Crítica de cadenas de W.C.

Si a la incomodidad habitual de usar un baño ajeno le agregamos que la cadena del estanque presenta desperfectos, no cabe duda de que nos encontramos frente a un problema. Para salir de él tenemos dos opciones: arrancar y dejar el asunto al siguiente ocupante o reparar la cadena. La segunda posibilidad, a la que yo adhiero, es un tanto engorrosa y requiere de mediana sangre fría para no pasar a mayores. Primero, hay que levantar la tapa de loza del estanque sin romper los espejitos, cremas e implementos de depilación que se acostumbra a dejar encima. Realizada esta delicada operación, lo habitual es que nos encontremos con una cadena cortada y que haya que recomponerla con lo que esté a mano. Un cordel o un clip son siempre bienvenidos. Si no los hay, volver a unir los eslabones es lo que corresponde.

Muchas veces se han roto y hay que darse maña para torcerlos sin quebrarlos más. Esos son casos simples. Los medianos están relacionados con la falta de agua en el estanque. Ahí lo que hay que hacer es vaciar de desperdicios el basurero y usarlo para rellenar el depósito con agua del lavatorio o de la ducha.

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Esto puede ser repulsivo si en el basurero hay papeles usados o toallas higiénicas. Si no hay basurero, ni vaso con cepillos de dientes ni bacinica, las dos manos en forma de pocillo son el único método para trasladar agua que va quedando.

Todos los anteriores son casos donde hay solución. Pero hay otros más complejos, que están relacionados con la destrucción de alguna pieza, ya sea el tapón, el silencioso o el mismo estanque. Abandonar el asunto con cinismo es lo aconsejable.

La cadena es el alma de un buen wáter. Debe ser como una catarata: bulliciosa, certera, rápida y aniquiladora. Hay cadenas lentas y de bajo impacto que lo revuelven todo y no se llevan nada. Hay cadenas que no suenan y, aunque sus descargas son eficaces, dejan un halo de incertidumbre. En las casas de playa hay cadenas en altura, completamente plásticas, marca Wenco, que son sorprendentemente efectivas pese a su rudimentaria apariencia. En los trenes, la cadena abre una tapa que tira todo a los durmientes. En el campo, los baños son de cajón y en vez de cadena hay una bolsa de cal. En caso de caer en esos baños, nunca olviden tirar un puñado de cal al hoyo antes de irse.

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