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Chupete Aldunate

Guillermo Hidalgo

Chupete Aldunate

Chupete Aldunate fue una de las creaciones más notables del periodista Guillermo Hidalgo, quien falleció prematuramente a los 45 años, en julio pasado. Trabajó en La Época, Qué Pasa y La Tercera, publicó la biografía Lagos. El hombre, el político, desplegó su creatividad en The Clinic –ahí también dio vida a personajes entrañables como Adela, Titán do Nascimento y Spartaco Gandolfi– y fundó y dirigió la revista Fibra. Desprejuiciado como pocos, fue guionista de programas de TV como “El desjueves” y asesor de revistas como SQP. También, en otra etapa de su vida, fue funcionario público en el Sernac y funcionario internacional, como supervisor del desarme tras la guerra civil en Nicaragua. Al fallecer, era uno de los profesores más queridos por los alumnos en la Escuela de Periodismo UDP.


Quizás fue porque Hermógenes se había trenzado en una polémica con Víctor Pey a raíz del caso Clarín, el diario que circuló hasta el Golpe y que usaba por slogan “Firme junto al pueblo”, el mismo slogan que The Clinic retomó desde 1998. Quizás, porque elucubraban sobre qué escribiría el mismo Pérez de Arce en El Mercurio cuando días después se cumplieran 27 años del Golpe (tituló su columna “Una lágrima por el Once”, quejándose porque ya nadie celebraba la llegada de Pinochet al poder). O quizás fue, sencillamente, porque el ya mítico columnista del decano era aludido con frecuencia en las conversaciones de Patricio Fernández y Guillermo Hidalgo. El hecho es que ese septiembre de 2000, Hermógenes Pérez de Arce se transformó en la inspiración para que el director y editor general de The Clinic, crearan el personaje de un “señor ultra conservador”, como lo describió alguna vez Hidalgo, que semana a semana se expresaría, libremente, en el pasquín.

Así, y durante dos años, Hidalgo escribió, bajo el seudónimo de Chupete Aldunate, la columna de este terrateniente de derecha –“un cuico gordo y no flaco como Hermógenes”, como explica Fernández– que en su primera aparición se definía como un hombre de familia, “emprendedor”, “apolítico”, partidario de “Joaco” (Lavín), y que afirmaba, con brutal candidez, que “los pobres son pobres porque son flojos”.

Sobre Chupete Aldunate, él mismo escribió en su blog: “Borges sabía cómo humillar a las personas cambiándoles el nombre. (…) En una columna que escribí durante años en The Clinic, bajo el seudónimo de Chupete Aldunate, un señor ultraconservador, usé el mismo recurso. Este personaje podía recitar de memoria los nombres de las personas que consideraba importantes, de buenas familias, de apellidos equivalentes al de él en pedigree, tierras, coraje o sólida moral, pero al resto les cambiaba el nombre. A Gladys Marín la llamaba Inés Marín, por ejemplo”. Aquí una selección de esos textos.


1 The Clinic, 30 de noviembre de 2000
El 25 de noviembre de ese año, Augusto Pinochet cumple 85 años en Chile, tras permanecer casi un año y medio detenido en Londres.

Lo más fácil es pararse en un balcón con una escopeta recortada, porque esas son las que les gustan a los comunistas, y ponerse a disparar a los que dan la cara, y aún más fácil es hacerlo contra una persona que ya dejó este mundo, como mi general Francisco Franco y contra otro que está enfermo y anciano, aunque siempre firme, lúcido y gallardo, como mi general Augusto Pinochet. Lo más fácil es imitar a esos comunistas que desde la altura de los edificios céntricos disparaban contra nuestros valientes soldados la gloriosa mañana de nuestra segunda independencia, el 11 de septiembre de 1973. Grábeselo bien, 11 de septiembre de 1973, el día del cumpleaños de mi general César Mendoza Durán (Q.E.P.D.), por lo demás. De Perón no tengo nada que decir porque no sé quién es y no acostumbro a hablar de las cosas que no sé. De Fujimori, por favor, se trata de un chinito al que yo llamaría al orden con un buen par de soplamocos y ya está, si no es más que eso, aunque preferiría dárselos al cholito ése, el que quiere ser Presidente, Toledo. Primero un chino y ahora un cholo, el mundo está medio loquete, me parece.

Bien, decía que así es como les gusta a estos comunistas que nunca dan la cara sino que prefieren disparar a la bandada y después ponerse en la cola a pedir que les regalen hasta el licor para emborracharse al ritmo de la guaracha y las canciones del tal Gatti, la tal Echeñique y el Temucano. Pero no voy a seguir perdiendo el tiempo con esta gentecita vulgar y me voy a situar en un día muy especial, el sábado pasado, 25 de noviembre. Permítanme tomar mi paleta, mi pincel y dibujar una breve alocución sobre ese día único en la historia de la humanidad toda, que leí en una reunión familiar en la casa de mi hermano Tatán Aldunate. No debiera ser yo quien lo dijera, pero fueron muy festejadas mis palabras. Ahí les van, con modestia:

“En un día como hoy, pero hace ya 85 años, nacía en Valparaíso un niño de mirada inquieta, corazón de león y manos firmes que creció bajo el seguro alero de unos padres que supieron inculcar en él y sus hermanos los más imperecederos valores de nuestra patria por la vía del ejemplo más que de la palabra, a veces insegura, pues puede ser mal utilizada por los agentes del demonio de la manera más anticristiana. Estoy hablando de Augusto Pinochet Ugarte, un niño hermoso y robusto que lenta y ardientemente, como en una fragua, fue siendo moldeado hasta convertirse en el guía espiritual de una nación sedienta de justicia, paz, orden, seguridad y desarrollo. Creo no exagerar si comparo a Pinochet con Moisés (aplausos). Ingresó a la Escuela Militar del Libertador Bernardo O´Higgins Riquelme con la serena convicción de que el destino le tenía preparado un sitial glorioso que vio hecho realidad esa mañana histórica para el mundo, el día en el que desde un lejano país un hombre tomó el báculo de la libertad guiando a la humanidad entera hacia una nueva alborada. General, usted no nos ha salvado, simplemente nos dio la vida (aplausos)”. Esto sigue, pero en este diario comunista me censuran, así es que no puedo continuar. El discurso completo lo pueden encontrar en la siguiente dirección: chupetealdunate@vivachile.com





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