Dos cartas de Morla

 Su carrera diplomática le dio un carácter cosmopolita y una profunda cultura. Más que eso: para Andrés Trapiello, quien prologa uno de sus libros editado en España, lo que distingue a Carlos Morla Lynch es su finura moral. Primero en París, y luego en Madrid, su hogar fue la sede de tertulias literarias enjundiosas, con habitués como Cernuda, Alberti, Guillén, D’Ors y Madariaga. Sin embargo, y pese a su carácter bonachón y afectuoso, la vida se encargó de ponerlo en aprietos. Esa misma sede de largas veladas culturales fue durante la Guerra Civil española un asilo para muchos. Primero lo hicieron los perseguidos por la República, luego los adversarios de Franco. Morla Lynch, a cargo de la Embajada de Chile, trabaja dieciséis horas al día para salvar vidas, mantener a sus protegidos, enfrentar a las autoridades, escuchar y atender a cada uno de sus huéspedes. Pese a todo, se deja tiempo para registrar todo lo que sucede en un diario.
Para Roberto Merino, «Morla Lynch fue en todo el sentido del término un escritor de diarios, es decir, más que la carrera literaria, más que el diseño de una obra, lo que atraía su interés y lo instaba a escribir era el simple hecho de ser un testigo del paso del tiempo, de las conductas humanas…». Esa curiosidad casi infantil y la capacidad de observación que destacan en sus diarios y crónicas están presentes también en una dimensión suya todavía desconocida: la correspondencia. Otra deuda que nuestro país de tan mala memoria, cuando no derechamente partidario del ninguneo, arrastra para con Carlos Morla.
Su obra en cambio ha sido editada y celebrada en España. Además de tener una calle que lleva su nombre en Madrid, en 2008 apareció en la editorial sevillana Renacimiento En España con Federico García Lorca. Páginas de un diario íntimo en versión completa (una edición de los años cincuenta había sido censurada), y en 2011 la segunda parte, España sufre. Diario de guerra en el Madrid republicano, una obra realmente estremecedora, más de ochocientas páginas que retratan como el más completo documental el Madrid sitiado. Informes diplomáticos y diarios de la Guerra Civil apareció en 2010 con prólogo de Trapiello y el diario de su hijo Carlos Morla Vicuña. Este año 2016 la Comunidad de Madrid realizó un homenaje a este chileno que salvó muchas vidas, de ambos bandos, en la forma de una obra teatral inspirada en sus diarios, Un corazón entre ortigas.
Quizás todavía podamos reparar  la ingratitud recogiendo su correspondencia, que abarca distintos ámbitos que van desde la esfera familiar e íntima hasta el contacto con destacados intelectuales. He aquí un breve asomo a este otro universo escritural de Carlos Morla a través de algunas cartas a su madre.1


Viña del Mar, 5 de febrero de 1919

Querida mamá:
Hace muchos días que he estado por escribirle y sea por un motivo u otro he tenido que dejar la pluma. Deseo seguir informándole de la vida de Baby,2 que está perfectamente bien de salud, rosada como nunca y con los ojos más azules que turquesas de «Istamboul».
La encontré con Bebé la noche de mi llegada, en la estación repleta de gente; es increíble que subsista todavía el antiguo y provinciano paseo a ver pasar el expreso, no obstante las toilettes elegantes y los autos aglomerados afuera.
Baby va a Miramar todas las mañanas, cuando no va a Recreo, y casi siempre la voy a buscar a la hora del almuerzo cuando la gente ya se bate en retirada. Alcanzo a juntar una mesa grande con todas las buenas amigas y convido a dos o tres chiquillas, amigas de Baby, para que el aperitivo no sea tomado por ella entre gente casada solamente.
Baby fue a las carreras el domingo hecha una monada con un trajecito azul todo bordado de guindas rojas y un sombrerito que le lloraba.
La llevó Juanita del Carril a las cinco y yo la espere en la puerta. Estuvo con todo el mundo en general: chiquillas, casadas, jóvenes, etc. Es el sistema que yo prefiero porque estas niñitas que trafican en cadena, todas pescadas del brazo, me da en los nervios… Anduvo con la Tocornal, Martita Cruz, etc., pero tomó el té conmigo, con Juanita, con la xxxx, estuvo con Arturo Lyon y algunos diplomáticos; entre otros, el secretario de la Embajada americana, casado con una se- ñora argentina muy original y elegante y con un aspecto yankee varonil en extremo simpático. Es la silueta de moda de Viña y la vi muy afectuosa con Baby. Nos volvimos en el coche con Max Errázuriz Valdés y Carlitos Cruz Eyzaguirre, amigos de Baby. Fui yo mismo a dejarla a comer –no se agite– donde Sara Valdés, invitación que ya había aceptado. Era «dinner blanc» de chiquillas y todas fueron después al baile del hotelde los domingos. Baby iba muy bien, de rosado, de tul y muy contenta.
Fuera de idas a Valparaíso, a la playa, a xxxx y Con-Con, donde comimos erizos sentados en la arena…, fue a comer con otras niñas donde Blanca Vergara de Errázuriz, cariñosísima y muy «comme il faut» en lo que sea el aspecto.
No quisimos aceptar, como era natural, la invitación para Bebé y yo pero yo mismo fui a dejar a Baby. Sentado en el hall precioso, en una luz de ensueño, no me moví de allí hasta que no apareciera la dueña de casa en persona.
Baby fascinada ante la féerie de la casa cuajada de hortensias en un ambiente de medios fulgores fantásticos. En esto se abrió un espejo y apareció la señora con su pelo blanco muy «flou», en una deliciosa toilette lila llena de gasas flotantes y de tules primorosos.
–C’est une fée –me dijo Baby despacio. Al retirarme me perdí en el parque inmenso y un sirviente lleno de botones dorados me tomó por bandido. Nos insultamos y lo agarré a moquetes.
Nunca he visto a Baby llegar más encantada de lo que llegó esa noche. Servicio, atenciones, afectos, conversación, música, libros, todo contribuyó a hacer una «soirée», según ella, deliciosa.
Hoy almorzamos los tres allá en familia, no se divisa a Landorff en ninguna parte.
Creo difícil que haya una casa más linda y un parque más estupendo en Chile… El comedor artístico y apacible, con una ventana estupenda que abarca ovaladamente un lado entero y que da sobre una «pelouse» verde y fresca llena de árboles estupendos, es lo más hermoso y agradable que he visto en comedor. La galería de cuadros con sus dos pianos, un Steinway y un Enard, las firmas maravillosas: Sargent, xxxx, Dagnan Bouveret, xxxx, Van Dyck, etc., los muebles, el arreglo, todo constituye a formar un ámbito en extremo atrayente. Ella tiene un trato, una elegancia, una manera fría de ser que cautiva e interesa.
Después del café mandó buscar ella su inmensa y pintoresca chupalla a fin de que fuéramos a dar un paseo por su «domaine». Es la montaña, el bosque secular con sus pinos aromáticos, las quebradas profundas con sus piedras al fondo, los prados verdes, las encinas, las rocas, los torrentes, todo en su mismo parque sin límites…
Íbamos adelante ascendiendo la cuesta ella y yo conversando sobre temas agradables y aparecían abajo entre los árboles Baby con otras subiendo también, ¡aspecto sumamente pintoresco!
En la tarde tomamos el té sobre un prado verde, verdadera alfombra de pastito entre enormes magnolios, castaños y encinas.
Ahora son las doce, acaba de llegar Baby con Bebé de la cancha…
Ambas manejan admirablemente el auto, con una increíble seguridad… Elena Fabres y yo adentro muertos de susto, pero se anda despacio y no hay dónde estrellarse…
Estamos en este instante bajo la penosísima impresión de la muerte de Josefina Valdivieso de García Huidobro. ¡Pobres padres y pobre Marcos! La vida está llena de horrendos sufrimientos y yo concentro mi espíritu para pedirle a Dios, con todo el fervor posible, conformidad y la paz que sea posible para estos desgraciados seres en la hora del dolor.
Con muchos besos en sus ojos, mejillas y nariz de su hijo que la adora.

Carlos


Brasserie LA ROTONDE
Restaurant

Paris, janvier, 1926

Mi querida mamá:
Tenía hoy un almuerzo curioso entre artistas de la nueva generación. Pasé a la Legación antes a fin de ver si había algo y me encontré con dos cartas suyas. Me las eché al bolsillo y las acabo de leer aquí. Ya se ha tomado el café y estamos en esa hora expansiva del cigarro y de la charla.
Todos han bebido «un peu plus que toujours»… y como yo no tomo nunca nada, estoy con mi cabeza límpida y observo. Tengo una impresión extraña en la mente porque siento cerca a Piluca y su primera comunicación, a los rusos y sus problemas, al cofre de laca codiciado por Alejandro a través de Enrique.
¡Qué agradable es este almuerzo! De sobremesa cada uno hace lo que quiere. Honegger me cierra un ojo y sonríe porque escribo a mi mamá…, allí, sobre el mantel.
–Est-ce que je peux livre?
–Si tu veux.
Juan Gris, en el mantel, se entretiene en hacer nuestras siluetas, ¡admirable!
Il sua croque escribiendo: con mi nariz larga y mi cráneo despoblado.
La Tailleferre a mi lado… Poulenc duerme.
Tiene unas nuevas obras fascinadoras, no son geniales pero tienen un esprit delicioso. Milhaud (entre nous il est bête) está impresionado con los cantares brasileños –maxixe– y le saca un partido enorme. Pero no lo aceptan porque lo consideran poco sincero.
xxxx, ¡por Dios que tiene talento! Me gustaría que ud. lo conociera. Tiene un atractivo especial como persona. Es un niño romántico… y muy moderno. Buen mozo. No resiste a su afición al mundo. Llega siempre de smoking, le gustan las señoras elegantes, los bailes, las fiestas bonitas y lo embroman mucho en su medio montparnassiano y bohemio donde vive a pesar de la afición mencionada. Delanoy –gentil, fresco, rubio, buen mozo, pero cuello al aire, corbata imposible, sobre todo desastroso. Vive bajo la emoción de su «xxxx de misere», que ud. conocerá antes que el público de París. No dudo del éxito que tendrá porque conozco la partitura, que no se parece a nada… Creo que Domingo la sentirá muy bien, está dentro de su temperamento. Hay muchos otros seres aquí (…) Clará, un escultor muy interesante. Un español con quien nos saludábamos en la calle por simpatía intuitiva, pintor, con una yankee millonaria, de alma latina, joven, bonita.
–¿A quién le escribe?
–A mi madre.
–Oh, how nice! Salúdela en mi nombre, dígale que soy amiga de su very gentle son, y es como si me hubiera conocido. Dígale que he visto su busto donde Rodin. Beautiful and smart!, y que eso es suficiente para saber that she is a very interesting lady.
Le escribo tal como viene todo.
Le doy el recado tal cual porque esta carta fluye instantánea en el ambiente.
En medio de todos, un pompier anciano: Jean Richepin. Había comido una vez con él. Autor de «La glu», ochenta y dos años.3 ¡Qué cabeza maravillosa! Me habla de Boylesve, recién muerto y de Proust, que él considera genial, y después, con fervor, de las piernas de Mistinguett.4
Al frente mío xxxx, la que daba la Judith de Bernstein y que ahora da Le lit nuptial de xxxx Meré. Vieja pero interesante. Todos tienen interés, todos son nuevos, me presentan a Géraldy… no lo ubico en mi mente. Georges Auric, de físico pobre, atrayente, nada más pretencioso que Van Dongen, que también está. El pintor que vive en un barco en el Sena también está aquí…, me interesa a morir. Él –su persona– es un Dió- genes pero no se puede andar con él en la calle porque habla a gritos y parece apóstol.
En estos días me van a presentar una falange de artistas alemanes que vienen a la conferencia (…), le escribiré.
También está en la mesa Alexandra de la Comédie y Sylvain, que tiene malas costumbres.
Algunos xxxx de Montmartre célebres aquí, en su medio. Uno de ellos improvisa una canción sobre el almuerzo y su esprit es arrebatador, sinceramente deslumbrante. No le hablo aquí de la muerte terrible del pobre Guillermo Puelma ni de la caída de don Armando con quebradura de brazos.
Pienso siempre en ud., mamá.

Carlos

1 Agradecemos muy especialmente a Verónica y Beatriz Morla, nietas del autor, por compartir este material.
2 «Baby» era la hermana menor de Carlos Morla, Wanda, futura mujer del músico Domingo Santa María y muerta a los veinticinco años en 1926. En 2015 se publicó un libro con sus cartas, Pájaro libre como soy, editadas por Wenceslao Díaz. Bebé Vicuña era la mujer de Morla Lynch.
3 En realidad en 1926, año de su muerte, el poeta francés tenía setenta y siete años.
4 Una de las más populares artistas francesas en su tiempo. En 1919, sus piernas fueron aseguradas por la enorme cifra de 500.000 francos.

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