En enero de 1946 José Donoso Henríquez le pide a su hijo, que se ha marchado a la remotísima Patagonia, que no abuse de la lectura. Y agrega: “trabaja con la mente o con las manos. ¿Por qué no intentas escribir?”
¿Que habrá sentido nuestro autor al leer la recomendación? ¿Un acicate a su voluntad de ser escritor o una total desconfianza de su capacidad de lograrlo?
No lo sabemos pues la respuesta no se conserva. Pepe Donoso, en cambio, guardó rigurosamente todos sus papeles. Incluso estas cartas que su padre le escribió cuando a los 21 años decidió distanciarse de su gente para escribir sobre casonas, decrepitud y familias. Un intento titánico por hacer de su vida una construcción de tinta y papel que de seguro no era lo que el Doctor Donoso quería decir cuando le pedía que intentara escribir.
El epistolario que el padre envía a José Donoso entre los años 1945 y 1967 recoge un desavenido diálogo. Las primeras cartas eran manuscritas y luego a máquina con papel con membrete del Servicio Nacional de Salubridad, porque “conforme a tus deseos expresados en tu última, en que me dices que no entiendes mi letra, de aquí en adelante te escribiré a máquina, a pesar que para mí es bastante molesto”… Quizás no haya una expresión más sutil de la distancia entre hijo y padre. Una relación hecha de intermediaciones que disuelvan la personalidad y características del otro.
José Donoso con frecuencia se refirió a su padre como un hombre pusilánime y distante. Así se aprecia en Conjeturas sobre la memoria de mi tribu. Más recientemente en la biografía de su hija Pilar, Correr el tupido velo, se incluye una carta que le escribe poco antes de su muerte que no es otra cosa que un duro ajuste de cuentas al respecto.
¿Cómo fue en realidad el vínculo entre ambos? En las cartas del padre aparecen fisuras en las que es posible percibir matices que Donoso había pasado por alto, como si quisiera hacer del padre otro personaje donosiano. El viejo anhelo de recrear a su propio creador.
¿Influyó esta relación en sus territorios simbólicos, en la atracción hacia las máscaras y en desplazamientos hacia identidades trucadas? Interrogantes para un estudio, mientras tanto publicamos algunas de las primeras cartas del padre que permanecen inéditas.
Santiago, 15 de Enero de 1946.
Señor
José Manuel Donoso Y.
Punta Arenas
Querido Pepe:
Conforme a tus deseos expresados en tu última, en que me dices que no entiendes mi letra, de aquí en adelante te escribiré a máquina, a pesar que para mí es bastante molesto, puesto que no tengo ninguna expedición en este asunto así es que desde luego te digo que las cartas seguramente irán plagadas de motes (lo de las faltas de ortografía no las atribuyas a la máquina).
He leído con suma atención tu última y comprendo muy bien tu estado de ánimo, pero eso se preveía que tenía que ser así; tú, en un momento muy digno resolviste emprender esa jornada en que estás metido en este momento y naturalmente tienes que sentir con extraordinaria intensidad el choque de tu naturaleza interior con el medio externo, si bien es cierto no es propiamente hostil, por lo menos debe ser indiferente. Pero te lo declaro que no es sin cierto orgullo íntimo que he visto tu esfuerzo, al desarraigarte violentamente de tu medio muelle e informe para afrontar la lucha como hombre, a recibir el fruto de lo que eres capaz de realizar por ti mismo, sin ayuda de simpatías ni amistades. La mayoría de los muchachos que están en la situación tuya se acomodan a esa tristísima mediocridad, sin un gesto de rebeldía, de antemano sometidos a su triste destino y aún más, lo que es lamentable, satisfechos de su suerte que les ahorra todo eso que ahora tú estás sintiendo y posiblemente te hace sentirte desgraciado en ciertos momentos. Esto que te digo debe servirte de consuelo y de aliciente para perseverar en tu trabajo y cumplir con el máximo de eficiencia posible tus deberes; y por último si la tarea es más fuerte que tus capacidades de cualquier índole, ten presente que en tu casa los tuyos te recuerdan cariñosamente todos los días y que en la buena o en la mala se te recibirá con igual afecto.
Bueno viejo, parece que se me ha pasado la mano en este entre sermón y charla sentimental, tal vez un poco fuera de tiesto dentro del tono acostumbrado en mis cartas. Te ruego me perdones y si no te ha servido o no te ha gustado, olvídalo y no insistiré más sobre ello.
El viernes recién pasado fui a Olmué, cerca de Limache con el Cojo Barros quien se empeñó en que lo acompañara a ver a su familia que está por allá por indicación mía para que se reponga la Cecilia su mujer que estaba en lamentables condiciones físicas a raíz de una gripe. Pasé allá un par de días muy agradables y visitamos a la familia de Hugo Grove, donde está alojado Gonzalo tu hermano. Gente muy agradable, desprovista de toda pretensión y que hace que su hospitalidad sea tal que uno se sienta en su casa. Hugo es un hombre de 55 años muy tranquilo, que le gusta descansar el fin de semana entre los árboles y flores de su jardín y ella, la Mimí Fonteine (sic) una rubia de unos 45 años encantadora llena de vida, pero también muy sencilla y desprovista de pretensión. Gonzalo se siente como en su casa y tiene unas tremendas discusiones sobre su tema favorito, la lucha social, pero lo toman en solfa y nadie le hace caso. Regresamos con Javier el lunes a primera hora; son nada más que dos horas de auto por la cuesta de la Dormida (Til Til) con un paisaje muy interesante a ratos, otra un poco monótono en este tiempo especialmente por la aridez.
En estos momentos que te escribo estoy sencillamente desesperado porque estoy sometido a un martirio. Figúrate que me acaban de entregar la plancha de arriba y la de abajo y tengo que acostumbrarme a ellas y no me las puedo sacar ni para dormir y lo peor de todo es que me dan constantemente ganas de vomitar que tengo que estar aguantándome; pero qué le vamos a hacer no podía andar en la forma que lo estaba haciendo.
Tu madre está con el propósito de ir a pasar unos días a Constitución con tus hermanos y tu tía Rosita. Yo me alegraría mucho pero estimo que la carta pidiendo piezas ha sido escrita muy tarde lo más probable es que no encuentre donde ir. Yo pienso quedarme tranquilamente en Santiago, por lo menos hasta principios de Febrero, días en que probablemente pueda ir algunos días a Santa Camila, donde los Cortés, más que todo por acompañar a tu mamá ya que para mí es una lata padre.
Respecto al resto de la familia poco hay que contar/ mi mamá ha quedado más o menos bien de su quebradura y ya camina con su pata enyesada y un bastón por todas partes. Pablo se repone del desgaste que le produjo la excursión en bicicleta a la costa, leyendo El Vizconde de Bragelonne y tu abuela Herminia sigue teniendo las mismas roscas de costumbre. Tu tío Pepe su fue a vivir con la Beca y ayer estuvo de visita en casa e hizo amables recuerdos tuyos. A tus amigos no los he divisado últimamente salvo a Javier Sierra que me miró con aire distraído (por lo demás parece habitual en él) y no me reconoció. Seguramente los demás estarán veraneando.