Jeff Jarvis: «Nuestro objetivo no es tanto la verdad como la paz»

Su trabajo es reinventar el periodismo y está acostumbrado a que le pregunten ¿y ahora qué? Jeff Jarvis dirige el Tow-Knight Center for Entrepreneurial Journalism en la Escuela de Posgrado de Periodismo de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), y desde aquí explora nuevos modelos de negocios, en la maestría en periodismo empresarial; nuevas maneras de servir a la comunidad, en la maestría en periodismo social, y formas de entablar conversaciones entre periodistas y audiencias, en la News Integrity Initiative. También ha publicado What Would Google Do? (HarperCollins, 2009), Public Parts: How Sharing in the Digital Age Improves the Way We Work and Live (Simon & Schuster, 2011) y Geeks Bearing Gifts: Imagining New Futures for News (CUNY Journalism Press, 2014).

La industria sigue con atención su blog de medios Buzzmachine.com y sus tuiteos, y compañías de medios como The Guardian, Digital First Media y el New York Times lo tienen como asesor. Solo en el último mes, dos grandes asociaciones de medios lo invitaron para saber cómo hacer noticias en la era de Donald Trump y las fake news. Tanto en el encuentro anual de la Sociedad Interamericana de la Prensa en Salt Lake City como el de la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias en Buenos Aires, Jarvis dijo que la clave está en construir relaciones con la audiencia. La esencia del periodismo, dice en su último libro, no es cubrir incendios, fútbol y ferias. Hacer periodismo es ayudar a la comunidad a satisfacer sus necesidades y a cumplir sus metas. Para hacerlo propone dejar de preocuparnos por el contenido, para en cambio entregar un servicio.

Su pelo blanco, que resalta con las chaquetas de vestir oscuras que suele usar, es lo único que delata sus 63 años. Es flaco, inquieto y rápido. El martes en que me recibe, Facebook, Twitter y Google dan testimonio en el Congreso de Estados Unidos por el caso de la intervención rusa en las últimas elecciones presidenciales. Durante el día, en Twitter, hizo pedazos una nota del New York Times donde expertos de medios dan consejos para arreglar Facebook.«¿Y quién dijo que Facebook estaba roto?», me pregunta excitado. Durante la entrevista mantenemos la transmisión de la audiencia encendida. A ratos, me pide hacer una pausa para escuchar a los senadores interrogar a los representantes de las plataformas. Se tapa los ojos y alega. Es un gran día para hablar con él.

–¿Puedes poner en contexto lo que está sucediendo y decirnos por qué es importante?

Voy a intentarlo. Obviamente, todos estamos preocupados por la manipulación de nuestra elección, por lo tanto, es necesario tomar medidas para entender esa manipulación y contrarrestarla. Sin embargo, me preocupa que la cura sea peor que la enfermedad, en el sentido de sentar precedentes de regulación de Internet demasiado pronto y demasiado drásticamente. He escuchado poca defensa de la libertad de expresión y eso me preocupa.

–¿Por qué?

Si terminamos regulando Internet, lo que se acuerde para Estados Unidos también va a ser usado en Irán, Rusia, China y en todas partes. Me preocupa que en el calor del momento creemos precedentes que puedan afectar nuestra libertad de informar. Y mi argumento central aquí es que estamos en los primerísimos días de Internet. Hoy, mientras conversamos, se cumplen quinientos años desde que Martín Lutero escribió sus primeros 95 tuiteos, sus 95 tesis. Gutenberg inventó los tipos móviles por ahí por 1445. Si contamos desde la creación de la web comercial pública, estamos en el año 1479 en años de Gutenberg. ¡Martín Lutero ni siquiera había nacido! Entonces puede que nuestro Lutero –la persona que realmente vea lo que Internet puede hacer– ni siquiera haya nacido. No fue sino hasta 1690 que alguien pensó en crear un periódico. Seguimos viendo el futuro con ojos del pasado. Los libros, revistas y diarios en Internet siguen pareciéndose a sus versiones del pasado. No hemos reinventado realmente el periodismo, no hemos repensado nuestras instituciones según estas nuevas oportunidades, para bien y para mal. Entonces sí, Facebook, Google y Twitter están en el estrado hoy, y senadores que no saben nada sobre Internet los están interrogando. Yo presiono a las plataformas porque debieran estar haciendo mucho, mucho más para, número uno, ser transparentes, número dos, mapear la manipulación, y número tres, compensar esa manipulación. Debieran estar creando nuevos estándares para eso. Pero prefiero verlos sufrir que ver al gobierno intervenir. Me preocupa la idea de que pensemos que ya sabemos lo que es Internet.

–¿Pero reconoces que hubo un problema?

¿En lo de la propaganda soviética? Por supuesto. Fueron manipulados, los hicieron tontos, fueron usados. Se los he dicho personalmente: tienen que mapear esas manipulaciones para entenderlas mejor. Google, como nosotros en los medios también hacemos, argumenta que es un espejo de la sociedad;«entonces no nos culpen». Bueno, obviamente no es así. Y ni siquiera estoy hablando de nuestra manera de editar ni de los algoritmos de Google o Facebook. Lo que pasa es que todos están haciendo todo lo posible por manipular Google. Y Google está recién comenzando a reconocerlo y a hacerse responsable. En mayo escribí que el vicepresidente de ingenierías de búsqueda en Google, Ben Gomes, dijo que Google tendría responsabilidad por la autoridad y calidad de sus fuentes en el ranking de búsquedas. Eso es importante. Es Google reconociendo que los han estado utilizando y que tienen que intervenir para de alguna manera compensar esa manipulación.

–Entonces no hay que arreglarlo, sino que hay que tomar precauciones.

Que el New York Times diga que está roto y necesita arreglo es un problema porque presume que Facebook está roto y eso es una gran falsedad. ¿Necesita ser mejor? Por supuesto. Hay un tipo que se llama Michael Godwin, famoso por la ley de Godwin [que dice que mientras más larga una discusión online, más probabilidades de que alguien mencione a Hitler], y hemos estado hablando en los últimos días y estamos bastante de acuerdo en temer que lo que hay es un pánico moral. El argumento de Godwin es: no escucho a los usuarios decir que Facebook está roto. Escucho a los medios decirlo, a los políticos decirlo, pero no veo ninguna evidencia. Cuando tenemos que convencer al público de que hay una amenaza, que ellos no ven, eso es pánico moral. Es como decir que los cómics van a arruinar a nuestra juventud.

–En su reciente libro The Trouble with Reality, donde analiza cómo los medios forjan nuestras percepciones sobre el mundo, Brooke Gladstone, de On the Media, también habla de pánico moral.

Sí [mueve papeles de su escritorio, encuentra el libro y me lo muestra riendo]. Creo que estamos ante un pánico moral. Dejemos que el mercado decida. Si el mercado dice que Facebook es lo peor y no lo vamos a usar más, bueno. Lo otro que pasa es que los medios no están asumiendo toda su responsabilidad de la situación en la que estamos.

–Mientras muchos critican a las plataformas, tú dices que tenemos que trabajar y aprender de ellas.

Absolutamente. Necesitamos empujarlas a que nos empujen. Ahora, voy a ser transparente: aquí en la CUNY creamos la News Integrity Initiative con un montón de dinero de Facebook. Lo que yo quisiera que Facebook hiciera no es solo hacernos el favor de darnos un lugar donde poner nuestros artículos y noticias, sino que explorar con nosotros y enseñarnos a usarlo instintivamente para informar al público. Una agencia rusa vino y creó contenido que fue visto por 126 millones de personas. ¿No debiéramos estar celosos? ¿No debiéramos decir «hmmm, ellos lo usaron con malas intenciones, ¿cómo lo usamos para hacer periodismo»? No lo hicieron posteando artículos ni programas. Lo hicieron entrando en las conversaciones de las personas. Debiéramos tomar nuestro periodismo y llevarlo donde las personas están conversando. Entonces sí, no tenemos otra opción más que trabajar con las plataformas porque el público al cual queremos servir está ahí. Esta idea de que aún somos un lugar donde la gente va para obtener noticias está limitando el impacto de nuestro trabajo.

–Hace un año atrás, el martes 8 de noviembre, estábamos aquí en la sala de redacción de la escuela trabajando en Electionland, un proyecto para detectar problemas electorales, con Pro-Publica, WNYC, First Draft Coalition, Univisión, Google News Lab y cientos de periodistas y estudiantes de periodismo de todo el país. Conforme iba pasando el día, la realidad se volvía cada vez más surreal. ¿Cómo es que la elección de Donald Trump nos sorprendió a todos?

Bueno, sí y no. Yo estaba en shock, pero no sorprendido. Sabía que estábamos en problemas porque violé todas las reglas periodísticas y trabajé de voluntario registrando votantes para la campaña de Hillary Clinton en Pensilvania. Sé que no debiera hacer esas cosas, pero decidí que era urgente. (…) Ah. me di cuenta de que el voto de Trump era mucho mayor que lo que yo esperaba. Entonces sí, estaba en shock y estupefacto de que el país lo hubiera elegido, pero sabía que era una posibilidad. Esa noche en Electionland, Scott Klein [de ProPublica] nos dijo a todos que no podíamos mostrar emoción cuando dieran los resultados porque éramos periodistas. Yo no pude, me tuve que ir al bar de abajo.

–Me acuerdo. También recuerdo que todos nos fuimos a dormir sintiendo que habíamos fallado. ¿Dónde crees que los medios fallaron?

Ojalá todos hubieran pensado eso. Pero este es el asunto: no es que no lo hayamos visto, porque si definimos periodismo como predicción estamos jodidos. Entonces, como Jay Rosen dice, el problema en el periodismo político es querer ser savvy, demostrar que eres un entendido, sentir que estás adentro, que sabes más que nadie, que puedes predecir lo que va a pasar. Pero la predicción no hace nada por informar al público. Entonces, creo que pensamos que fallamos porque predijimos mal, pero nuestra verdadera falla fue que no informamos. Eso es lo que estoy intentando hacer aquí, redefinir el periodismo. Mi última convicción es que nuestro trabajo es convocar comunidades en conversaciones informadas, civilizadas y productivas. Entonces nuestra meta –y todavía no escribo sobre esto– es que el objetivo no es tanto la verdad como la paz.

–Eso es revolucionario.

Sí. Y todavía no lo acabo de entender. Es realmente la primera vez que lo digo en voz alta. Pero lo he venido pensando desde que Barbara Raab, que trabaja aquí en la Escuela, me dijo:«Jarvis, si dices que el periodismo debe ser un servicio y no un producto,¿por qué les mostramos Todos los hombres del Presidente a los alumnos todos los años? Porque si queremos que entiendan esta noción de servicio quizás debiéramos mostrar la película sobre Florence Nightingale». Y yo pensé…, hmm, interesante. Y luego la semana pasada fui a una reunión en Chicago con la Christian Century [revista considerada como la bandera del protestantismo en Estados Unidos] porque querían saber cómo modernizarse. Y salí de ahí pensando en la noción del periodista como pastor, como sacerdote. Ahora, no queremos ser sacerdotes, claro. Pero la idea de que el periodista está ahí para reunir al rebaño y servir al rebaño, para saber qué le concierne, qué le preocupa…, me estoy yendo un poco para la punta, ¿cierto? La idea es repensar el rol del periodista. Eso es lo que estoy tratando de hacer, de descifrar. Por eso vuelvo a decir que Internet está muy joven aún y tenemos que repensarnos alrededor de esta nueva institución.

–Entonces ¿cuál fue nuestra peor falla?

Que tuvimos una conversación desinformada.

–¿Porque no sabíamos quién era Trump?

Quiénes eran los candidatos, cuáles eran sus cualificaciones…

–Y porque nos reíamos de él.

Sí, lo tratamos como una figura del mundo del entretenimiento. Y además, no hablamos realmente sobre política. Es lo mismo que pasó con el Brexit o con la votación por el proceso de paz en Colombia. Algunos periodistas colombianos me han dicho que el referéndum se perdió en WhatsApp. La gente se estaba pasando información por ese canal y nosotros no lo vimos. Seguimos presumiendo que la gente tenía que venir a nosotros, y eso no es suficiente. Entonces tenemos que dar un paso atrás y decir, bueno, en ese caso, ¿cómo informo al público? Eso es lo que creo que tenemos que trabajar con las plataformas, tenemos que reinventar el periodismo y sus formas.

–¿Servir al público e informar al público es lo mismo?

Van de la mano. James Carey, el legendario profesor de periodismo de la Universidad de Columbia, decía que el periodismo no informa tanto la conversación pública como lo que se ve informado por la conversación pública. Para mí eso significa –y lleva a la creación de la maestría en periodismo social aquí en CUNY– que nuestra primera obligación es escuchar. No somos buenos en eso. Tenemos que aprender a escuchar a las comunidades, entender sus necesidades y empatizar con esas necesidades. Después, sí, tratar de darles información. Y a veces les tenemos que comunicar verdades incómodas. Creo que los periodistas del pasado pensábamos que sabíamos lo que el mundo necesitaba saber, porque no teníamos medios para escuchar. Ahora, Internet nos da esos medios y tenemos que aprovecharlos. Y también nos está mostrando que muchas, muchas comunidades piensan que no han sido escuchadas, que no se ven reflejadas y que no han sido atendidas. Mi precepto fundamental es que lo que Internet mata es el modelo de negocios de los medios de masas. Y con ellos la idea de una masa, que es invento de los medios; es decir, la idea de que hay un público indiferenciado que tratamos por igual. Alcanzar a la máxima cantidad de gente con el mismo producto, eso hacíamos porque es lo único que podíamos hacer. Pero así es como perdimos la confianza. Porque yo no soy lo mismo que el resto. No hay un público sino muchos públicos y comunidades. Ahora, gracias a Internet, esas comunidades pueden hablar y encontrarse, y darse cuenta de que nunca nadie les prestó atención. Tenemos que servir a la gente como individuos y como miembros de una comunidad, con relevancia, valor y empatía. Y para hacer eso, primero tenemos que escuchar.

–¿Cómo sería un medio que en vez de dar contenido entrega un servicio?

No lo sé aún. Pero creo que eso puede asumir varias formas y varios modelos de negocios. No estoy diciendo que no vamos a continuar haciendo texto, fotografía, video, audio y lo que acostumbramos a entender como contenido. Una de mis lemas, y tengo varios, es «el contenido llena algo, el servicio logra algo». (…) Hemos construido nuestras estructuras legales, técnicas y de negocios alrededor del contenido. Pero el contenido es solo una herramienta. ¿Cómo le fallamos al electorado? El electorado tuvo una conversación desinformada. Ahora, nosotros podríamos alegar:«Porque no leyeron nuestro contenido». Y ellos dirían:«Porque tú no me entiendes, no me representas». Entonces, ¿cómo se vería el periodismo de servicio? En los viejos tiempos el periodismo de servicio eran recetas y cosas por el estilo, ¿no? Pero el periodismo social, de servicio, consiste en entender tus necesidades y servir esas necesidades. Te doy un ejemplo. Aquí en CUNY, Sandeep Junnarkar [director de periodismo interactivo] y Jeremy Caplan [director de educación en el Tow-Knight Center] crearon un proyecto sobre el moho. Trabajaron tres años con el Daily News  y el departamento de vivienda de la ciudad. Mirando sus proyectos caí en la cuenta de que hay un periodismo enfocado en lo externo y otro en lo interno. El periodismo enfocado en lo externo es así: voy a contarle una historia al mundo que va a cambiar políticas y va a beneficiar a la sociedad. Esas fueron las notas que hizo el Daily News  y así todo Nueva York se enteró de que hay un problema con el moho en la ciudad. (…) Pero ahora tenemos la oportunidad de servir a la comunidad al mismo tiempo. Sundeep y sus alumnos se quedaron con la comunidad, les enseñaron a escribir quejas, los ayudaron a encontrar soluciones. La meta era diferente, era un servicio. No simplemente escribir sobre lo jodido que estás sino tratar de arreglarlo, encontrar soluciones. Hay un gran movimiento de periodismo de soluciones en Estados Unidos en este momento, de entregarle a la gente ideas para resolver sus problemas. Otra forma de verlo es como lo hacen las plataformas.

–¿Cómo lo harías desde una plataforma?

Uno de mis alumnos tuvo una idea que llamó Gourmeet, como gourmet y encuentro. La plataforma permite a la gente juntarse y cocinar para el resto. Y la gente se pregunta: ¿eso es periodismo? Y yo pregunto: si abres una sección para hablar de comida, ¿qué es lo que la gente quiere hacer? Cocinar y comer. Esto lo permite. Y el contenido es un subproducto. Las recetas salen del proceso, las historias salen del proceso. Pero el proceso es un servicio que te ayuda a hacer lo que quieres en comunidad. ¿Es eso periodismo? Sí.  Waze es mi aplicación favorita en el mundo. Nosotros debimos haberla comenzado. ¿Y qué es Waze? Es una manera de que la comunidad comparta información entre sí, un servicio.

–La semana pasada, en la asamblea general de la Sociedad Interamericana de la Prensa en Salt Lake City, dijiste que el verdadero problema con el cual tenemos que lidiar es la confianza, más que las noticias falsas. Un problema que no se arregla solo corroborando datos.

Sí, el fact checking es maravilloso. Todo periodista debiera hacerlo. Y lo hacemos; los hechos todavía son importantes. Pero no es suficiente. Tenemos un problema de comportamiento humano. Hay personas tratando de engañar al resto, de pelear. Mi idea es que la gente desconfía de los hechos, de la existencia de esos hechos, y entonces no puede haber una conversación civilizada ni confiar en las instituciones. Hasta la ciencia está siendo cuestionada. Los medios tienen que volver a confiar en sus audiencias. Tenemos que volver a crear una relación con las comunidades, con nuestra audiencia. Tendemos a tratar al público como a un puñado de idiotas y eso no nos va a llevar muy lejos. Entonces, desde mi punto de vista, la manipulación es el problema a corto plazo, pero la confianza, la credibilidad, es el problema a largo plazo. Y la confianza no es solo la confianza en los medios, sino en todas las instituciones.

–¿Cómo vuelves a crear una relación y reconstruir esa confianza en el ambiente de noticias falsas y «hechos alternativos» de la era Trump?

Mira, si eres afroamericano y vives en Estados Unidos, no es que necesariamente sientas que antes los medios masivos trasmitían la verdad. Tenías la verdad de algunos. Te imponíamos nuestra verdad. Mira la cobertura de la violencia policial, mira lo que han logrado exponer los medios sociales: una realidad de años, que no era muy visible en los medios de comunicación. Lo mismo con los abusos sexuales. Entonces sí, teníamos un mundo más fácil, pero eso no significa que estuviéramos más cerca de la verdad. Es complicado. La vida es complicada y la sociedad es complicada. Y en periodismo debiéramos estar ayudando a la gente a entender. Pero no es fácil.

–Nuestro rol es proteger la democracia, pero hasta la democracia como institución está bajo escrutinio. ¿Qué hacemos?

Eso me preocupa mucho. Todas las instituciones están siendo desafiadas y si no se adaptan y encuentran una manera de ver dónde hay oportunidades, de servir a la gente mejor, estamos jodidos. Ustedes, los periodistas latinoamericanos, tienen mucho que enseñarnos porque tienen experiencia con gobiernos autoritarios, corruptos, con intervención de otros países en sus elecciones. Ustedes saben cómo esto afecta a los medios de comunicación y a la verdad y a las instituciones. Todo esto es, francamente, bastante nuevo para nosotros.

–Dices que necesitamos volver a crear puentes con extraños. ¿Cómo?

Creo que Facebook nos puede ayudar a hacer eso, más que cualquier otra cosa.

–Fuiste uno de los grandes precursores de los blogs. Ahora que hay trolls a sueldo, ¿sigues creyendo que es una buena manera de tener una conversación con nuestra audiencia?

Yo aprendí mucho de bloguear y eso cambió mi carrera y mi vida. Me enseñó a ver a los medios como conversaciones que suceden en distintos lugares y tiempos. Pero al abrir el contenido, se democratizó, .cierto? Todos podían hacerlo. Y con eso vinieron cosas buenas y malas. Lo bueno fue ese montón de voces nuevas que nunca habíamos escuchado, y nuevas conexiones entre extraños. Lo malo, claramente, el spam, el odio y la manipulación. Y eso es lo mismo que acaba de pasar con la publicidad. Con Google y Facebook la publicidad se democratizó, y todos pueden poner avisos. Y con eso vino lo bueno y lo malo. Lo bueno es que tu esposa puede hacer un producto, comenzar un negocio y venderlo. Una oportunidad que antes no existía. .Lo malo? El spam, el odio y la manipulación. Facebook dijo que tienen cinco millones de avisos al mes. ¿Cómo van a poder chequear cada uno? ¿Cómo ven con qué moneda se paga cada uno? Es difícil. Entonces, ¿qué? ¿Lo cortamos? No, claramente no. Espero que no. Estamos tratando de encontrar nuevas normas. Para mí, uno de los mayores problemas hoy es la falta de civilidad en los blogs. Pero todavía los defiendo, todavía defiendo esa apertura. Tenemos que renegociar las normas.

–A un año de las elecciones, ¿crees que los medios lo están haciendo mejor?

Algunos sí, algunos no. Hoy se está haciendo excelente periodismo. Pero también me han gritado en algunos paneles [por ser periodista]. No he conversado esto con la decana, pero casi creo que necesitamos una comisión de verdad y reconciliación por nuestro comportamiento y su impacto en la sociedad. Creo que los medios debieran hacerlo y que las plataformas debieran hacerlo.

–¿Cómo sería eso?

Creo que sería decir cuáles son las implicaciones morales y éticas de cómo operamos. Por ejemplo, al seguir dependiendo del modelo de negocios de medios masivos, de avisos basados en volumen de audiencia, donde necesitamos más y más clics… Eso es lo que nos lleva a los gatos y a las Kardashian. Y últimamente, a Donald Trump. Trump es perfecto para el negocio, así lo dijeron las cabezas de CBS y CNN. Le dimos todo tipo de atención porque era entretenido y daba clics, en vez de preguntarnos cuál es nuestro trabajo. Nuestro trabajo es darle al electorado la información que necesita para tomar una decisión sabia. ¿Qué incluiría eso? Experiencia, carácter, políticas. Pero no, es mucho más entretenido mantener la cámara en el podio y ver las locuras que decía. Y citar sus tuiteos.

–¿Cómo tiene éxito un medio en el 2018?

Creo que todavía somos una industria ineficiente. Usamos recursos preciosos para reescribir historias estúpidas. ¿Por qué? Porque nuestro modelo de negocios lo exige. Tenemos que tener nuestra propia página, con nuestro contenido, con nuestro aviso, nuestros pageviews y nuestros centavos. Somos ineficientes. Gastamos un montón de tiempo copiándonos unos a otros, no colaboramos. Estamos empezando a hacerlo, con los Panama Papers. Gran paso. En segundo lugar, necesitamos flujos múltiples de ganancias. Nada nos va a salvar por sí solo, ni los muros de pago ni nada. Tenemos que encontrar una manera de tener múltiples entradas: nuevas formas de avisaje, membresía, contenido premium, comercio, eventos. Todas requieren esfuerzo y son difíciles, pero claramente es lo que necesitamos. Tres, necesitamos ayuda de las plataformas. No nos van a rescatar, pero tampoco nos mataron. Necesitan ayudarnos a servir a la gente mejor y ayudarnos a hacer dinero haciéndolo. Y están empezando a hacerlo. Y finalmente, diría que tiene que ser un esfuerzo colaborativo, porque no podemos hacerlo todo solos. No estamos viviendo en una ambiente competitivo donde hay veinte diarios peleando en las calles de Nueva York. Tenemos que pensar en maneras de cumplir nuestras metas de manera más eficiente. Eso incluye colaboración, trabajar con las redes de contenido, de avisos y sociales. Creo que va a ser un largo proceso y que algunas cosas van a morir en el camino. Pero no vamos a llegar ahí si tratamos de proteger el pasado.

Catalina Jaramillo es periodista de WHYY, filial de la National Public Radio, en Filadelfia, y profesora asistente para la maestría de periodismo bilingüe en la Escuela de Periodismo de Posgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

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