Los cien mil libros de Bellatin

Dos vacas en el mar

Presentación de Vicente Undurraga

Mario Bellatin hablará sobre “Los cien mil libros de Bellatin”, cien títulos suyos impresos semiartesanalmente cada uno mil veces. Yo apenas he tenido el placer de leer unos quince, los que he podido encontrar de su desperdigada bibliografía: a partir de esos libros y de algunas informaciones adicionales, anoté nueve cuestiones indicativas –pienso– de por qué y cómo es el suyo un trabajo en especial perturbador dentro de la ya usualmente perturbadora narrativa latinoamericana actual. Es una obra, la de Bellatin, que sale bien parada si es medida con el rasero de Emile Cioran: “Solo hay que escribir y sobre todo publicar cosas que hagan daño, es decir, que recordemos. Un libro debe hurgar en las llagas, suscitarlas incluso”.

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Partiré suscribiendo una entusiasta apuesta de Francisco Garamona, director de la editorial argentina Mansalva, que le ha publicado dos libros a Bellatin: “Pensar en Mario”, dice, “pensar en su literatura, es intuir algo del arte del futuro”. Podrá parecer mera futurología, pero es convincente: a pesar de que lo descolorido predomina en sus libros, la suya es una escritura luminosa, y en ese sentido más del futuro, pues propicia o alumbra nuevas posibilidades de escrituras, y no necesariamente epigonales como puede suceder con Bolaño; inimitable, la de Bellatin es una escritura que abre más posibilidades de las que cierra; y es del futuro también en el sentido de que podría tener más lectores una vez que vayan cundiendo estas escrituras, y por lo tanto estas formas de lectura, que pienso pueden arrancar de su obra.

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Hay lugares en propiedad bellatinianos –un moridero social, un cautiverio de secta, un bodegón atestado de perros, un intrincado monasterio budista, una ciudad costera semiabandonada y sin embargo sitiada, una oscura mezquita móvil, un jardín japonés, un escenario de actos sádicos, el interior o, incluso, la esencia de una hoja de violeta–. Un mundo de estos, contado con un lenguaje muy metafórico, florido, mágico o raro, sería ineficaz (no ineficiente: ineficaz). Bellatin ha usado mayormente un lenguaje llano, en ningún caso raro, un lenguaje transparente, aunque no se trata nunca de esa pobreza o vagoneo que a veces se hace pasar por claridad. Es un lenguaje frío, cortante, directo. Así por ejemplo empieza “Mi piel luminosa”: “Durante el tiempo que viví junto a mi madre nunca se me ocurrió que acomodar mis genitales en su presencia pudiera tener una repercusión mayor. Estaba equivocado”. Todo está puesto al servicio del montaje, de los planos, de esa impersonalidad con que arma relatos Bellatin. Para decirlo de otro modo: si fuera neobarroco podría perfectamente ocurrir que sus tramas se terminaran por caer a pedazos. Afortunadamente, siempre asiste la impresión de estar leyendo restos de una historia: bien ensamblados cortes de un relato más o menos escalofriante o enigmático que ha sido previamente macheteado.

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No se sabe ni se sabrá nunca con seguridad si Bellatin es un autor autobiográfico o no, o hasta qué punto lo es y hasta qué punto es un fingidor. No se sabe tampoco si esto es algo importante de dilucidar. Él ha respondido a preguntas en esa línea con respuestas como esta que dio a El Universal de México el 2007: “Mario Bellatin está en cada una y en ninguna (de mis obras) al mismo tiempo, es el mecanismo mágico e incomprensible del afuera, de ser y no ser, involucrarme y al tiempo tener una gran distancia”.

¿Quién cuenta, quién narra, quién habla en los textos de Bellatin entonces? “¿Qué importa quién habla”, escribió Beckett en sus Textos para nada, y tal vez convendría aquí aplicar (una vez más) esa feliz máxima. En todo caso, de autobiográficos los textos de Bellatin más bien aparentan tener mucho, y si bien con frecuencia da indicios para pensar que él y su vida son la materia de sus libros, una lectura atenta indica que a su propia biografía más bien la despedaza, la exagera, la deforma: finalmente la mutila. No le interesa el autor al autor. O más bien le interesa pero para borrarlo o para desintegrarlo (como hace con la protagonista de El pasante de notario Murasaki Shikibu, publicado en Chile por Editorial Cuneta). Hay una escena, en Damas chinas, que no siendo ni de lejos la más brutal ni novedosa de Bellatin me quedó grabada: una mujer junto a su marido viaja en barco y al segundo día un tripulante grita que se han caído al mar dos vacas de la bodega: “Estaban, más o menos, a diez metros del barco. Nadaban moviendo las patas delanteras rápidamente. Algunos pasajeros propusieron que el barco se detuviera para rescatarlas. Nadie les hizo caso. Aquel espectáculo duró cerca de quince minutos. Pasado ese tiempo, las vacas no eran sino dos puntos en la lejanía”. Algo así hace Bellatin en sus libros con su biografía y con su identidad; inicialmente las sube, pero a mitad de cami no las bota, convirtiéndolas, también, en dos puntos en la lejanía, no importantes. Lo que queda después, siguiendo con la metáfora, es una obra como un barco que no sabemos bien dónde se dirige ni de dónde viene –ni siquiera en la relectura– ni quién lo comanda pero sí que se mueve, que no se vara ni se hunde sino que se mueve, propicia lecturas cruzadas, especulativas, inseguras.

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¿Y quién es Mario Bellatin? Más o menos lo sabrán: un escritor nacido en México en 1960 y criado en Perú y que estudió teología y cine (oficios que no ejerce, aunque está influido por sus técnicas) y es autor de intervenciones creativas y cursos que son la continuación “real”, lógica incluso, de su literatura fuera de los libros. Por ejemplo, fue hace unos años a la feria literaria de Paraty en Brasil con un dildo de aluminio en lugar de su garfio, provocando incomodidad y censura nada menos que en el país en cuyo pasado carnaval se repartieron 84 millones de condones. Y es el organizador de ese macabramente cómico y teóricamente relevante Congreso de Escritores Mexicanos en París, que contó con la presencia de los dobles de Margo Glantz, Sergio Pitol, José Agustín y Salvador Elizondo. Se trató de dobles del sexo opuesto, eso sí previamente instruidos por los mismos autores originales según lo dispuesto por Bellatin, quien evidenció así que la persona de carne y hueso tras la obra le importa e influye en sus lecturas hasta a los más severos narratólogos, los que inicialmente se habrían ofuscado un tanto al verse implicados en la acción paródica que en su propio lugar (la academia francesa) Bellatin les preparó. Además, Bellatin es profesor de una Escuela Dinámica de Escritores en México y ha oficiado de editor, de tutor de niños ciegos y de coordinador de antologías, operando como una versión latinoamericana del Maestro Ignorante del siglo XIX Joseph Jacotot, cuya historia recogió Rancière: “Un maestro ignorante no es un ignorante que decide hacerse maestro. Es un maestro que enseña sin transmitir ningún conocimiento”.

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El narrador de Bellatin es ambiguo en su perspectiva y relación con los hechos y dilata los límites entre lo raro y lo fantástico, lo sagrado y lo banal, lo extraordinario y lo común, a tal punto que son los elementos infiltrados del mundo real los que producen extrañamiento en la lectura: descoloca la sola mención de los Beatles, de latas de Coca Cola o de Marilyn Monroe, pero no la de una empresa que ofrece a sus clientes el servicio de oír voces del pasado, incluidas las de sus propias infancias. Un efecto parecido producen los cuentos de Silvina Ocampo, por tirar una línea posible. Otro sello de Bellatin es que, a pesar de sus formas breves, y en parte debido a lo circular y circulante de sus contenidos, obliga con frecuencia a retroceder en la lectura para hacer memoria y conectar hechos, sujetos, formas. U obliga a parar simplemente para rumiar lo narrado, por ejemplo el caso de un enfermero condenado a prisión perpetua por haberle inyectado SIDA a su pequeño hijo no deseado.

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Salón de belleza ha sido falsamente señalada como la obra más tradicional de Bellatin, siendo que, por lo pronto, es una de las que a más interpretaciones se ha prestado: desde que se trata de un sidario hasta que es una crítica de la belleza, hace dos años fue leída como un reducto de contagiados con gripe porcina. Yo lo leo como un cuento moral, como un canto muy sutil y al mismo tiempo demoledoramente convincente a favor de la eutanasia: “No sé de dónde nos han enseñado que socorrer al desvalido equivale a apartarlo de las garras de la muerte a cualquier precio”.

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Una obra permanentemente interconectada da la sensación de continuidad, de totalidad, de tejido en curso: una suerte de telaraña, mirada en su conjunto, describe la obra de Bellatin: “Quería que los textos se fueran entremezclando hasta convertirse todos en un mismo libro. Tal vez este ejercicio haga un poco extraña mi obra”, dice en Lo raro es ser un escritor raro, cuarta parte de Pájaro Transparente.

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Una poeta alcohólica llamada Alma, los asiduos a un bar sadomasoquista, un destructivo energúmeno de barro, un equipo de voleibolistas a cada uno de cuyos integrantes les ha sido arrancado un dedo, un ginecólogo asiduo a prostíbulos cuya vida no tiene ni para él ni para el lector ningún sentido, una banda de Matacabros que golpea travestis en la noche, un hombre inmóvil y balbuceante que entrena a 30 pastores belgas, un involuntariamente rabelesiano escritor japonés que extrae de su nariz puntos negros colosales y repugnantes, un filósofo que de noche es travesti callejero, mellizos abandonados y luego adoptados por la mencionada poeta alcohólica, un sujeto que se excita con la ancianidad, fetos deformes, un rabino que absuelve dudas por teléfono, un escritor sin pierna: tales son algunos de los personajes que aparecen y reaparecen perturbando siempre en los libros de Bellatin.

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Termino con una cita de Poeta Ciego, esa parodia escalofriante y nauseabunda de las sociedades secretas esotéricas –novela donde hasta las comas parecen mal orientadas–, una cita de resonancias coyunturales en Chile: “Con respecto al Celibato Obligatorio, después de enfrentar las teorías del Poeta Ciego con las del místico Rudolf Steiner llegaron a la conclusión de que los menores de edad no tenían por qué obedecer ese mandato. Incluso iban aún más lejos, pues si un adulto cometía el acto carnal con un menor no iba en contra de su voto de castidad. Por esa razón se habían instalado algunos kioscos en los patios de la sede, donde era permitido el trato sexual con los pupilos”.

Los cien mil libros de Bellatin

Mario Bellatin

Mario Bellatin es un autor que desea disponer siempre de sus libros
no solo de sus textos, quiere
por ese motivo
que en una sección de su estudio existan
en todo momento
miles de ejemplares físicos, cien mil para ser exactos
de los libros escritos durante la mayor parte de su
existencia.
A partir de ahora contará sus años de vida en libros y no
en años como es la costumbre
cumplirá libros, por decirlo de alguna manera.
Redactará cien títulos,
con un tiraje inicial de mil libros cada uno.
Los libros se pondrán a la venta
solo si existe alguien interesado en poseerlos
son libros que se ofrecen, que no se comercializan
están solo a disposición
en una suerte de estado gel del intercambio.
Este estado gel de intercambio puede ser variado
tanto por Mario Bellatin
como por el posible lector
como por las circunstancias
lo único definido en el estado gel del intercambio
es la frase que cada libro llevará en la página segunda: este libro no es gratuito.
Mario Bellatin decidió hacerse cargo de estos libros
cuando cumplió cincuenta años
y las paredes de su casa cumplieron
cien.
Le pareció una edad adecuada como para atreverse a derrumbar las paredes con el fin de que
los libros puedan ser acomodados.
Fue a partir de entonces que se construyeron una serie
de dispensers de madera
adecuados para albergar
quinientos libros cada uno.
Unos dispensers con medidas externas colocadas
para contabilizar los libros de una sola impresión
visual.
Mario Bellatin socavó una parte de su casa con el
fin de usarla como depósito de los libros que
no cupieran dentro
de los quinientos exhibidos.
La dotación
de una nueva carga de libros
se hará de quinientos en quinientos.
La edición de los
libros
será una mezcla de trabajo industrial y artesanal
los ejemplares saldrán de la imprenta
con las portadas vacías
tendrán todos la misma caja de diseño
igual tipo y tamaño de letra
y los puntos y aparte serán reemplazados por el símbolo
de unas pequeñas tijeras.
En circunstancias normales la extensión estará alrededor
de los sesenta mil caracteres
que es la medida que impone el impresor para no utilizar
más de un folio de papel.
La parte artesanal consiste en
el título colocado con una pequeña imprentilla.
Una estampa pegada con el nombre de Los Cien Mil Libros de Bellatin
la huella digital del autor
el foliado pertinente en cada ejemplar.
La supuesta empresa editorial que avala
estos libros es inexistente
no hay cargas más que las impuestas por el
propio trabajo.
En cada uno de los ejemplares habrá únicamente
dos advertencias:
la ya señalada
Este libro no es gratuito, y
Los derechos de este libro pertenecen al autor.
Los Cien Mil Libros de Bellatin se trata también de una empresa que carece de la tradicional carga editorial.
De una empresa fantasma
vacía e ilegal
no carga con la imposición de los requisitos propios de la industria.
¿De qué tratarán los libros? puede más de uno
preguntarse.

Los cien temas a trabajar pueden ser los siguientes:
1- Monjas sentadas en un asilo esperando que concluya la extremaunción.

2- Aquella mañana se levantó temprano. No miró el reloj despertador. Al cabo de media hora estaba ya arreglada para salir. Escogió un pantalón negro y una camisa a cuadros azul. Demoró un cuarto de hora en la cocina. Cortó un tomate, sacó un pedazo de queso y lo comió todo junto en un plato donde vertió aceite y sal. Miró la luz que entraba por la ventana. Estaba de vacaciones. Decidió dar una vuelta alrededor de la fuente del parque cercano.

3- ¿Le gusta este jardín que es suyo? No deje que sus hijos lo destruyan.

4- Cada vez que corta un pedazo de carne lo hace pensando en las horas que le faltan para volver a su casa. Se le aparece en esos momentos la imagen de su mujer amamantando a su hijo.

5- El niño deseaba una bicicleta para su cumpleaños. Lo expresó en voz alta. Cuando aquel día llegó sus padres le obsequiaron una de manubrios altos.

6- Para tomar el examen de matemáticas la maestra debió preparar las preguntas el día anterior. Lo hizo antes de acostarse. En una esquina de su habitación fue revisando el libro de texto mientras apuntaba los temas sobre los que versaría la prueba. Al día siguiente el salón de clases estuvo lleno de alumnos. La maestra ordenó que cada quien sacara dos hojas de papel, pusiera su nombre en la parte superior derecha y de inmediato hizo un pequeño dictado. Una hora después recogió las pruebas.

7- Sentencia: el dolor es solo un instante y su persistencia su representación.

8- Para escribir la carta que le solicitan dice que necesita una pluma fuente de una marca determinada. Afirma que con una pluma semejante describió más de una vez pasajes agradables de su vida. Lamentablemente ya no se encuentra en el mercado una pluma con esas características. Dice que lo más parecido a lo que busca lo puede hallar en un lápiz, aunque sabe que es de muy mala educación utilizar un instrumento semejante para la naturaleza de la carta solicitada.

9- Cada vez que van al teatro, dos amigos de la infancia suelen quejarse después de la función. Se trate de la obra que sea siempre le encuentran un defecto, que por mínimo que parezca hace que todo el trabajo escénico se tome por perdido. Acostumbran entrar siempre muy contentos a los recintos y salir con una actitud de odio del uno hacia el otro.

10- Roberto escuchó a su madre que le pedía levantarse de la cama. Todavía estaba oscuro. Roberto se había hecho la promesa secreta de no levantarse nunca mientras no hubiera luz. En cierta oportunidad, la insistencia de la madre porque Roberto se levantara de noche fue más fuerte que el juramento realizado por su hijo el año anterior.

11- Lo que pareció ser un ataque de convulsiones le sobrevino mientras caminaba por la avenida central. Cuando advirtió que le era imposible hacer coincidir el sujeto con el predicado de los pensamientos que iba teniendo, supo que el ataque estaba por comenzar. En una vitrina se exhibían pequeñas motos de diferentes colores. Se trataba de tonos brillantes. Se quedó mirando fijamente una moto de color rojo.

12- Noches de otoño. Efectos del asma o resabios de las medicinas para atenuarla.

13- Los animales –mis perros incluidos– caen en estados extraños durante el sueño. Algunos quedan estáticos y con los ojos abiertos.

14- Los perros que acostumbran dormir en mi habitación son cinco. Debo mantener una rutina estricta para mantenerlos. De lo contrario parecería un afectado por el Síndrome de Noé.

15- Mario Bellatin le imprimía demasiada fuerza a sus palabras. Eso fue lo que pareció irlo desgastando hasta llevarlo finalmente a la muerte.

16- El hombre de la cama –en otras palabras, el narrador– se preocupaba por el estado de salud de Mario Bellatin, aunque él mismo sufriera de un asma persistente que trataba de aplacar con pastillas que le quitaban el sueño por completo. Pasó durante algunos años por una serie de médicos y de pruebas químicas. Casi ninguna dio algún resultado. Ni a favor ni en contra.

17- Explicar la importancia del perro sin pata trasera en la existencia de Mario Bellatin.

18- Puesta en escena de la obra La Escuela del Dolor Humano de Sechuán por parte de un director de teatro taiwanés.

19- Para Ludmila la idea del placer parece consistir en que llegue la hora de irse a acostar. Nada le causa tanta ilusión como apagar las luces de la casa, dejar solamente prendida la lámpara de la mesa de noche y entrar en la cama después de haberse cambiado y lavado los dientes. Antes de quedar dormida enciende el televisor con un control que mantiene escondido entre las sábanas. No acostumbra mirar la pantalla. Le basta con oír el sonido constante.

20- Donación de una cámara Hewlett Packard a cien artistas de todo el mundo.

21- La razón por la que nunca podrá conocer su verdadera edad: alguien aparecido de la nada es imposible de ser interpretado por el otro de manera normal.

22- ¿Por qué caminaba para sosegarse con paso seguro hasta los bazares situados en la esquina de su casa?

23- Los escombros dejados por un terremoto.

24- Trajes de arlequín y binoculares que la persona dueña de la habitación utilizaba durante sus funciones.

25- El respirador artificial que el actor que rentaba la habitación necesitaba de vez en cuando.

26- Par de chillidos que lanzó el hombre de la piel de látex.

27- Algo en los rasgos de ese hombre le recordó al primer perro que tuvo en la infancia.

28- Búsqueda de perros disecados por parte del hombre inmóvil, es decir por parte del hombre aquejado de parálisis general.

29- Ver quiénes eran los dobles de los escritores que se presentaron en una galería de arte en París.

30- El crítico de teatro y las dos profesoras de la universidad disertaron durante largas horas sobre una obra de teatro que nunca se llevó a cabo.

31- La iglesia donde se llevó a cabo la disertación se trataba de un templo sin bendecir del siglo XVI.

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32- El iluminador que supuestamente trabajó en la obra inexistente cuenta los detalles de las mediciones que tuvo que realizar durante el día del estreno.

33- Las teorías rusas de teatro, a las que recurrieron una y otra vez las maestras universitarias, no estaban hechas para ser aplicadas a un perro montado sobre un altar. Ninguna idea teatral puede tener más fuerza que la de un animal iluminado.

34- Nuevamente el respirador artificial del actor que inoculó el mal en el escritor.

35- El ser de la piel de látex con el que mantuvo relaciones. Nunca se sabrá, ni en la realidad ni en la ficción, nada acerca de su origen.

36- La historia de Pinocho contada en alguna lengua eslava es lo que acompañará a las imágenes.

37- El personaje desde ahora se llamará ¿Mi Yo?, y será reemplazado después por una letra árabe que no signifique realmente nada.

38- Un libro solo sobre el tiempo anterior a que la enfermedad se presentara.

39- Era curioso que a pesar de los síntomas de claustrofobia que mostraba, buscara siempre lugares asestados para comenzar cualquier narración.

40- El placer de tomar el transporte subterráneo con la secreta idea de que no va a poder salir nuevamente a la superficie.

41- La escuela de escritores lo liberaba de la culpa que le causaba el acto de escribir.

42- Las visitas a las ruinas de un edificio cercano. Devastado por el terremoto que asoló a la ciudad muchos años atrás.

43- Los masajes que le daba el ciego que atendía en un local situado dentro del transporte subterráneo.

44- Se acostaba desnudo para ver por las ranuras de la cortina los cientos de personas que circulaban por el pasillo central de una de las estaciones del transporte subterráneo de una de las ciudades más atestadas del mundo.

45- La experiencia que tuvo cuando fue a escribir a una cabaña solitaria.

46- La máquina Olivetti comprada en un país comunista.

47- El abandono del cachorro doberman llamado Jesús.

48- Una de sus costumbres preferidas en esos tiempos era imaginar que siempre se encontraba situado en un lugar distante del cual se hallase presente.

49- El primer perro que tuvo le mostró por vez inicial el estado de vigilia canino al que estaría tan atento durante el resto de su vida. Murió atropellado cuando ¿Mi Yo? lo llamó para jugar desde la acera de enfrente.

50- Las líneas de expresión que aparecían en el rostro de un retrato que le tomó a su abuela.

51- Una cámara de fotos que se lanzó al mercado el año de 1965.

52- Se trata del Libro Fantasma que ¿Mi Yo? lleva siempre consigo.

53- Escribir un relato detrás de otro utilizando cada vez el imaginario de un niño de diez años.

54- Cierta persona que lo impresionó por su forma de hacer las cosas, le habló durante largas horas acerca de su idea de hacer un libro sobre Pinocho donde las palabras no tuviesen la menor importancia.

55- El ser con la piel de látex que apareció en la ventana lleva prendida en el ala izquierda una lista con nombres pegada con un alfiler.

56- Padecía de focos irritativos a ambos lados del cerebro. Como se encontraban en regiones superficiales se alteraba ante el menor estímulo.

57- La particular sensación de inmortalidad que debió soportar hasta el día de su muerte.

58- Alguien pasea a sus perros metidos en un carrito de supermercado. A uno de ellos le falta la pata trasera.

59- En ningún momento ¿Mi Yo? advirtió la reacción que mostré al verme sentado a mí mismo al borde de la cama.

60- Trabajo de transcripción: ejercicio que separa muchas veces la escritura de su función original: la de transmitir ideas.

61- Lo que aparecía en escena contenía una luminosidad de la que carecen las cosas de todos los días.

62- Mostraba, a los lados de la cabeza, largos y tersos mechones de pelo.

63- Ha sido muchas veces testigo de conductas de sus perros que le son difíciles de explicar.

64- Acostumbraba tomar las líneas del transporte subterráneo cuando se encuentra en un momento difícil. Va de una estación a otra sin ninguna intención precisa más que la de cambiar de convoy.

65- Vivía en una casa tachonada con sus propios libros.

66- Muy cerca encontramos a decenas de individuos viviendo en las ruinas de los edificios destruidos por el terremoto.

67- Ingresar al espacio de la Escuela de Escritores era como entrar en un cuarto desconocido.

68- Solía acordarse de la vez en que deseó irse a vivir a una cabaña apartada.

69- El escritor que inventa con la palabra un Moridero, acaba recluido en uno semejante.

70- El actor cría cuervos para realizar números callejeros.

71- La destrucción de un cine por parte de un grupo de niños. Un suceso que acontece mientras se proyecta la película Kamikaze Taxi.

72- Uno de los niños del cine se convirtió con el tiempo en uno de los mayores expertos en cría de canarios.

73- La historia del niño y los canarios puede parecer ilógica, pero cabe a la perfección en lo extraño del discurso.

74- La muerte de un canario puede ser producida por un infarto al prender de pronto la luz.

75- Al personaje lo va a visitar de vez en cuando un filósofo travesti, quien al mismo tiempo que le habla de Kant le cuenta sus andanzas de la noche anterior.

76- ¿Mi Yo? lee La casa de las bellas durmientes.

77- ¿De dónde fueron sacados los guantes de hule con los que se sacó al pez muerto?

78- El gabinete del analista, que tanto el escritor como yo visitamos infinidad de veces.

79- El gabinete del analista está situado en un lugar intermedio entre la realidad y la ficción.

80- Camino con mis perros por la gran ciudad.

81- Coloco las fotos ampliadas sobre mi mesa de trabajo con la esperanza de que surja una escritura a partir del orden que impone lo visual.

82- Publiqué un libro en City Lights.

83- La presencia de la muchacha que me realiza las ampliaciones fotográficas.

84- Comencé a experimentar con el ejercicio antes que con la fotografía misma.

85- Fotos Espectro = Imágenes que nunca vieron la luz.

86- Los rollos sin revelar se fueron acumulando en grandes bolsas de plástico.

87- La acción de sumergir postales de pinturas clásicas en los charcos que creaba el agua de mar cuando quedaba atrapada entre las rocas.

88- Nació en un viejo hospital de la Ciudad de México.

89- Le dio un ataque de epilepsia mientras regresaba en taxi de una cena en compañía del escritor Sergio Pitol. Antes de que ocurriera el suceso, el escritor Pitol le contaba los detalles de la visita que había realizado esa misma mañana al cuarto de hospital de Carlos Monsiváis.

90- Descripción detallada e infinita del Informe del Hospital.

91- El siguiente ataque ocurrió durante un vuelo a la ciudad de Miami.

92- Solo Dios sabe = Murasaki Shikibu.

93- El manual inventado para tomar fotos con la cámara Diana, da por finalizado el ejercicio fotográfico que se inició en el año de 1968 y terminó cuando aparecieron las cámaras digitales.

94- Escena en el comedor de la residencia para maestros invitados de la Universidad de Princeton, en el que el joven escritor Iván Thays encuentra a un maestro desayunando junto a su esposa y a un hijo tarado que no para de exigir sexo.

95- El Doctor James había comprobado que los animales durante el encierro tienden a volverse menos animales. No estaba seguro, eso sí, de qué rutas podían tomar sus nuevas conductas.

96- A mi hijo soy capaz de esconderlo en el momento en que me plazca.

97- Perros dejados a disecar que nunca fueron recogidos por sus amos.

98- En realidad no había mucha diferencia entre su frente y su perfil. Los estragos propios de la muerte le otorgaban una sutileza que lo hacía casi inexistente. Era más un halo que una persona.

99- La presencia en su vida de la abuela fotografiada es uno de los recuerdos agradables que guarda de sí mismo.
100- No lo pude creer, pero Mario Bellatin comenzó a contarme su libro Salón de belleza.

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