Los nuevos medios de expresión y la literatura latinoamericana del siglo XXI (Apuntes)

Es muy pronto para saber si las limitaciones de la forma, como en el caso del Twitter que obliga a sus usuarios a la brevería o la greguería de 140 caracteres, han empezado a producir lo que algunos de sus usuarios llaman ya twitt-literatura. Es incluso también temprano para evaluar críticamente lo producido en la blogósfera, porque las entradas de los diareros electrónicos, los bloggers, van del diario íntimo a la citación perpetua de otras páginas, en una autorreferencialidad que muchas veces termina siendo cifrada, como si se escribiera para los compañeros de un taller literario virtual lleno de guiños privados. Es claro, sin embargo, que algunas redes sociales, particularmente Facebook, tienen otro propósito y que la actualización del estado no da para la producción literaria, aunque su interfase con Twitter puede producir gratas sorpresas.

Así, de los doscientos millones de usuarios de Twitter el 89% son adultos mayores de 35 años, y un pequeño porcentaje de estos son escritores y utilizan el medio no para publicitarse o para relacionarse con amigos sino para compartir productos textuales, microrrelatos, poemas, palíndromos, haikus, y algunos de ellos para producir textos colaborativos, especies de cadáveres exquisitos cuyos resultados experimentales son inciertos al inicio de la aventura textual o hipertextual. Ben Okri, por ejemplo, produjo su I sing a new freedom enteramente en Twitter, bajo la idea de que la forma debe seguir a la adversidad y de que estos, los nuestros, son tiempos inciertos. Okri y otros parten de un diagnóstico: la nuestra es una época frenética cuyo signo espiritual no es el angst vital sino la ansiedad del Prozac. La brevedad es la respuesta a tal estado de cosas, el fragmento, la ruina lingüística que quería Benjamin.

Sin embargo, quienes mejor han teorizado sobre la narrativa de los nuevos medios son los estudiosos de los juegos de video. Pienso en Noah Wardip-Fruin y en Pat Harrigan, quienes iniciaron en First Person: New Media as Story, Performance, and Game un ejercicio de conceptualización de las nuevas realidades narrativas que emergieron y se han ido desarrollando con el quiebre del mundo analógico, y muestran a este mundo tecnologizado, digital, en el que un poco todos somos cyborgs.1

Un caso interesante es el de Juan Andrés Muñoz, un editor de noticias de CNN en Atlanta que invitó a producir una historia con un twitt inicial: “Se despertó sobresaltado, sudoroso entre un hojaldre de sábanas. Extendió la mano y a tientas se encontró el frasco con su pastilla.”2 En cuestión de minutos se fue escribiendo una novela colectiva de 214 tweets.

¿Existe un nuevo estado de la cultura, el digital, o nos estamos encontrando con un nuevo medio para los antiguos productos, como si solo cambiase el formato? Como ya apuntaba Roger Chartier, los autores no escriben libros, escriben textos que se convierten en productos con formato de libro3. Esta pregunta no es ociosa. Una cuenta de twitt, por ejemplo, que hasta ahora no ha censurado María Kodama, convierte en aforismo toda la obra de Borges, produciendo lecturas muy distintas, y aunque cada tiempo su autor insiste en que hay que leer al “Borges de papel”, la mayoría de sus lectores se quedan en el twitt mismo e incluso opinan: “Excelente cuenta la de @Borgesjorgeluis, llena de filosofía y lucidez”. Se trata de un nuevo tipo de recepción similar a la generación que escuchó boleros por primera vez de la voz de Luis Miguel y sigue pensando que son suyos o escritos por él y los llama: “los boleros de Luis Miguel”.

El blog, abreviatura para weblog, se cuece aparte y tiene ya su propio pedigree literario, ya que desde finales de los noventa fue objeto de experimentación colectiva e hipertextual, cuando Robert Coover produjo su Hypertext Hotel, en el cual los lectores también escribieron la novela cuyo inicio él depositó en la red4. Y es que el término hipertexto, propuesto por Nelson. 5, implica una escritura no secuencial, aunque ahora se usa más limitadamente.

En el caso de la literatura mexicana ha sido Cristina Rivera Garza quien más ha incursionado en experimentos de literatura conceptual usando las redes sociales y el blog. De hecho su proyecto más ambicioso de este tipo se llamó Blogsívela 6, y en él quiso utilizar ciertas libertades de construcción y forma que le daba el uso de la bitácora electrónica. Su blog, quizá el más frecuentado de entre los iberoamericanos, No hay tal lugar, establece ese utopos textual como su territorio de escritura conceptual. No sustituye –no lo ha hecho hasta ahora ningún autor consagrado– la publicación de libros, o al libro impreso como el producto textual central de su literatura, pero hay que reconocer que Rivera Garza establece su bitácora como un vórtice textual y gestual importante. Cuando escribía colectivamente su Blogsívela estaba a la vez en ciernes su performance Mujeres con bigotes, experimento visual transgenérico, y ambos proyectos se nutrieron mutuamente, como lo han hecho algunos trabajos conceptuales de Mario Bellatin, especialmente cuando en el Instituto de México en París un grupo de escritores interpretó a otro escritor, sin parecerse en lo más mínimo o disfrazarse como él/ella 7. Cristina dice que le “intrigaba en ese momento, así lo quiero creer, la democracia irreverente de la blogósfera: el hecho de escribir a la par y junto con hombres y mujeres para quienes la escritura no era una profesión ni un oficio sino un gusto, un ejercicio, acaso un reto, algo encontrado al azar en el ciberespacio. Me tentaba el anticapitalismo mordaz de la blogescritura”.

Hay una estética en Rivera Garza, lo mismo en sus libros impresos como en su uso de la escritura electrónica, que ella misma ha bautizado de la muerte del yo en una entrada de su blog:

LOS LUTOS DEL YO
Todo escrito personal –el diario, la bitácora, la
autobiografía– no es más que un prolongado luto por
esa versión del yo que, una vez escrita, yace sin vida
dentro del alfabeto.
La confesión que se quiere íntima y viva (viva en
su propia intimidad) deja de serlo en el momento que
toca el lenguaje, el más social de nuestros lugares de
encuentro: de ahí el duelo.
El yo escrito es un réquiem.
Mi blogspot es, en realidad, mi funeral.
                                                    –crg # posted by crg @ 7:47 AM

Y ese funeral del autor es el que ella pondera en sus ejercicios conceptuales. Como ella misma dice en otro momento de ese seminal blog: “Más que ‘objeto’ de lectura o de interpretación, estos productos artísticos contemporáneos pasaron a ser, así, objeto de deseo o de apropiación. Algo similar pasa, o debería pasar, con la escritura histórica en modo etnográfico. Una escritura histórica cabalmente contemporánea. […]

En tanto texto procesual opaco y densificado, el libro histórico en modo etnográfico se convertiría así en un espacio apto para albergar la marca de lo que no se entiende o de lo que cada vez se entiende menos o de lo que se entiende cada vez con mayor incertidumbre. Ese libro es en realidad una pregunta exponencial y, en tanto tal, es el negativo del libro. Se trata del libro que se hace y, al hacerse, hace visible su método de hacerse. Es un libro sin explicación, pero con enigma. Es un libro de enigmas compartidos. Un campo minado”.

¿Se trata de pura pirotecnia verbal-teórica o estamos entrando, con ella de la mano, a un nuevo territorio textual? O mejor, porque creo que es la más interesante pregunta, ¿existe una nueva recepción textual no interpretativa sino apropiativa, colectivamente atributiva, canibalizada en la lectoescritura electrónica 8?

Este, el nuestro, es un periodo híbrido, donde la mayoría de los escritores sancionados prefieren el libro impreso como formato y utilizan los medios electrónicos ancilarmente, pero la nueva generación de escritores latinoamericanos quizá nunca vea su primer libro impreso en papel, sino e-publicado, y esa novedosa y radical realidad textual le imponga a la noción de autor y a la más móvil aún de lector, una nueva materialidad subyacente.

Es cierto que estamos viviendo no en la era de la imagen preconizada por McLuhan sino en la era de la abundancia textual digital, por lo que la escritura está redefiniéndose, adaptándose al nuevo medio, de la misma manera –utilizando la analogía– en que la pintura tuvo que redefinirse en contacto con la fotografía, dejando de lado su función mimética. En estos días los escritores que utilizan como modo de expresión los medios electrónicos están comenzando a formar –la forma es formante, decía Durkheim– un nuevo territorio de copia y apropiación, radicalmente nuevo. No se trata del antiguo collage o pastiche, de la apropiación de una frase o de otra, inherente al ejercicio literario mismo, sino de otro tipo de labor manual, liberados del acto mismo de reescribir. El Pierre Menard electrónico no tendría que reescribir El Quijote, sino hacer dos movimientos de tecla, copy y paste, para apropiarse de la nueva textualidad. Esa liberación de la fuerza de trabajo le permite una libertad sin precedente al escritor digital que, además, se encuentra en un ambiente digital colaborativo, dentro de redes sociales, con todos los que podemos llamar “gestos del re”: rebloguear, retwittear, como formas de lectura-escritura, de filtros y medidas del gusto. La recepción es un algoritmo caro a los sitemas de citación de Google.

Kenneth Goldsmith ha dicho, por eso, que “nunca antes el lenguaje había tenido tanta materialidad –fluidez, plasticidad, maleabilidad– mientras es activamente manejado por el escritor”, porque antes de la era digital las palabras permanecían casi prisioneras en la página, y ahora viajan, incesantes, por la red. Si las palabras ahora ya no son para ser leídas, recibidas, sino para ser compartidas, manipuladas, movidas,9 las realidades textuales son evanescentes, impuras por naturaleza, nada fijas.

Este, el nuestro, es un periodo híbrido, donde la mayoría de los escritores sancionados prefieren el libro impreso como formato y utilizan los medios electrónicos ancilarmente, pero la nueva generación de escritores latinoamericanos quizá nunca vea su primer libro impreso en papel, sino e-publicado, y esa novedosa y radical realidad textual le imponga a la noción de autor y a la más móvil aún de lector, una nueva materialidad subyacente.

Si María Kodama entendiera esto, no se hubiese retirado del mercado el radical ejercicio de apropiación de Agustín Fernández Mallo, El hacedor, Remake, o no se habría demandado al escritor de El Aleph engordado, Pablo Katchadjian, porque la polémica, como ha probado la propia Cristina Rivera Garza10, enraizada  en nociones de originalidad y autenticidad que poco tienen que ver con cuestiones literarias y sí, mucho, con ideas verticales de autor y autoridad, así como con estratagemas de ganancia ya sea monetaria o de prestigio. Bajo los reclamos de plagio, que algunos utilizan como si se tratara de un concepto transparente o tautológico o, peor, a-histórico, se esconde la voraz figura de la propiedad privada y su circuito de poder policíaco. Porque ahora vivimos dentro de una nueva economía del sentido, donde los objetos de la cultura –música, literatura, artes visuales, pero también comida, vino o fútbol– carecen de sentido en sí mismos, carecen de finalidad. La nueva recepción requiere de ese mutante del que habla Alessandro Baricco, ese bárbaro que no consume sentido, sino “secuencias de sentido que producen movimiento”, y es ese movimiento en sí mismo, ese fluir, el único sentido del sinsentido, no fijo, lábil y aleatorio, colectivo. 11

El escritor mexicano Pedro Ángel Palou es autor de El diván del diablo,El dinero del diablo y Pobre patria mía, entre otros libros.

1 Wardrip-Fruin and Pat Harrigan (eds.) Person: New Media as Story, Performance, and Game, Cambridge: MIT Press, 2004 es el primero de tres volúmenes dedicados íntegramente a las nuevas formas narrativas. Los dos siguientes, Second Person and Third Person, son exploraciones particulares en géneros de los nuevos media.

2Citado por Antonio Álvarez en URL: http://www.elsiglodetorreon. com.mx/noticia/711374.html. En este proyecto espontáneo participaron 39 escritores de Ecuador, España, México, Perú y Venezuela.

3Roger Chartier apud Joaquín Ma. Aguirre Romero, “La incidencia de las redes de comunicación en el sistema literario”, Espéculo. Revista de Estudios Literarios, nº 7, noviembre 1997-febrero 1998, URL: http:// www.ucm.es/info/especulo/numero7/sistemal.htm [citado el 7 de mayo de 2006].

4URL: http://www.arras.net/brown_efest_2006/?page_id=16

5George P. Landow, Hypertext 2.0 The Convergence of Contemporary Critical Theory and Technology, The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1997, p. 3.

6Vid. Cristina Rivera Garza, “Blogsívela. Escribir a inicios del siglo XXI desde la blogósfera”, en Palabra de América, pról. Guillermo Cabrera Infante, Seix Barral, Barcelona, 2004, pp. 167-179.

7“La novela, en lugar de no-velar, lo que hace es sí-velar. Por eso, el título: blog-sí-vela. Una de las intenciones era quitarle el halo de perfección con que se presenta”. Cf. Raquel Olvera, “El blog como una herramienta literaria”, Bloglogos, 26 de agosto de 2005, URL: http:// literaturamutantecero.blogspot.com/2005_08_01_literaturamutantecero_archive.html

8Véase la excepcional Against Expression an Anthology of Conceptual Writing, Dworking Craig y Kenneth Goldsmith. Northwestern University Press, Evanston, 2010.

9Sol LeWitt,“Paragraphs on Conceptual Art,”Artforum ( June 1967 ): 79-83,http://www.ddooss.org/articulos/idiomas/Sol_Lewitt.htm.Como afirma nuevamente Goldsmith: “In the 1990s, with the emergence of the Internet, as chronicled earlier, uncreative writing developed as an appropriate response for its time, combining historical permissions with powerful technology to imagine new ways of writing. What we’re dealing with here is a basic change in the operating system of how we write at the root level. the results might not look different, and they might not feel different, but the underlying ethos and modes of writing have been permanently changed”.

10Rivera Garza se refiere a Kenneth Goldsmith, “…cuyo bagaje teórico y didáctico queda brillantemente establecido en su reciente Uncreative Writing. Managing Language in the Digital Era. Este autor, que ha copiado literalmente un número entero del New York Times (en su libro Day), o que ha transcrito también de manera literal los mensajes de tránsito que se captan por la onda corta (en su libro Traffic), y que regularmente da clases sobre los beneficios literarios del plagio en la Universidad de Pennsylvania, fue invitado, por cierto, a la Casa Blanca junto con otros poetas connotados no hace tanto. [Para el lector interesado: en el TL de @roman-lujan encontrarán un buen número de pdf de libros fundamentales en esta tradición, y los pueden bajar gratis].”

11Alessandro Baricco: Los bárbaros, ensayo sobre la mutación, Anagrama, Barcelona, 2008.

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