En Italia y en Europa existe la costumbre de percibir una cierta decadencia del mundo, una cierta pérdida del sentido de las experiencias humanas, tanto en la literatura, en la política, como también en la forma en que se come, en la forma en que se hace deportes, en la manera de relacionarse en términos amorosos que tiene la gente. Yo no sé si esto ocurre en Sudamérica o en Chile especialmente, pero en Europa esta costumbre se hace cada vez más fuerte y, sobre todo, por parte de las personas teóricamente más inteligentes y más cultas, la intelligentzia, la intelectualidad. Y, por lo tanto, me ha sucedido que, en muchas ocasiones durante los últimos años, me preguntaran mi opinión acerca de la decadencia de la literatura italiana, acerca de la decadencia del fútbol italiano, de la decadencia de la comida italiana, de la decadencia de las mujeres italianas. Los que me preguntaban, la mayoría de las veces, eran las personas que yo aprecio más, las que están más cerca de mí. Personas que piensan de manera similar y que han tenido una formación similar. Sin embargo, había algo que no cuadraba, y por muchos años rechacé firmar estas propuestas, decir mi opinión. Por ejemplo, un problema: “Los jóvenes ya no están leyendo”. No sé si en Chile esto ocurre, pero los jóvenes en Europa ya no están leyendo. Esa es la frase. Entonces, me pedían que fuera a la televisión y dijera que “los jóvenes ya no están leyendo”, que esto era un drama, etcétera. Pero yo no creía que esto fuera un drama. No sabía por qué, no lograba explicármelo. Pero si quería ser honesto conmigo mismo, como decía Mondrian Kilroy, había algo que no me encajaba. Seguramente habría sido políticamente correcto que yo estuviera en la televisión diciendo que esto era un drama, pero no fui por años. Finalmente recogí lo que me parecía que yo entendía al respecto y lo publiqué en capítulos, como un folletín, en un diario de Italia. Ese es el origen de mi ensayo Los bárbaros. No es que pueda contarles todo el libro hoy día, pero sí quiero ocuparme de algunos aspectos.
La impresión es que el mundo está empeorando en sus experiencias más importantes, los libros, la cultura, y también en aquellas más cotidianas, como el comer. Para que nos entendamos, piensen en la comida rápida. Antes uno comía en la mesa, conversando, se requería de muchas horas de preparación y, al final, recibíamos un sabor exquisito, que venía de una tradición lejana, antigua. Pero ahora nuestros hijos comen comida rápida, una hamburguesa horrenda, y además se la comen en diez minutos mientras están mirando un video. En el libro reconstruyo este tipo de decadencia, pero en diferentes mundos, en especial en el mundo del vino. En Europa, por ejemplo, el mundo del vino se ha vuelto algo globalizado, estandarizado. Los gustos son siempre más o menos iguales. Antes en cambio había una tradición del vino, pero ahora cualquiera puede producirlo. También está el mundo del fútbol, porque igualmente se dice que el fútbol ahora es solamente un negocio. En el mundo de los libros la decadencia está representada por los grandes meganegocios, los bookstores, cuatro pisos de negocios donde parece que estás en un supermercado y puedes comprar una lamparita para el baño, un libro, un disco, todo da lo mismo. O los escritores en la televisión. Venden quienes van a la televisión. Si eres feo no vendes. En las páginas de los periódicos ya no existe más la crítica, por lo menos en Italia, en cambio hay clasificados, entrevistas, chismografía. Obviamente, decadencia. La literatura no es lo que era. No está Calvino. No está Moravia. Ahora hay escritores cualesquiera.
Hay una expresión que ocupamos a menudo: “llegaron los bárbaros”. Algo ocurrió que llegaron los bárbaros y están destruyendo de manera sistemática todas nuestras mejores experiencias. Entonces, ustedes echan un vistazo a la comida rápida y ven a estos jóvenes con su jockey norteamericano, con un pedazo de fierro en la oreja, con una polera que les llega a los pies, unos zapatos horribles, comiendo un Big Mac Cheese Deluxe Burger, con todo, mirando un monitor donde hay un video musical en que dos tipos están violando a una niñita. Bárbaros. El compañero del colegio de mi hijo: la barbarie. Vas a estos grandes bookstores, y ves que las personas compran un montón de libros: uno es de new age, Cómo superar los límites de sí mismo; uno de gastronomía, Cómo cocinar la hamburguesa; el tercer libro es sobre el Papa, porque siempre hay un libro sobre el Papa; uno mío, pero en una edición barata de bolsillo; un manual dificilísimo sobre software; y probablemente dos biografías, una de la Madre Teresa de Calcuta y la otra de Paris Hilton. Bárbaros. Hay miedo de que los bárbaros estén destruyendo el mundo. Pero, ¿quiénes son estos bárbaros?
Naturalmente, esto ha llevado a que la gente que está en contra ponga una barrera. Por ejemplo, frente al fast food inventamos el slow food. Ahora en Italia un almuerzo debe durar por lo menos dos horas, si es que eres inteligente. Si no, eres un bárbaro. El queso es un queso que hacen solamente en un lugar de la Toscana hace cuatrocientos años y tú a lo mejor tienes ganas de un queso normal. ¡No! Se come hablando de este tipo de comida. Luego viene el vino y ahí es toda una ceremonia, en tanto el bárbaro está comiendo el Big McBurger... Y los libros, naturalmente: los críticos al respecto son categóricos y es automático, si el bárbaro está comprando un libro quiere decir que es un libro asqueroso, es una regla matemática.
Me puse a estudiar estos fenómenos que representan la barbarie, me puse a estudiar el vino, la comida rápida, los libros best sellers, el fútbol, la política que se hace en televisión y ya no en las plazas. Me puse a estudiar realmente en profundidad estos fenómenos que aparentemente eran bárbaros y pude encontrar algunas constantes.
Imagínense una barbarie como lo es la comida rápida. Hay algunos rasgos que ustedes encuentran ahí y que también están en el fenómeno bárbaro de los libros, de la política, etcétera. Lo que yo traté de hacer fue sintetizarlos y de manera muy rápida se los voy a enumerar. A menudo se pone el acento en los negocios. Un mundo que vivía tranquilo de improviso está inundado por el dinero y esto lo cambia, lo desconcierta. También a menudo hay una referencia a la cultura de los Estados Unidos. Encontramos de repente que nuestro modelo es el modelo cultural norteamericano. Además hay una espectacularidad de este gesto muy magnificada, en apariencia hay un rigor bajo pero una espectacularidad mucho mayor. Muchas veces ese mundo aparenta ser más superficial, más rápido. Tengan siempre como referencia la comida rápida: un gusto espectacular, le das una mordida y el ketchup sale por todos lados. Comes rápidamente, la impresión es superficial, no es un gusto profundo. Los norteamericanos lo han inventado y ganan mucho dinero. Otra característica es que son mundos que hasta un determinado momento habían sido mundos pequeños y donde, imprevistamente, un gran número de personas ha llegado, una muchedumbre. Comer en un restaurant y no en la casa cuando yo era pequeño era algo que se hacía realmente de forma ocasional. En cambio, ahora, es algo que se hace seguido. Había familias que nunca iban a un restaurant, por una cuestión de pobreza, pero ahora todo el mundo va a comer comida rápida. Hay un nuevo mundo de personas que de improviso tienen acceso a una nueva experiencia que es la del comer en un restaurant.
Eleuterio Ramírez:
Bueno