En 1990, junto con la democracia y los exiliados, retornó al país la plena libertad de expresión, o sea, de publicación. Pero también se asentó sin matices el libre mercado. En el ámbito editorial, todo esto significó la consolidación de los grandes grupos transnacionales. Al margen de ellos surgieron numerosas editoriales independientes, hechas con más esfuerzo que ambiciones lucrativas. No todas pudieron perseverar. De las que sí, para efectos de este artículo, hemos considerado a casi todas aquellas que cuentan con un catálogo igual o superior a los cinco títulos. Hay distintos enfoques y pretensiones así como distintas maneras de funcionamiento, pero todas coinciden en el carácter casi épico con que sus editores las mantienen vivas y presentes en librerías. Las editoriales universitarias o vinculadas a instituciones, aun siendo independientes, no han sido consideradas para este diccionario, pues ellas responden a otras lógicas de administración y sustento. Es éste un trabajo parcial, involuntaria pero inevitablemente metropolitano y tal vez profundamente inactual: en el camino a la imprenta acaso varias de estas editoriales desaparecieron y aparecieron otras tantas o, al menos, otras pocas.
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ALTAZOR: Ediciones Altazor nació al alero de la librería homónima que el bibliotecólogo Patricio González mantiene, desde 1982, en la Galería Couve de Viña del Mar. El sello comenzó publicando poesía de Juan Cameron y Ennio Moltedo. Después se abrió a la publicación de narrativa –el año pasado aparecieron los tres volúmenes de las Obras reunidas, de Alfonso Alcalde– y ensayos en torno a la región. Los libros se financian de diversas maneras: a medias con con el autor, encargos académicos, y fondos concursables donde la editorial se limita a prestar el huidobriano nombre. Sin definirse necesariamente como marginal, Altazor sigue cómodo en su paracaídas.
ANIMITA CARTONERA: Versión chilena del proyecto argentino Eloísa Cartonera: libros impresos o fotocopiados, hechos con cartón reciclado y muy baratos. Ha publicado, en sólo dos años de actividad, obras de Gonzalo Millán, Carmen Berenguer, Jaime Collyer, Raúl Zurita, Mauricio Electorat y Felipe Cussen. Mención aparte para el gracioso nombre de la naciente colección de libros para niños: “Mi primer cartón”.
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BARBA DE PALO: Barba de palo es el nombre vernáculo que se le da al Tillandsia Usneoides, de hojas verdes o grises filiformes y de semillas plumosas. El ya fallecido poeta Jorge Torres –autor de Recurso de amparo, uno de los primeros poemarios publicados en Chile tras el Golpe– bautizó esta editorial radicada en Valdivia y que se ha mantenido viva a pesar de las consabidas dificultades del trabajo cultural en regiones. Con atención preferente a la producción poética y ensayística local, Barba de Palo funciona desde principios de los 90 hasta la fecha –ahora en asociación con la editorial El Kultrún–, publicando a autores como Clemente Riedemann, Yanko González, Rosabetty Muñoz, Pedro Antonio Araya, Antonia Torres y otros escritores del sur de Chile. Kultrún, cabe señalar, es una pequeña editorial, también valdiviana, fundada en 1985 por Ricardo Mendoza, Mariana Matthews y Carlos Fischer, cuyo primer libro, en palabras de Mendoza, fue un poemario “bastante parriano” de Rafael Rosende.
BEUVEDRÁIS: Edmundo Rojas bautizó así esta particularísima editorial en honor al barón (Be) Karl von (Uve) Drais (Dráis), “silvicultor e ingeniero que durante el siglo XIX ayudó al desarrollo de lo que hoy se conoce como bicicleta”, en palabras del propio editor. Es particularísima esta editorial por varias razones, entre ellas: a) Que no hay colecciones ni líneas, sino sucesivos –y regulares– antojos de Rojas; b) Que el propio Rojas lo hace todo menos la impresión; c) Que es también Rojas quien distribuye los libros en bicicleta (uno de los volúmenes más gruesos que ha publicado es, de hecho, el manual Ciclismo eficiente); d) En todos sus libros el editor bromea en la página de los créditos, burlándose de la edición y llegando incluso –en el libro Cabeza de vaca, de Armando Uribe– a recomendar un boliche de Ñuñoa donde venden exquisitos sándwiches y cervezas heladitas. Su abanico editorial abarca desde numerosos poemarios del susodicho Uribe hasta libros de poetas jóvenes, piezas perdidas de la literatura nacional y una antología de poesía en lengua inglesa cuyos derechos Rojas se precia en los créditos de no haber pagado.
BRAVO Y ALLENDE EDITORES: Eugenia Echeverría, Cristián Vila, Jaime Quezada y Edward Lear son algunos de los numerosos autores que han publicado en este sello. Lear, por supuesto, no se enteró, pero igual vale la traducción de Limericks que hizo Juan Rivano en 1992. La editorial data, justamente, de comienzos de los años 90, y en no pocas ocasiones admite que el financimiento provenga del bolsillo del autor.
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CARLOS PORTER: En 1990, Roberto Merino y Carlos Altamirano vivían en una casa de la capitalina calle Carlos Porter en honor a la cual, junto a Fernando Balcells, bautizaron esta editorial. Desde entonces Ediciones Carlos Porter se ha regido exclusivamente por los buenos caprichos de los tres amigos editores. Cada libro se ha financiado de manera distinta. El debut fue con Sentado en la cuneta de Claudio Bertoni, para al siguiente año publicar el famoso Arte marcial, de Bruno Vidal. Luego vinieron libros de Francisco Mouat, Manuel Vicuña y el segundo y hasta hoy último poemario del propio Merino.
CATALONIA: Gerenteada por Arturo Infante, ex editor de Sudamericana, Catalonia también se dedica a la representación y distribución en Chile de sellos extranjeros como Losada, El Ateneo, De la Flor y Adriana Hidalgo Editora. La experiencia de Infante en el negocio explica que actualmente Catalonia sea una independiente grande y sustentable, que ya tiene 30 personas trabajando y supera los 25 títulos al año, los cuales van desde ensayo y la crónica a la novela y las memorias, del rescate a la apuesta, de la coedición a la traducción y de José Bengoa a Pietro Aretino, pasando por Ignacio González Camus, Pamela Jiles y el inesperado narrador Camilo Escalona. Uno de los mayores éxitos de Catalonia es Allende. Cómo la Casa Blanca provocó su muerte, de la recién fallecida Patricia Verdugo, que durante el 2003 fue uno de los libros más vendidos en Chile.
CONTRABANDO DEL BANDO EN CONTRA: El joven poeta Héctor Hernández Montecinos fundó este sello en 2003, presumiblemente para llevarle la contra a quienes se la llevaban a él. Dedicada exclusivamente a la poesía, en particular a los poetas jóvenes, dentro de la decena de títulos publicados destacan los del propio Hernández. En su momento, la editorial se dio maña para organizar un concurso de poesía llamado “Mañana estarás en Hawai”. Recientemente Hernández cerró este sello y abrió otro con el nombre de Mantra.
CUARTO PROPIO: Marisol Vera es la fundadora y directora de esta editorial cuya importancia sería difícil poner en duda. Cuarto Propio, que en 2008 cumple 24 años, fue durante bastante tiempo la editorial de Claudio Bertoni, Carla Cordua, Pedro Lemebel y Diamela Eltit, entre otros autores. Pródiga pero dispareja, financiada con voluntad, fondos concursables y buena paciencia, Cuarto Propio tiene, a la fecha, más de 500 libros publicados. Es una de las independientes que más resonancia consigue en el mundo académico, principalmente por su colección “Ensayo”, que aborda temas de política, género y crítica cultural, con autores como Leonidas Morales y Nelly Richard. La editorial cuenta entre su anecdotario el haber estado domiciliada en la calle Keller de Providencia y haberse mudado a la calle Sazie de Santiago, para poco tiempo después echar marcha atrás y reinstalarse en Keller, donde hasta hoy se encuentra.
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DOLMEN: En 1992 la reputada editorial Hachette se metió en un lío financiero y tuvo que vender sus editoriales fuera de Francia. Juan Carlos Saéz, por entonces gerente de Ediciones Pedagógicas Chilenas, compró la sucursal de Hachette y la renombró Dolmen, pues le pareció “un nombre fácil de pronunciar en tres idiomas distintos”. Su catálogo va de la biología vanguardista de Maturana y Varela hasta las irregulares voladas de Alejandro Jodorowsky, pasando por un bestseller del recordado –o no tanto– graffitero cubano Pible, que estuvo cerca de 40 semanas en la lista de los libros más vendidos, y que a la primera de cambio firmó con una transnacional. Dolmen en sus años mozos –o dorados– llegó a contar con más de 100 trabajadores y facturaba siete millones de dólares. Pero a este pequeño gigante lo pilló la crisis asiática. Tras una agonía prolongada, la editorial, y sus 800 títulos de carga, desaparecieron brevemente el 2003, para luego, con otro nombre (véase J.C. Sáez Editor), proseguir sus actividades.
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FORJA: Editorial del tipo “le publicamos su libro si usted lo paga”, Forja nació en el año 2003, según sus editores, “como respuesta a las necesidades literarias y educativas de nuestro país, con el objeto de ofrecer a los lectores una nueva mirada del mundo, abriendo un canal directo a las voces de los escritores nacionales”. Sus colecciones abrazan todos los géneros y su página web es de notable calidad; ambas cosas se explican tal vez por el hecho de que, como queda dicho, Editorial Forja es una casa abierta a todo aquel que quiera publicar algo y tenga el capital (monetario más que literario) para hacerlo.
FRASIS: En 2003 vio la luz con Territorios en fuga, un volumen que reunía textos de críticos chilenos sobre la obra de Roberto Bolaño, preparado por Patricia Espinosa. Desde entonces la editorial ha publicado otros 24 libros dedicados a las ciencias sociales y las humanidades y también a la dramaturgia y la narrativa, en lo que podría llamarse su alter sello, Ciertopez (que ha publicado la controversial obra Prat, de Manuela Infante, y La mujer gallina, de Alejandro Moreno, entre otros títulos). Frasis es una empresa de doble cara: su catálogo se financia por los trabajos comisionados por universidades y otras instituciones, que “van desde la diagramación hasta la corrección de textos”, y les permiten sumar monedas para darle afrecho al chanchito de las publicaciones, como dice el editor general Marco Antonio Coloma. Frasis es una de las pocas editoriales con una librería virtual (www.frasiseditores.cl) donde, naturalmente, se pueden encontrar sus libros.