valor», sacado de su primer poemario Opera sull’acqua e altre poesie (Turín, Einaudi, 2002), que parece un resumen de su pensamiento y que tiene una estructura anafórica parecida a una plegaria laica. De alguna manera es su oración, su alabado sea, su cántico de la criatura.

EL:

Valore

Considero valore ogni forma di vita, la neve, la fragola, la mosca.

Considero valore il regno minerale, l’assemblea delle stelle.

Considero valore il vino finché dura il pasto, un sorriso involontario,

la stanchezza di chi non si è risparmiato, due vecchi che si amano.

Considero valore quello che domani non varrà più niente

e quello che oggi vale ancora poco.

 

Considero valore tutte le ferite.

Considero valore risparmiare acqua, riparare un paio di scarpe,

tacere in tempo, accorrere a un grido, chiedere permesso prima di sedersi,

provare gratitudine senza ricordare di che.

 

Considero valore sapere in una stanza dov’è il nord,

qual è il nome del vento che sta asciugando il bucato.

Considero valore il viaggio del vagabondo, la clausura della monaca,

la pazienza del condannato, qualunque colpa sia.

 

Considero valore l’uso del verbo amare e l’ipotesi che esista un creatore.

Molti di questi valori non ho conosciuto.

 

Valor

Considero valor toda forma de vida, la nieve, la fresa, la mosca.

Considero valor el reino mineral, la asamblea de las estrellas.

Considero valor el vino mientras dure la comida, una sonrisa involuntaria,

el cansancio de quien no ha escatimado esfuerzos, dos viejos que se aman.

Considero valor aquello que mañana ya no valdrá nada

y lo que hoy vale poco aún.

 

Considero valor todas las heridas.

Considero valor ahorrar agua, arreglar un par de zapatos,

callarse a tiempo, acudir a un grito, pedir permiso antes de sentarse,

sentir gratitud sin acordarse de qué.

 

Considero valor saber en una habitación donde está el norte,

cuál es el nombre del viento que está secando la ropa.

Considero valor el viaje del vagabundo, el claustro de la monja,

la paciencia del condenado, sea cual sea su culpa.

 

Considero valor el uso del verbo amar y la hipótesis de que exista un creador.

Muchos de estos valores no los he conocido.

 

FR: El siguiente es un poema que tiene un carácter político, quizás sea un tema que recorre frecuentemente su obra: la cárcel, el prisionero. ¿Puede explicar quién fue ese personaje?

EL: Un jefe partisano de Yugoslavia que después de la guerra fue hecho prisionero. Su nombre es Ante Zemljar. Estuvo cinco años en una isla yerma acusado de ser un simpatizante soviético. Este es el poema que escribí para él (publicado en Solo andata, Milano, Feltrinelli, 2005) y con esta lectura quisiera despedirme. Gracias, Fabio Rosa, por traducir mi poesía al castellano.

Per ante zemljar

Era una finestrella, sbarrata da una tavola di legno

l’unica presa d’aria della cella. L’uomo si abitua all’ombra,

a mezzogiorno, in piedi sulla branda s’allunga alla fessura della luce, meno di un rigo, un verso

breve passa sulle palpebre degli occhi.

 

C’è un nodo nel legno che lui tocca con l’unghia e con il tempo,

con la punta dell’unghia e del tempo,

all’uomo serve un gioco nella cella.

 

Un giorno il nodo cede

pregato dall’unghia amica del tempo

che ricresce ogni giorno, il nodo cede.

Si toglie come un tappo di bottiglia

e nel suo collo passa uno zampillo di luce liscia e dritta

s’allarga a terra, allaga il pavimento. Il prigioniero Ante si mette scalzo e ci si bagna i piedi. È un anno

che non esce di cella, niente cortile, aria, un anno che la porta è uguale al muro, che la porta non porta da nessuna parte un anno, strizza gli occhi,

il sole dentro il buco è un’arancia rotonda nella mano

i piedi si strofinano fra loro

sono due bambini, la prima volta al mare

i piedi di Ante Zemljar comandante di molti partigiani,

congedato col merito della vittoria in guerra, adesso chiuso dagli stessi compagni: nemico della patria.

 

Nemico lui che l’ha agguantata al collo l’ha scrollata di eserciti invasori

fiume per fiume, da Neretva a Drina,

coi calci della fame senza nemmeno portar via una cipolla

a un contadino perché così è la guerra partigiana.

Nemico lui: l’hanno tolto da casa

da Sonia di due anni che sa gridare già: “Lasciate il mio papà, lasciatelo è mio padre”. Adesso sì, voi siete suoi nemici.

 

Ante sa le percosse, sa che un pugno da destra lascia sangue sul muro di sinistra e viceversa

e un pugno dritto in faccia lascia sangue a terra, ma c’è la novità qui le botte riescono a lasciare il sangue sul soffitto.

C’è sempre da imparare circa le vie del sangue e dei colpi ingegnosi dei gendarmi.

 

Ante conserva il nodo, lo rimette nel legno la guardia non saprà,

il sole non è spia,

s’infila svelto e poi non lascia impronte, pure se perquisisce la guardia non può dire: qui c’è stato il sole, sento il suo odore.

Il sole non è un topo,

pure se ne finisce molto in una cella

nessuno si accorge che fuori manca un raggio, che la sua conduttura ha un buco

e perde luce da un nodo di legno.

 

Ancora un po’ di mesi, poi glielo daranno, il sole, tutto in una volta, sulla schiena peggio dei colpi di bastonatura

sopra l’Isola Nuda a spaccar pietre.

Il prigioniero Ante ha conservato il nodo, qualche volta lontano dalla guardia

lo punta contro il sole e si procura un’ombra sopra l’Isola Nuda a spaccar pietre bianche e poi gettarle a mare, all’Adriatico,

perché la pena è pura, senza valore pratico,

e il mare non si riempirà.

 

Para ante zemljar

Era una ventanilla obstruida por una tabla de madera

la única toma de aire de la celda.

El hombre se acostumbra a la sombra, a mediodía de pie en su catre

se estira hacia la hendidura de la luz, menos que un renglón, un verso breve

pasa por encima de los párpados de los ojos.

 

Hay un nudo en la madera que él toca con la uña y con el tiempo,

con la punta de la uña y del tiempo,

el hombre necesita de un juego en la celda.

 

Un día el nudo cede

vencido por la uña amiga del tiempo que vuelve a crecer cada día,

el nudo cede.

Se saca como un corcho de botella

y por su cuello pasa un chorro de luz lisa y derecha,

se ensancha en el suelo, inunda el piso. El prisionero Ante se descalza

y allí se baña los pies. Hace un año

que no sale de la celda, nada de patio, ni de aire, nada,

un año que la puerta es igual que la pared, que la puerta no lleva a ningún lado

un año. Guiña los ojos,

el sol dentro del agujero es una naranja redonda en la mano

los pies se frotan entre ellos

son dos niños por primera vez en la playa

los pies de Ante Zemljar comandante de muchos partisanos,

despedido con el mérito de la victoria en la guerra,

ahora encerrado por sus mismos compañeros: enemigo de la patria.

Un enemigo él que la agarró del cuello, la liberó de ejércitos invasores

río tras río, desde Neretva hasta Drina,

con las patadas del hambre sin sacarle ni una cebolla

a un campesino porque así es la guerra partisana. Un enemigo él: lo sacaron de su casa,

de Sonia de dos años que ya sabe gritar: «Dejen a mi papá, déjenlo, es mi padre». Ahora, de veras, ustedes son sus enemigos.

Ante conoce los golpes, sabe que un puñetazo de la derecha

deja sangre en la pared de izquierda y viceversa y un puñetazo derecho en la cara deja sangre en el piso,

pero aquí la novedad es que los golpes logran dejar

la sangre en el techo.

Siempre hay algo que aprender sobre las rutas de la sangre

y los golpes ingeniosos de los policías.

 

Ante conserva el nudo, vuelve a ponerlo en la madera

el guardia no lo sabrá, el sol no es un espía,

se cuela rápido y además no deja rastros, aunque lo registre, el guardia no podrá decir: aquí estuvo el sol, siento su olor.

El sol no es un ratón,

por mucho que entre en una celda,

nadie se da cuenta de que afuera falta un rayo, de que su cañería tiene un agujero

y pierde luz por un nudo de madera.

 

Unos cuantos meses aún y luego se lo darán el sol, todo de una vez en su espalda,

peor que los golpes de las palizas

en la Isla Desnuda partiendo piedras.

El prisionero Ante ha conservado el nudo, a veces lejos del guardia

lo apunta contra el sol y se procura una sombra en la isla Desnuda partiendo piedras blancas y, luego, echándolas al mar, al Adriático, porque la pena es pura, sin valor práctico,

y el mar no se llenará.

 

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