Los bárbaros

En Italia y en Europa existe la costumbre de percibir una cierta decadencia del mundo, una cierta pérdida del sentido de las experiencias humanas, tanto en la literatura, en la política, como también en la forma en que se come, en la forma en que se hace deportes, en la manera de relacionarse en términos amorosos que tiene la gente. Yo no sé si esto ocurre en Sudamérica o en Chile especialmente, pero en Europa esta costumbre se hace cada vez más fuerte y, sobre todo, por parte de las personas teóricamente más inteligentes y más cultas, la intelligentzia, la intelectualidad. Y, por lo tanto, me ha sucedido que, en muchas ocasiones durante los últimos años, me preguntaran mi opinión acerca de la decadencia de la literatura italiana, acerca de la decadencia del fútbol italiano, de la decadencia de la comida italiana, de la decadencia de las mujeres italianas. Los que me preguntaban, la mayoría de las veces, eran las personas que yo aprecio más, las que están más cerca de mí. Personas que piensan de manera similar y que han tenido una formación similar. Sin embargo, había algo que no cuadraba, y por muchos años rechacé firmar estas propuestas, decir mi opinión. Por ejemplo, un problema: “Los jóvenes ya no están leyendo”. No sé si en Chile esto ocurre, pero los jóvenes en Europa ya no están leyendo. Esa es la frase. Entonces, me pedían que fuera a la televisión y dijera que “los jóvenes ya no están leyendo”, que esto era un drama, etcétera. Pero yo no creía que esto fuera un drama. No sabía por qué, no lograba explicármelo. Pero si quería ser honesto conmigo mismo, como decía Mondrian Kilroy, había algo que no me encajaba. Seguramente habría sido políticamente correcto que yo estuviera en la televisión diciendo que esto era un drama, pero no fui por años. Finalmente recogí lo que me parecía que yo entendía al respecto y lo publiqué en capítulos, como un folletín, en un diario de Italia. Ese es el origen de mi ensayo Los bárbaros. No es que pueda contarles todo el libro hoy día, pero sí quiero ocuparme de algunos aspectos.

La impresión es que el mundo está empeorando en sus experiencias más importantes, los libros, la cultura, y también en aquellas más cotidianas, como el comer. Para que nos entendamos, piensen en la comida rápida. Antes uno comía en la mesa, conversando, se requería de muchas horas de preparación y, al final, recibíamos un sabor exquisito, que venía de una tradición lejana, antigua. Pero ahora nuestros hijos comen comida rápida, una hamburguesa horrenda, y además se la comen en diez minutos mientras están mirando un video. En el libro reconstruyo este tipo de decadencia, pero en diferentes mundos, en especial en el mundo del vino. En Europa, por ejemplo, el mundo del vino se ha vuelto algo globalizado, estandarizado. Los gustos son siempre más o menos iguales. Antes en cambio había una tradición del vino, pero ahora cualquiera puede producirlo. También está el mundo del fútbol, porque igualmente se dice que el fútbol ahora es solamente un negocio. En el mundo de los libros la decadencia está representada por los grandes meganegocios, los bookstores, cuatro pisos de negocios donde parece que estás en un supermercado y puedes comprar una lamparita para el baño, un libro, un disco, todo da lo mismo. O los escritores en la televisión. Venden quienes van a la televisión. Si eres feo no vendes. En las páginas de los periódicos ya no existe más la crítica, por lo menos en Italia, en cambio hay clasificados, entrevistas, chismografía. Obviamente, decadencia. La literatura no es lo que era. No está Calvino. No está Moravia. Ahora hay escritores cualesquiera.

Hay una expresión que ocupamos a menudo: “llegaron los bárbaros”. Algo ocurrió que llegaron los bárbaros y están destruyendo de manera sistemática todas nuestras mejores experiencias. Entonces, ustedes echan un vistazo a la comida rápida y ven a estos jóvenes con su jockey norteamericano, con un pedazo de fierro en la oreja, con una polera que les llega a los pies, unos zapatos horribles, comiendo un Big Mac Cheese Deluxe Burger, con todo, mirando un monitor donde hay un video musical en que dos tipos están violando a una niñita. Bárbaros. El compañero del colegio de mi hijo: la barbarie. Vas a estos grandes bookstores, y ves que las personas compran un montón de libros: uno es de new age, Cómo superar los límites de sí mismo; uno de gastronomía, Cómo cocinar la hamburguesa; el tercer libro es sobre el Papa, porque siempre hay un libro sobre el Papa; uno mío, pero en una edición barata de bolsillo; un manual dificilísimo sobre software; y probablemente dos biografías, una de la Madre Teresa de Calcuta y la otra de Paris Hilton. Bárbaros. Hay miedo de que los bárbaros estén destruyendo el mundo. Pero, ¿quiénes son estos bárbaros?

Naturalmente, esto ha llevado a que la gente que está en contra ponga una barrera. Por ejemplo, frente al fast food inventamos el slow food. Ahora en Italia un almuerzo debe durar por lo menos dos horas, si es que eres inteligente. Si no, eres un bárbaro. El queso es un queso que hacen solamente en un lugar de la Toscana hace cuatrocientos años y tú a lo mejor tienes ganas de un queso normal. ¡No! Se come hablando de este tipo de comida. Luego viene el vino y ahí es toda una ceremonia, en tanto el bárbaro está comiendo el Big McBurger… Y los libros, naturalmente: los críticos al respecto son categóricos y es automático, si el bárbaro está comprando un libro quiere decir que es un libro asqueroso, es una regla matemática.

Me puse a estudiar estos fenómenos que representan la barbarie, me puse a estudiar el vino, la comida rápida, los libros best sellers, el fútbol, la política que se hace en televisión y ya no en las plazas. Me puse a estudiar realmente en profundidad estos fenómenos que aparentemente eran bárbaros y pude encontrar algunas constantes.

Imagínense una barbarie como lo es la comida rápida. Hay algunos rasgos que ustedes encuentran ahí y que también están en el fenómeno bárbaro de los libros, de la política, etcétera. Lo que yo traté de hacer fue sintetizarlos y de manera muy rápida se los voy a enumerar. A menudo se pone el acento en los negocios. Un mundo que vivía tranquilo de improviso está inundado por el dinero y esto lo cambia, lo desconcierta. También a menudo hay una referencia a la cultura de los Estados Unidos. Encontramos de repente que nuestro modelo es el modelo cultural norteamericano. Además hay una espectacularidad de este gesto muy magnificada, en apariencia hay un rigor bajo pero una espectacularidad mucho mayor. Muchas veces ese mundo aparenta ser más superficial, más rápido. Tengan siempre como referencia la comida rápida: un gusto espectacular, le das una mordida y el ketchup sale por todos lados. Comes rápidamente, la impresión es superficial, no es un gusto profundo. Los norteamericanos lo han inventado y ganan mucho dinero. Otra característica es que son mundos que hasta un determinado momento habían sido mundos pequeños y donde, imprevistamente, un gran número de personas ha llegado, una muchedumbre. Comer en un restaurant y no en la casa cuando yo era pequeño era algo que se hacía realmente de forma ocasional. En cambio, ahora, es algo que se hace seguido. Había familias que nunca iban a un restaurant, por una cuestión de pobreza, pero ahora todo el mundo va a comer comida rápida. Hay un nuevo mundo de personas que de improviso tienen acceso a una nueva experiencia que es la del comer en un restaurant.

Vean estos diferentes rasgos. Lo que ocurre es que, sobre todo los inteligentes del mundo, reconocen sólo aspectos parciales. Por ejemplo, dicen que el mundo de los libros va a ser destruido por la llegada de los negocios, por el triunfo de los negocios. Ven solamente eso: el negocio. No hablan de la profundidad, de la velocidad, del modelo norteamericano. Sólo dicen “el mundo del libro se transformó en un negocio”. Y esto evidencia un mundo decadente, empobrecido, conquistado por los bárbaros. Pero si ustedes le preguntan a ese intelectual por la gran librería de cuatro pisos, el mismo inteligente intelectual dice yo voy, es muy linda, encuentro un montón de libros. Y cuando vas a su casa y ves cómo trabaja, descubres que usa tecnología moderna.

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La producción masiva de vino de calidad la permitió el aire acondicionado, porque antes de eso era imposible, y por eso solamente los franceses y los italianos producían ese vino de calidad. Si ustedes controlan la fermentación, también pueden producir vinos en lugares donde hace mucho calor o mucho frío. Sin aire acondicionado no se puede producir vino en todas partes del mundo. Entonces muchas veces en el trasfondo hay una invención de este tipo, como la red, como Internet. Pero no existe solamente la referencia a los norteamericanos, no sólo existe un avance tecnológico, una disponibilidad para realizar negocios, una extraña propensión por la velocidad, una misteriosa propensión por la superficialidad, un gusto muy fuerte por la espectacularidad. Todos estos elementos trabajan de manera simultánea, siempre juntos. Si estudian el vino encontrarán todo esto. Si estudian los libros encontrarán todo esto. Si estudian la política encontrarán todo esto. Así, llegué a la conclusión de que no se trataba, por así decirlo, de una degeneración causada por la enfermedad de una parte del cuerpo.

Se decía, por ejemplo: súbitamente se le enfermaron los brazos al libro. Pero no se había enfermado el animal, no se había enfermado nuestro modo de comer, no se había enfermado nuestro modo de leer; no era que el animal se hubiera enfermado, era que el animal, para sobrevivir, para no enfermarse, estaba cambiando: brazos más largos, cuello más largo, respira con las branquias en vez de que con los pulmones, pero lo hace para sobrevivir, no porque esté enfermo. Piensen ustedes en el primer pez que quiso salir del agua y transformarse. Seguramente en su familia era el loco, el más estúpido, pero en cambio era el primero, era aquel que había entendido que se podrían salvar solamente si salían del agua. Lo que los dinosaurios no hicieron. No tuvieron a ese loco y no se salvaron. Porque siempre hay alguien que antes que nadie intuye cuál es la vía de la salvación y empieza a salir de su casa caminando incluso sobre las manos. Y la gente dice que está enfermo o que está degradado, que es la degradación de la civilización, que va caminando en cuatro patas y no en dos y que es un bárbaro, porque está sucio, porque no es bonito, es un bárbaro. En cambio, es una mutación. No es un mundo civilizado invadido por los bárbaros. Es el mundo civilizado que está enfrentando una mutación, pero es para sobrevivir, porque quiere vivir, porque tiene esperanza, porque tiene coraje, porque tiene la fuerza, porque tiene un sueño, porque no quiere morirse. Y entonces, con el instinto del animal se modifica.

¿Qué es lo tenemos que entender entonces? ¿Qué tipo de mutación está ocurriendo? ¿Por qué estos nuevos animales se comportan de esta manera? ¿Por qué mi hijo no lee libros? ¿Porque se convirtió en un tonto? No, es un animal que está mutando. Y ¿cuál es su camino? ¿Dónde encuentra él lo que nosotros encontrábamos en los libros? ¿Dónde encuentra el sentido de las cosas? Este es el meollo del asunto, lo que nosotros tenemos que aprender y todo el resto es el narcisismo de los intelectuales. Es lo que dice Mondrian Kilroy: las ideas se usan para combatir. Imagínense que llega aquí un viejo intelectual, con una bella barba blanca y les dice, por millonésima vez, que los jóvenes están abandonando la literatura, que no conocen a Kafka, que para ellos Proust es un piloto de Fórmula Uno. Denuncia el descaro del mundo, lee una poesía de Neruda y vuelve a su casa donde es amado como un sacerdote. Pero lo que en realidad deberíamos hacer hoy en día es entender de qué se trata esta mutación, por qué ocurre, por qué lo están haciendo, qué es lo que ellos ven y nosotros somos incapaces de ver. Es un momento histórico que nosotros conocemos. Evidentemente, todos los hijos protestan contra los padres y nosotros nos lamentamos de los hijos y decimos que son bárbaros. Esto ha ocurrido siempre, pero hay momentos históricos en los que el cambio es mucho mayor que este problema, este enfrentamiento entre padre e hijo. Hay algunos hijos que son los que cambian el mundo, que son los que están en la vanguardia de la mutación. El Romanticismo fue una mutación completa de la manera de pensar y los primeros románticos, ante los intelectuales de la época, aparecían como unos bárbaros. Y antes del Romanticismo, en el Iluminismo ocurrió lo mismo, grandes mutaciones colectivas: primero, una pequeña elite y luego todo el mundo que los seguía y todo el mundo se convertía en iluminista o en romántico. En esos momentos de modificación está la máxima tensión entre la vieja civilización y la nueva, y nosotros estamos viviendo justamente uno de esos momentos.

Les quiero leer cinco líneas que para mí son simbólicas de estos momentos históricos. En 1824 Beethoven presentó frente al público la Novena sinfonía. Monumento. Después de un par de años logró presentarla también en Inglaterra y hoy nosotros podemos leer las reseñas de los críticos ingleses de la Novena sinfonía. Uno de los críticos ingleses más respetados de una revista de mucho prestigio escuchó la Novena sinfonía y dijo lo siguiente: “Elegancia, pureza y medida, que eran los principios de nuestro arte, gradualmente se rindieron a este nuevo estilo frívolo y con afectación, que estos tiempos de talento superficial han adoptado. Cerebros que por educación y costumbre no logran pensar en algo que vaya más allá de la ropa, la moda, el chisme, la lectura de novelas y la disipación moral. Y les cuesta tratar de encontrar los placeres más refinados, menos febriles, como la ciencia y el arte. Beethoven escribe para esos cerebros [para los de la comida rápida, entendámonos], y para ellos tiene un cierto éxito, si tengo que dar crédito a ciertos elogios que en todas partes se escuchan por su último trabajo”. Miren que este señor tenía mucha razón para los ojos de un cultor de música de 1824. Lo que hacía Beethoven era barbarie. Si ustedes escuchan un madrigal de Monteverdi y luego escuchan el final de la quinta de Beethoven realmente no hay dudas. Realmente Beethoven es cheeseburger. No hay duda, se entiende quién es el vulgar, quién es el popular: hay un abismo de civilización que los separa. Y el otro aspecto importante de esta situación es que cuando este señor reconstruye el mundo de los bárbaros de ese entonces, pone en la misma fila la disipación de la moral, el chisme y la lectura de novelas, que a principios del siglo XIX eran como para nosotros los juegos de video e internet. Los médicos prohibían la lectura de novelas porque generaba los mismos efectos que los videojuegos hoy en día: quitan el apetito, quitan el sueño, disminuyen la libido, y esto era muy importante entonces, porque las mujeres eran las que leían novelas, que les generaban depresiones, por ejemplo, cuando cerraban Madame Bovary. Las mismas cosas que para nosotros son bárbaras para ellos también lo eran.

Esto es para demostrarles que nos encontramos en una misma situación y, además, nosotros decimos y pensamos lo mismo que decía este señor inglés, que por cierto era muy inteligente. Y por eso tenemos que tener mucho cuidado, porque el error que se cometió una vez no debería repetirse. Esta impresión de decadencia, ¿cuántas veces ha ocurrido y cada vez era equivocada? Mozart o Beethoven simplificaron la tradición de la música antigua a un lenguaje casi elemental, para niños, pero, al mismo tiempo, sin ellos la música se hubiera quedado en un rito para entretener a algunos ricos aburridos. Piensen que después de siglos y siglos de cuadros de vírgenes, santos, crucifijos, en un determinado momento alguien empezó a pintar escenas de la vida cotidiana. Uno que lee una carta, una que está cocinando, imagínense qué decadencia, qué caída, qué sensación de barbarie, pero ¿cómo de la virgen a una mujer de pueblo? ¿Cómo? Y si nos hubiéramos quedado pintando vírgenes, qué horror, qué falta de civilización. Piensen, por ejemplo, en la civilización de los caballos, de las carrozas, piensen en su belleza y en toda la cultura que está detrás de los caballos y las carrozas. Imagínense el primer auto, que echaba mal olor, aceite, y que se pensó que podría sustituir a los caballos. Imagínense esta degradación. El caballo era genial, un medio de transporte al que llamas silbando y él llega, sus evacuaciones fertilizan el campo, en vez de empeorar la atmósfera ayuda a la tierra, reposa solo y cuando envejece produce por sí mismo a quien lo va a sustituir. Y ahora piensen en el automóvil. ¿Por qué? Y más encima la ausencia de poesía. No obstante, había que dejar atrás la civilización de los caballos, y con agrado lo hemos hecho. Hemos sobrevivido siempre. Y ¿por qué hoy en día tenemos miedo? ¿Por qué tenemos miedo hoy en día después de haber abandonado los madrigales, las vírgenes, los caballos? ¿Tenemos miedo de abandonar las novelas y de ver a nuestro hijo que está en Internet en vez de con un libro entre las manos? ¿Por qué? Entonces tratamos de no tener tanto miedo, o de tener el menos posible.

Los médicos prohibían la lectura de novelas porque generaba los mismos efectos que los videojuegos hoy en día: quitan el apetito, quitan el sueño, disminuyen la libido, y esto era muy importante entonces, porque las mujeres eran las que leían novelas, que les generaban depresiones, por ejemplo, cuando cerraban Madame Bovary.

Uno de los principales movimientos del bárbaro es el de renunciar a la profundidad. Nosotros, desde hace muchísimo tiempo transmitimos esta idea de que para conocer algo tenemos que entrar en su profundidad, y que, para llegar a esta profundidad, hay que usar tiempo, paciencia y esfuerzo. Entonces, si yo estudio a Homero, tengo que tener mucha paciencia, mucha concentración, entro en su profundidad y después de mucho tiempo y mucho esfuerzo, finalmente logro llegar a su corazón, comprender el sentido verdadero, la raíz de Homero. Yo creo que casi todos nosotros hemos crecido teniendo en la cabeza esta idea y, al respecto, el bárbaro piensa completamente diferente. Es difícil entenderlo, pero, para el bárbaro, llegar al meollo de las cosas no coincide con la profundidad, no coincide con la paciencia y tampoco coincide con el esfuerzo. ¿Es un cretino? ¿Es el retrato de un idiota? No. Por el contrario: es el animal que se va a salvar. Porque el animal que ama la paciencia, la profundidad, el esfuerzo, va a morir. ¿Cómo podemos llegar a entenderlo? Estudié y descubrí algo muy importante que existe hace poco tiempo y que de manera integral es una creación de los bárbaros. Fue imaginada y realizada por ese imbécil del que hablábamos antes. Y quiero decirles cómo se hizo esto, porque es un modelo que les va a ayudar a entender cómo funciona la cabeza de estos bárbaros. Su nombre es Google. ¿Y saben por qué se llama Google? Por un error de sus creadores al escribirlo. Uno le dice al otro su nombre matemático, pero el otro lo escribe mal y aparece Google, tal como nosotros lo conocemos. El nombre nace de un error porque tenían apuro. Y ahora existe incluso el verbo googlear, te he googleado, etcétera. El 95% de los seres humanos que encienden un computador entran a Google. Y esto es algo que tiene que ver con todos, es un fenómeno a nivel planetario, bárbaros, no bárbaros, abuelos, hijos. Google. Los humanos entran a la red para hacer fundamentalmente dos cosas. Una es intercambiar correos o mensajes, y la segunda entrar a Google. Imagínense a los que inventaron esto. ¿Quién lo inventó? ¿Cómo funciona? ¿Cómo está hecho?

1994. Ayer. Hace poquísimo tiempo. Algo que inventaron completamente los bárbaros. Google es un motor de búsqueda, y esto significa que dentro de este interminable océano de material que está en la red, Google les ayuda a buscar a encontrar lo que ustedes están buscando. “Baricco”. Y él me dice dónde puedo leer algo sobre Baricco. Paris Hilton, y lo mismo. Una estadística muy linda dice que el 60% de la gente que entra a Google, en todo el planeta, que somos prácticamente todos, la primera palabra que da para que busque es de tipo pornográfico, imagínense qué alegres somos, y después de eso podemos buscar a Proust.

Cuando nació la red nadie creía en los motores de búsqueda. No creían que podían ser importantes, pensaban que las cosas iban a funcionar de una manera diferente y que nosotros íbamos a entrar con nuestra computadora en la red, íbamos a ir a una especie de tutor que se llama portal, al cual le preguntaríamos: estoy interesado en Paris Hilton, ¿qué puedo hacer? Y ese tutor nos los iba a decir. Esta era más o menos la idea. Algunos habían pensado, en cambio, en esta alternativa de crear motores de búsqueda en que ponías la palabra y ellos te guiaban, pero casi nadie creía en eso. Pero, ¿por qué no creían en eso? Porque no eran bárbaros. Tenían una cabeza todavía antigua, y antiguamente, ¿qué era lo que ocurría si nosotros queríamos saber algo sobre Paris Hilton? Íbamos donde un especialista en Paris Hilton, un maestro, alguien que sabía mucho sobre Paris Hilton y le preguntábamos: ¿Dónde puedo ver una foto de las tetas de Paris Hilton? Él lo sabía y te lo decía. Y después le preguntábamos: ¿Dónde puedo ver la mejor foto de las tetas de Paris Hilton? Él estudió por años a Paris Hilton y con mucha certeza, te dice sí, en ese lugar. Este es un modo a la antigua de razonar y al inicio se razonó así. Y efectivamente no funcionó, la gente no iba, nosotros, todos, no íbamos. Y sobre todo los jóvenes, los bárbaros, los que crecieron en la red no iban hasta ese lugar donde estaba la mejor foto de Paris Hilton. Los primeros motores de búsqueda eran muy complejos, no funcionaban bien, en realidad eran bastante desastrosos, por ejemplo uno que se llamaba Altavista.

Dos estudiantes norteamericanos geniales trabajaban con los motores de búsqueda y todos los días se enojaban muchísimo porque no encontraban nada de lo que buscaban. Un día usaron un motor de búsqueda que ni siquiera se encontraba a sí mismo y eso fue el colmo, se enojaron y pensaron que tenían que inventar algo que funcionara. Tenían alrededor de 18 años y comían con regularidad comida rápida. Brin y Page. Ellos ahora están en el lugar catorce de la clasificación de los más ricos del mundo y son los más jóvenes. Estudiaron este problema, fueron donde su profesor en la universidad y le dijeron queremos hacer un motor de búsqueda que funcione. Y su profesor los miró con extrañeza. Porque, ¿cuál es el problema? Aun cuando uno encuentre un sistema bueno para buscar, antes se tiene que descargar todo lo que existe en la red, en sus computadores tiene que aparecer todo lo que está en la red y después se puede inventar una especie de radar que vaya a buscar a Paris Hilton. Y entonces el profesor les dijo: cuando ustedes hayan descargado todo entonces nos volveremos a ver las caras. Y ellos en un garaje al lado de su casa, con computadores que ellos habían ensamblado, descargaron toda la red. Como idea es loquísima, pero si lo hacían en ese momento, en aquel momento, el 92, eran sólo 300 millones de páginas, no era para tanto. Enciendes una computadora, enciendes dos, enciendes trescientas, que compraste con 10 dólares. Al final, descargaron todo. Volvieron donde su profesor y se pusieron a estudiar cómo hacer un motor de búsqueda que funcionara bien. ¿Cuál era el problema del motor de búsqueda? Este motor tiene que estar en condiciones de encontrar cada vez que Paris Hilton está en la red. Esto se puede hacer, es una operación bastante rápida, pero luego hay una serie de, no sé, 120 mil páginas donde está Paris Hilton, y es lo mismo que no tener nada. ¿Por qué vas a ir a ver una página después de la otra? El verdadero motor de búsqueda te las pone en orden, desde la mejor hasta la peor. ¿Cómo se hace esto? Miren que es un problema epistemológico. ¿Cómo decido el mejor lugar donde puedo ir a ver a Paris Hilton? Se está jugando el criterio del meollo de las cosas. ¿Dónde está el sentido? De 120 mil páginas, ¿cuál es la página que tiene el verdadero sentido? Antiguamente, los motores de búsqueda, como Altavista, usaron dos criterios que hoy en día nos parecen ridículos, pero que en aquel momento parecían muy inteligentes. El primero definitivamente forma parte de la antigua civilización. Pusieron gente que estudiara todas las páginas sobre Paris Hilton, seres humanos que decidieran cuáles eran las mejores. Esto tuvo una duración brevísima, no podía funcionar. El segundo método que usaron, en cambio, fue que en la medida que apareciera más veces la palabra Paris Hilton en esa página mejor iba a ser ese sitio. Aquí hay una cierta lógica. ¿Podemos asegurar que llegaba al mejor lugar? No. De hecho los que hacían páginas empezaron simplemente a escribir 2000 veces la palabra Paris Hilton en la página. De este modo automáticamente ibas primero a ese sitio. Pero la cabeza de los bárbaros no funcionaba así. Cuando ellos se pusieron a estudiar el problema eran los años en que por primera vez aparecía en la red un objeto que antes no existía: lo que hoy en día llamamos link. Hay un nombre, dos palabras o tres que se reconocen por otro color y tú haces clic encima de la palabra y terminas en otro sitio. Baricco publica en Italia, Italia en azul, haces clic y entras. Y, ¿dónde entras? En un sitio que te habla sobre Italia. Ésta, junto con Google, es la más grande invención de los últimos veinte años. Imagínense la red sin los links. No tiene sentido. No hubiera cambiado el mundo de la red sin los links. Lo había inventado un norteamericano que estos dos jóvenes admiraban mucho. Vieron aparecer estos links las primeras veces y no sabían qué cosa era. Después lo entendieron y supieron que era la solución del problema. Eran los dos de familias de científicos y estaban acostumbrados a las revistas especializadas científicas, donde había referencias de una investigación a otra. Si ustedes hacen una investigación sobre el sol, existirá una cierta cantidad de científicos del mundo que citan esa investigación en sus trabajos, y mientras más citas hay de ese trabajo en el mundo, más vale. Si todos usan los resultados de tu investigación, quiere decir que tu investigación es buena. Esto es muy normal en la comunidad científica. Los dos jóvenes pensaron aplicar este principio a la red usando los links. Establecieron este principio, que al escucharlo por primera vez hasta da miedo, pero es genial. El mejor sitio sobre Paris Hilton es el más reenviado por los sitios interesados en Paris Hilton. Pero después lo que esté escrito, no importa. Dicho de esta manera, parece verdaderamente un principio bárbaro. Suena como el pan más bueno y aquel que es más comido. Pero no es así. Tienen que entender bien el principio. Diez sitios reenvían al mío sobre el tema “Baricco”. Trescientos sitios reenvían a otro sitio sobre el tema “Baricco”. Este último es, entonces, un sitio mejor que el mío. Esa es la regla.

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El sistema había que afinarlo, porque si el sitio web que me mandaba a mí sobre el tema “Baricco”, era un sitio literario, tenía un cierto valor, pero si era un sitio pornográfico, no debería ser igual. Si mi investigación científica está citada por Einstein, está bien, pero si en cambio lo cita mi primo para hacerme un favor es bien distinto. Entonces, ¿cómo evaluar este tipo de situaciones? Page y Brin, que eran integralmente bárbaros, respondieron a esta pregunta de una forma absolutamente bárbara. Vale más, es más autorizado, da más puntaje el sitio que al mismo tiempo es el sitio que manda a un mayor número de sitios. Mi primo tiene un link sobre mí, pero ¿cuántos tienen el link de mi primo?, tres: su hermana y dos amigos del grupo de las bochas. El sitio de la universidad reenvía a mi sitio con un link, pero ¿cuántos hay en la red que mandan a la universidad? ¿100 mil? Encuentren un algoritmo que ponga junta toda esta historia de los links, si ustedes son genios matemáticos y están en condiciones de entender cómo, buscando a “Baricco”, encuentran en primer lugar este sitio web y no otro. Desde que ellos inventaron este sistema nosotros disponemos de un real motor de búsqueda. Google te da los sitios clasificados desde los más importantes a los menos importantes. El 98% de los consumidores de Google no va más allá de la tercera página, pues confía en Google. Los primeros diez, los segundos diez y en los terceros diez sitios ya no se confía tanto. De manera que nosotros tenemos confianza en Google y ¿cuál es el principio? ¿Alguien fue a controlar si ese sitio estaba bien hecho? No. ¿Y la calidad de ese sitio? Tampoco. El único principio que gobierna todo esto es el movimiento que pasa a través de este sitio, el movimiento. Paradojalmente, para que nos entendamos bien, si el tercer secreto de Fátima, por decir, estuviera en la red, pero en un único sitio escrito en sánscrito, en vista de que casi nadie está en condiciones de leer en sánscrito, si ustedes ponen misterios de Fátima en Google, no aparecerá ese sitio, porque no hay movimiento. Google, en primer lugar, los llevará a un sitio web de alguien que sabía sánscrito y que leyó el tercer misterio de Fátima. Naturalmente, en la transmisión este tercer misterio de Fátima a lo mejor no es tan exacto, está un poco cambiado, pero hay movimiento. Ahí llega todo el mundo o pasa, y entonces Google lo pone en primer lugar. La calidad está representada por la capacidad de contener al movimiento, donde el mundo pasa está el sentido. Esta no es una teoría, no es un ensayo, esto es un instrumento que prácticamente todo el planeta decidió usar, como el lavamanos. Lo primero que haces es usar este instrumento. Entonces no es una teoría con la que puedes estar o no de acuerdo. Ustedes viven esta teoría. Nuestra mente se adapta a esto. Ustedes aceptan un mundo en que si yo quiero saber de Alessandro Baricco, porque hoy voy a ir a su conferencia, en menos de dos segundos Google te lleva al mejor lugar para decirles quién soy. Seguramente uno de ustedes lo hizo. ¿Pero en quién estaban confiando? ¿Por qué? ¿Quién les hace creer que en los primeros sitios estaba la verdad sobre mí? Dos chicos, que crecieron al amparo de la comida rápida y los videojuegos. Y ustedes, sin resistencia, lo han aceptado. Este es el símbolo más claro de la manera de razonar de los bárbaros. Movimiento. Velocidad. La profundidad es inútil. ¿Para qué hay que ir a verificar si ese sitio es mejor? No tiene sentido. Si hay un montón de gente que va, tiene que haber alguna razón, y más encima es rápido. ¿Es mejor ocupar una hora en controlar aquello que se ha escrito sobre mí en ese sitio o es mejor emplear siete minutos? ¿Qué es lo más fuerte? ¿Dónde está el sentido? ¿El sentido está en el escritorio del académico que hace 25 años estudia la sintaxis de Flaubert y que sabe todo sobre la sintaxis de Flaubert? ¿O está en el estudioso, en el académico, que a través de su computadora viaja a una velocidad enorme y que seguramente va a escribir un libro, pero con una cabeza que funciona de una manera diferente? ¿Cuál es el animal que se va a salvar de estos dos? ¿Ése que estudió, que conoce en realidad a Flaubert, o ese otro? Imagínense a Marilyn Monroe. ¿Qué saben ustedes de ella? Pocos saben su verdadero nombre, ¿cómo se llamaba? Norma. Algunos lo saben, ese es su verdadero nombre. Todo lo que sabemos de ella, ¿qué es? El conjunto de lo que se ha dicho de ella, el movimiento, todas las mentiras que también se dijeron de ella, las falsas Marilyn Monroe que ella fue. Pero la verdad de Marilyn, ¿alguno la conoce? No sabemos ni siquiera por qué murió, no sabemos qué leyó, o qué experimentó en la cama, si era inteligente o no. ¿Es importante saberlo? ¿No es mucho mejor saber qué representó en el imaginario colectivo Marilyn Monroe? Al final, si un desastre planetario está por llegar y en los diez segundos que quedan tu hijo te pregunta, ¿quién era Marilyn Monroe? ¿Tú qué le vas a decir, que se llamaba Norma…? No. Le dices que era la mujer que hizo soñar a todos los hombres desde los años cincuenta hasta el día de hoy. Pum. Fin del mundo. Y tú le dijiste lo que era importante, al menos para él. Y es ese el animal que se salva.

En la red ustedes encuentran lo que es importante. Google los ayuda a buscar y encontrar lo que va a salvar a su hijo ¿Es superficial? Puede ser. Pero el sentido, ¿dónde está? ¿Y si él leyera mejor un ensayo sobre Thomas Mann? Si el meollo del asunto es que mi hijo quiere saber de qué se trata la nostalgia. El meollo del asunto será que tiene que volver a la casa y saberlo. No puedo decirle que primero tiene que estudiar veinte años, tiene que leer la saudade, leer todos los libros brasileros y toda la literatura centroeuropea, para que, después de veinte años, recién sepa qué es la nostalgia. Porque va a morirse antes de saber qué es la nostalgia. Por eso es que él no abre los libros. Porque él quiere salvarse de una manera diferente y en un mundo diferente. Quiere salvarse de una manera diferente y usando instrumentos diferentes.

Para resumir, quisiera que ustedes trataran de entender todas las experiencias humanas que hoy parecen degradadas y acechadas por la invasión de los bárbaros. Quisiera que ustedes intentaran de ahora en delante mirarlas, reconocer este movimiento. Son experiencias que estamos tratando de abrir, de modo de hacer entrar el mundo dentro de ellas. Son experiencias que queremos conectar como las estaciones de un tren. Queremos hacer pasar dentro de ellas el sentido del mundo. Y si para hacer entrar el sentido del mundo tenemos que empobrecerlas, hacerlas más frágiles, menos profundas, hagámoslo. No tengamos miedo de hacerlo, hagámoslo. Porque para nosotros es importante sentir el aire que está pasando, para mí, para ustedes. Imagínense para un muchacho joven. ¿Por qué come rápido? ¿Porque es tonto? ¿Por qué come mientras mira la televisión, entretanto tiene el Ipod con la música, y está hojeando otra cosa? Es casi una neurosis, de acuerdo. Pero es porque él piensa que el sentido del mundo está ahí. No gastaría nunca una hora haciendo un asado por más exquisito y refinado que éste sea, a él no le sirve. Su modo de buscar el sentido es éste, hazme comer rápidamente y que me permita estar haciendo otras cosas, por favor. Si no, no le encuentra el sentido al mundo. Imagínense los links. Piensen en Google. Piensen en un libro, cerrado, inicio, final, empiezas a leerlos, te sales, fin. Imagínense este tipo de experiencia física: entro, lo leo entero, palabra por palabra y cuando termino, salgo y sigo haciendo otra cosa. Fíjense en este gesto, y luego fíjense en el que está navegando en la red con Google. Y elijan. Vean ustedes y elijan. Y sobre todo es nuestro hijo quien va a elegir, y ¿qué va a elegir? Para muchas generaciones los humanos no tuvieron la posibilidad de hacer esto. Había sólo libros. Claro que se leían muchos, pero existía sólo esto. Piensen en Google, en los links, piensen que aquellos que lo inventaron son los que están en el puesto número 14 de la clasificación de los más ricos del mundo. Traten de acordarse de que ustedes no pagan cuando acceden a Google. Acuérdense de que en Google no hay publicidad, no hay una marca, nadie hace publicidad. Hay sólo tres colores, es todo muy simple. Es como la rueda: una invención que construye un mundo. Y este es nuestro mundo. Bárbaros. Y ahora recuerden esa velocidad. ¿Por qué esto es mejor que lo otro? Porque es una plaza donde pasan millones de personas. Y quizás hay más cretinos, pero pasan millones de personas. ¿Dónde me puedo tomar un helado? Allá lo hacen mejor, pero está en una montaña, no llega nadie y vale carísimo. Anda mejor allí que mientras te tomas un helado te encuentras con gente, escuchas música, hablas, no tienes miedo. Acuérdense de Google como un modelo mental y cada vez que tengan la percepción de que algo se está degradando, traten de imaginarse que simplemente lo están abriendo, para que el mundo pueda entrar, para que el sentido pueda entrar en él y es a esto a lo que no deben temerle nunca.

El escritor italiano Alessandro Baricco es autor de Seda (1996), Homero, Ilíada (2007) y Los bárbaros, Ensayo sobre la mutación (2008), entre otros libros. Es fundador de la Escuela de escritura Holden y editor de Fandango. Ha incursionado, además, en el teatro, el cine y la música.

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