Junot versus Yúnior

La obra de Junot Díaz (1968) es tan breve como exitosa. En dieciséis años ha publicado apenas un puñado de volúmenes: la colección de cuentos Drown en 1996 (que apareció en castellano por Mondadori como Los boys), la novela The Brief Wondrous Life of Oscar Wao en 2007 (La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Círculo de Lectores y Debolsillo) y los cuentos del reciente This Is How You Lose Her (Riverhead, 2012), más una edición española de tres cuentos suyos que habían aparecido en The New Yorker: Nilda. El sol, la luna, las estrellas. Otravida, otravez (Alfabia, 2009).

Los cuatro volúmenes se cruzan en la figura de Yúnior, el alter ego con que el escritor comparte rasgos biográficos fácilmente verificables: creció en República Dominicana lejos de su padre, emigró con el resto de la familia a Nueva Jersey cuando era todavía un niño, y terminó escribiendo y enseñando literatura en Massachusetts. Resulta tentador suponer que escribir sobre las huellas de la propia historia podría ser un proceso más rápido que publicar 776 páginas en dieciséis años, tranco muy inferior a los estándares de la industria para autores de éxito. Pero su pausa editorial puede explicarse en parte por la naturaleza del proyecto narrativo emprendido: al volver una y otra vez sobre los mismos personajes, cada nueva pieza del rompecabezas tiene que encajar con todas las que le antecedieron. Desde otro ángulo, se trata de un proyecto emparentado con ese género que tanto obsesiona a Díaz y a Yúnior, el cómic: en sus relatos fragmentados, tal como las viñetas hacen en las historietas, Díaz abre y cierra pequeñas ventanas a un mundo que bien podría ser infinito.

Los nueve cuentos que componen This Is How You Lose Her van desde el padre de Yúnior aventurándose en Estados Unidos mientras su familia sigue en República Dominicana («Otravida, Otravez»), al desembarco del clan De las Casas en un departamento de Nueva Jersey situado demasiado cerca de un relleno sanitario («Invierno»), a cómo un Yúnior convertido en profesor universitario ha llegado a las elites intelectuales del noreste estadounidense pero arruina su vida luego de engañar a su novia («The Cheater’s Guide to Love»). Es una historia contada en retazos que recorre dos vías paralelas: el tránsito del inmigrante pobre a una visión inédita del Sueño Americano, y cómo Yúnior enfrenta las exigencias de la masculinidad que le imponen simultáneamente la cultura dominicana y la estadounidense, pasando de ser un niño inocente a un «sucio» como su padre y su hermano.

Conversar o escribirse con Díaz es una experiencia parecida a la que recoge su narrativa: pasamos del inglés al español de un respiro a otro, del Caribe a Harvard Square, del lenguaje de la calle al aula universitaria. A pesar de que su literatura suele asociarse a conceptos como la «diáspora dominicana» y que se le encasille en ciertas ideas sobre la literatura étnica, quizás el mayor mérito de la narrativa de Díaz sea que, partiendo de vivencias y sonidos que para una inmensa mayoría habrían sido marginales e irrelevantes, ha escrito historias que van camino de convertirse en parte del canon estadounidense.

Se trata de una victoria mayor dentro de la guerra cultural que se libra en Estados Unidos, una que quienes conforman el amplio abanico del mundo latino y caribeño sienten como propia. Y también un triunfo que, aunque el autor se esfuerce en disimularlo, lo ha convertido en un héroe literario y cultural, alguien capaz de abarrotar sus presentaciones con lectores de todos los colores.

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¿Por qué has decidido escribir esta suerte de novela por entregas sobre Yúnior en vez de escribir derechamente una novela?

Eso es una estrategia, una decisión que tomas como escritor. Lo que a mí me interesaba mucho es que hay una forma híbrida, que no es la del libro o de una antología de cuentos, donde cada cuento es un mundo nuevo, donde en cada cuento conoces personajes nuevos, donde hay una trama que no tiene el mismo tema del cuento anterior. Hay como este híbrido entre una antología de cuentos y una novela…, ¿cómo lo digo?, «típica»; hay este tercer espacio, y a mí ese tercer espacio me interesaba mucho.

Porque este libro tiene esas dos caras, que aunque está hecho de todos estos cuentos se puede leer como una novela, ¿verdad? Cada cuento es como un capítulo. Y tú te quedas en el mundo de estos personajes. Son la misma gente, el mismo mundo, las mismas preocupaciones. Yo creo que se puede ganar algo trabajando de esta otra forma.

En mi caso, creo que esta otra forma me permite extender la discontinuidad, las rupturas, los silencios. Y el tipo de vida que Yúnior vive, el tipo de vida que viven los inmigrantes, tiene mucho que ver con rupturas, discontinuidades y silencios. En mi corazón siento que se puede ganar mucho con una forma que consiente o entra en lo específico y las limitaciones de corto plazo del cuento, mientras simultáneamente se embarca en las meditaciones más largas de una novela. Creo que había algo útil e interesante en todo esto.

Con This Is How You Lose Her uno se pregunta inevitablemente si tienes toda la historia de Yúnior planeada en alguna parte; si cuando quieres escribir una nueva historia sobre él debes tener cuidado de no contradecir algo que escribiste, por ejemplo, hace diez años.

Esa es parte de la razón de que me tome tanto tiempo escribir. Había una suerte de esquema desde el principio. Siempre planeé que Drown fuera una especie de manual, de guía de cómo se formó este joven dominicano de Nueva Jersey, inmigrante y de ascendencia africana. Es una especie de plano, de diagrama de flujo de su formación. Y siempre pensé en This Is How You Lose Her como una especie de diagrama de flujo o plano de cómo Yúnior se deshace, se destruye, por la historia familiar que acarrea sobre la masculinidad, sumada a sus infidelidades. Tenía este plan desde el principio, y eso hace que un libro como este sea tan odioso, porque todos los cuentos tienen que calzar perfectamente con los que le anteceden.

Es interesante que digas que This Is How You Lose Her es sobre cómo Yúnior se deshace o destruye, porque muchos de los cuentos son en cierta forma historias de origen. Por ejemplo, en «Miss Lora», Yúnior se acuesta con la vecina madura, a pesar de que tiene novia, y después de eso dice descubrir que es un «sucio», que no podrá escapar de ser ese tipo de hombre. Esa podría ser una historia de origen. «Invierno» es también el inicio de la vida de Yúnior junto a su madre y su hermano en Estados Unidos. Se puede leer el libro como un mito de origen para Yúnior y muchos otros hombres en situaciones parecidas.

Sí, pero para mí es más una meditación sobre las consecuencias. Una de las cosas que pasan es que Yúnior se vuelve realmente consciente del tipo de daño y dolor que causan algunas de sus acciones y decisiones. Y creo que en cierta forma hay un impulso recuperativo. Siempre esperé que al final de este libro el lector pensara que Yúnior se había vuelto el tipo de persona que pensaba: «Bueno, ahora soy mejor persona que antes, ya no tengo que seguir pensando en lo que hice». Porque hay muchos hombres, mucha gente, que cuando cambian piensan: «Bueno, ya yo me he mejorado, ya yo no tengo que pensar en eso». Hay esa tendencia a decir: «Ya no quiero mirar atrás, ya no quiero pensar en eso». Y yo creo que lo que distingue a Yúnior como personaje es que es alguien que reconoce la importancia de la historia, y reconoce su responsabilidad en eso. No creo que eso sea algo menor. Es algo que yo me propuse lograr, porque es algo completamente inusual para el tipo de hombres con los que Yúnior creció. Ellos nunca miraban hacia atrás.

A ninguno de ellos parece importarle las consecuencias de sus infidelidades. Uno de los temas que atraviesa tu obra es ese conflicto entre el amor y el deseo, o entre la fidelidad y la infidelidad. Y en cierta forma exploras o refuerzas este mito de que el hombre caribeño tiene una tendencia a la infidelidad.

Para mí esa es una visión demasiado reduccionista. Para mí limitar esta afirmación al hombre caribeño es no entender cómo funciona la masculinidad. ¡Somos nosotros los que estamos obsesionados con los límites, con las fronteras! A las grandes fuerzas de la civilización, como la masculinidad, no les preocupan estas cosas.

Siempre he dicho que haber crecido en un universo masculino dominicano me preparó para vivir en un universo masculino estadounidense. Yo diría más bien que el argumento del libro es cómo se plantea localmente la masculinidad, al tiempo que te pide pensar sobre ella en un nivel más amplio. Cuando leo Hamlet, no pienso que sea algo que se restrinja a los daneses. No creo que la intención de Shakespeare fuera decir que los tíos daneses siempre se quieren acostar con las mamás. Pero creo que nuestra lógica de pensar en naciones nos hace llegar a este tipo de conclusiones, como decir que los hombres dominicanos no pueden estar en relaciones estables o normales. Lo que estoy planteando es qué es lo que nos dicen sobre la masculinidad en general un cierto tipo de masculinidad dominicana y una infidelidad dominicana. O sea, la última vez que miré, uno de los grandes privilegios de ser hombre en todo el mundo seguía siendo el poder ser infiel. Lo digo en serio: no he visto que en ninguna parte apedreen o les corten la cabeza a los hombres por ser infieles. Aunque probablemente eso sea una generalización: puede que haya algún lugar en Afganistán donde el hombre es ejecutado con la mujer, pero tengo mis dudas.

 Creo que parte del problema que tenemos es que de nuestros artistas esperamos lo que esperamos de la farándula corporativa. Queremos esa constante diversión, esta suerte de novedad generada por máquinas. Pero un artista va a hacer el mismo puto dibujo doce veces porque está tratando de llegar a algo, de entender algo.

Pero la madre de Yúnior siempre está perdonándole todo a Rafa, el hermano mayor, y asume que los hombres van a ser siempre fieles.

Esa es una muy buena discusión. El patriarcado no funcionaría si los hombres tuvieran que hacer el trabajo. Pienso que el patriarcado requiere la participación de las mujeres. Pero la mamá de Yúnior es también la mujer que dice, en «Miss Lora», que tú, tu hermano y tu padre son lo mismo, son fucking sucios. Y esta es una mujer que termina devastada por lo que hacen los hombres. Así que las contradicciones de su personaje, lo que me interesa a mí, es que simultáneamente puede alentar al hermano mayor a ser un desgraciado, al tiempo que está llena de rabia por lo que le hizo el padre de Yúnior y por cómo ve al padre en su hijo. Creo que hay muchas contradicciones aquí. Y creo que quería llegar al fondo del asunto sin que eso fuera determinante de todo el resto.

A lo largo de tu obra, como decía, exploras el mismo tema –la masculinidad, el deseo versus la fidelidad en distintos tonos. En el cuento «The Cheater’s Guide to Love» la infinidad se convierte en una tragedia para Yúnior. Pero en el principio de la vida de Óscar Wao, antes de que no supiera cómo seducir mujeres como adolescente y adulto, cuando era un niño, formaba parte de un triángulo amoroso. Ahí ese mismo tema es tocado más bien en tono de farsa. ¿Estás de acuerdo?

Esto es algo que me fascina. Es algo a lo que vuelvo una y otra vez. Es uno de mis temas por ahora, si uno puede tener un gran tema. Y no creo que es algo que uno pueda enfrentar con una sola estrategia. Creo, por ejemplo, que el intento de Óscar de encajar en un cierto tipo estricto de masculinidad latina toma mucho trabajo.

Hace un rato hablé con un tipo, un puertorriqueño al que le gusta el heavy metal. Y me dijo: «Leí Óscar Wao y fue la primera vez que sentí que tenía un amigo. De pronto sentí que podía entenderme a mí mismo, después de tener a un padre puertorriqueño tradicional que entraba a la casa y me preguntaba –¡a los doce años!– si todavía era virgen. Y cuando le decía que sí, se reía. Y eso fue lo que vi en Óscar Wao, y nunca lo había visto antes». Para mí, estas estrategias de escritura tienen que ver con tratar de ajustar cuentas con algo que me fascina. Y sé que una sola estrategia no va a ser suficiente para llegar al fondo del asunto. Creo que es un proyecto de largo plazo.

¿Yo soy el enemigo público de la República Dominicana? ¿No la pobreza? ¿No el capitalismo depredador? ¿No una elite política cruelmente oportunista sumada a un gobierno violento y no representativo? ¿No las tendencias cleptómanas de nuestros supuestos líderes? ¿No el amplio desposeimiento de nuestro pueblo, su continua pérdida de derechos políticos? 

Hablando precisamente de ese proyecto de largo plazo, hay otro desafío. Cuando empiezas a leer estos cuentos, tras un par de párrafos dices: «Ah, mira, está haciendo lo mismo otra vez: la historia del tipo que engaña a su novia». Pero al avanzar algo hace clic: cuentas la misma historia pero haces que funcione de otra forma.

 Creo que parte del problema que tenemos es que de nuestros artistas esperamos lo que esperamos de la farándula corporativa. Queremos esa constante diversión, esta suerte de novedad generada por máquinas. Pero un artista va a hacer el mismo puto dibujo doce veces porque está tratando de llegar a algo, de entender algo. Creo que como artista he encontrado una práctica histórica que incluye la repetición. Y ciertamente, la cultura no nos alienta a reflexionar acerca del largo plazo de cualquier problema o tema. Me siento agradecido de que algunos lectores encuentren algo interesante en mi proyecto. Eso siempre es agradable. Pero como artista solo estás tratando de encontrar tu camino, y simplemente eres afortunado si a la gente le gusta algo de lo que haces.

«Otravida, Otravez» quizás sea el relato más enigmático del libro. Ahí Yúnior no aparece.

Ese cuento es sobre el padre de Yúnior y la mujer por la que casi dejó a la familia. Nuevamente, esto es para el tipo de lectura avanzada de estudiantes de posgrado que casi nunca sucede, pero el nombre del padre es Ramón, y el nombre de la madre es Virta, que es el nombre de la madre de Yúnior. Y también es difícil recordar que en Drown y en otras partes Yúnior menciona que su madre perdió hijos antes de que la familia comenzara. Así que ese cuento está conectado con la vida de Yúnior. Sabemos durante todo el libro que Yúnior es un artista, un escritor, y que está tratando de escribir sobre este mundo. Así que la forma en que yo pensé en este cuento –y nuevamente, no es explícito en la historia, espero que los lectores hagan el trabajo pesado, el tipo de trabajo que solo un estudiante de posgrado va a hacer– es que este cuento es la historia de Yúnior (que ya sabemos que es escritor) intentando humanizar a la persona que más había demonizado en su cabeza, la mujer que casi se robó a su padre, la Otra Mujer. En términos de imagen, la Otra Mujer es una vaina rara. Es una vaina bien dura. Y para un hijo imaginar que su padre casi dejó a la familia por esa mujer…, es muy difícil imaginarla como un ser humano. Creo que parte del desafío de ese cuento (nuevamente, para un lector avanzado) es saber si Yúnior hizo un buen trabajo en humanizar a esa mujer, y qué es lo que dice sobre la capacidad de Yúnior de pensar en las mujeres, cómo ha cambiado esto. Se trata de un gran proyecto nerd, pero quizás nadie lo va a notar.

La historia de Yúnior y la tuya son una versión del «sueño americano». Si tú o Yúnior vinieran hoy al país desde República Dominicana, ¿sería más difícil hacer el mismo recorrido?

Es una pregunta que me han hecho muchas veces y nunca sé cómo responderla. Sí, Santo Domingo es excepcionalmente pobre y Estados Unidos excepcionalmente rico en comparación. No hay duda de que en el Norte hay más oportunidades que en nuestra isla. Esa es la contradicción del capital, de la división internacional del trabajo, la historia del colonialismo. Hay también [en Estados Unidos] más control de las autoridades, más transparencia, más protección del ciudadano promedio. Así que tengo que reconocer que habría sido más difícil para un niño pobre de Villa Juana sin conexiones familiares conseguir una educación Ivy League como la que yo logré en Estados Unidos. Pero tampoco hay que engañarse: Estados Unidos no es un lugar fácil. Aquí fuimos pobres durante la mayor parte de mi vida. Mi familia recibía ayuda del gobierno, usábamos cupones de alimentos. Mis hermanos fueron a la cárcel. Cuando pienso en mi «sueño americano» pienso en todos los costos, todas las consecuencias, toda la gente que no consiguió nada, y ellos son tan parte de lo que me sucedió a mí como mi «éxito».

Tu ficción ha generado intensas reacciones de cierto sector de la comunidad dominicana, con comentarios que van desde «Junot Díaz, enemigo público número 1 de la República Dominicana» a ataques mucho más personales. ¿Cómo te lo explicas?

¡Diablo, pero somos exagerados y pico! Seriously? ¿Yo soy el enemigo público de la República Dominicana? ¿No la pobreza? ¿No el capitalismo depredador? ¿No una elite política cruelmente oportunista sumada a un gobierno violento y no representativo? ¿No las tendencias cleptómanas de nuestros supuestos líderes? ¿No el amplio desposeimiento de nuestro pueblo, su continua pérdida de derechos políticos? ¿No esa realidad de nuestra clase política donde el ganador se queda con todo y se perpetúa junto a sus amigos en el poder? ¿No el cinismo sin límites de las clases altas y la brutalización de las clases bajas? ¿No las horribles tasas de femicidios? ¿No la casi completa falta de un estado de derecho, el lamentable estado de los tribunales y la evidente posibilidad de comprar a tantos de nuestros jueces? ¿No los narcodólares que inundan el país? ¿No la violencia, la pobreza, el hambre, el sexismo, el hecho de que nuestro sistema escolar sufra de un terrible desfinanciamiento? ¿No el rápido deterioro que sufre nuestro medio ambiente? ¿No la falta de oportunidades para los jóvenes? ¿No nuestra inseguridad económica, nuestra sobredependencia del turismo? ¡Dios mío! ¡Si un artista como yo es el enemigo público de la República Dominicana, entonces todos los ladrones de las clases altas y los políticos corruptos pueden dormir tranquilos!

¿Estás seguro de que esa gente habla de este mismo Junot Díaz? ¿Realmente tengo ese tipo de poder, uno que me haga un peligro para el país? Yo creo que con suerte puedo poner en peligro un plato de arroz. Pero qué quieres que te diga. Soy un artista, y los artistas estamos acostumbrados a no ser siempre populares. Los artistas no hacemos lo que hacemos para ser alabados o para conseguir amigos. Lo hacemos porque creemos que es necesario para la salud de nuestra sociedad.

Los artistas somos un grupo interesante. Rara vez decimos estar guiando o representando a alguien. Yo ciertamente no lo hago. Pero de vez en cuando ponemos sobre la mesa temas que hacen que la gente se enfurezca. Quizás todo se deba a eso, o quizás se trate de alguien que realmente me odia, aunque no me haya conocido nunca. O puede ser alguien con quien tuve un romance. Quién sabe.

José Manuel Simián es periodista y abogado. Vive en Nueva York, donde produce y conduce Contraportada, un segmento de entrevistas culturales en el canal NY1 Noticias. Desde 2011 es también editor de About.com en Español.

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