Caos, densidad y choque, un poeta de la otra tradición

“El problema con enseñar poesía es quizás el contrario de otras áreas: los estudiantes llegan creyendo que es personal y relevante, pero trato de que la vean como formal, estructural, histórica, colaborativa e ideológica. ¡Qué aguafiestas!”

Charles Bernstein

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Existe otra poesía estadounidense, que a falta de un padre, Walt Whitman, tiene dos madres, Emily Dickinson y Gertrude Stein. En sus obras, más que la creación de un país o de un sujeto que lo habite, está la creación de una lengua nueva, ampliada a través de aparentes errores y usos en desuso, compuesta por oído, extendiendo las posibilidades formales de la rima y el metro la primera, y de la materialidad de las palabras, a  través de las reiteraciones y sus alcances filosóficos, la segunda. Los asuntos tratados por ambas las alejan del hablante hipertrofiado de la poesía del canon, que centraliza en sí la visión totalizadora del mundo, pero también del hablante confesional, que comparte exclusivamente sus sentimientos acerca del reducido ámbito de la experiencia. En fin, las de Dickinson y Stein son propuestas opuestas a las de quienes llevaron la poesía a ese lugar protagonizado por nadie más que el propio poeta sufriendo con el estado del mundo.

Gertrude Stein, también el futurista Velimir Jlébnikov o el objetivista Louis Zukofsky, por ejemplo, hicieron con la literatura lo que el cubismo con la pintura: darle una perspectiva múltiple, con todos  los elementos en un plano igualitario, fragmentos que pueden independizarse en vez de forzosamente colaborar con un plano universal, y en que lo enunciado depende más de la intuición del receptor que del vínculo directo con la realidad. Esta búsqueda de un lector activo, incentivado por la necesidad de rellenar la ausencia de juicios morales en las situaciones expuestas, junto con su consecuente cuestionamiento del hablante y, a la larga, del autor, sentaron las bases de gran parte de la literatura moderna y posmoderna. Con gracia, se desplaza así la atención al lenguaje mismo, el que cambia las cosas, las que sin él, únicamente serían lo que son.

De estas condiciones, y de tanta atención al método con que se construye el poema como a su resultado, surge la obra poética de Charles Bernstein, quien hizo su tesis de pregrado en Ser americanos de Stein. Charles, a quien tendremos el privilegio único de escuchar y ver esta tarde, nació en 1950 en la ciudad de Nueva York, donde aún reside. Fundó y dirigió junto a Bruce Andrews la revista L=A=N=G=U=A=G=E, quizás la más influyente en poesía experimental del último medio siglo, donde propuso una exploración de las cualidades intrínsecas de las palabras, desafiando un tipo de control social basado en que éstas se dan por sentadas y no como algo que evoluciona del modo en que lo hacen las sociedades.

En cada uno de sus primeros libros, Bernstein introdujo mecanismos distintos  e internamente consistentes, como el caos, la densidad de dicción y el choque de múltiples voces en los peligros de las instituciones de Asylums (1975), la poesía visual de Veil (1976), la fragmentariedad del verso en Shade (1978) o la prosa en Poetic Justice (1979). No fue sino hasta Controlling Interests (1980) que incorporó en un solo volumen poemas de texturas heterogéneas, mezclando en ellos los procedimientos expuestos a la fecha a través del collage.

Desde entonces y hasta hoy publica colecciones de ensayos, que difícilmente pueden distinguirse de su poesía. Tal es el caso de “El artificio de la absorción”, considerado un manifiesto de la poesía del lenguaje. A partir de él, Bernstein llama a los suyos poemas impermeables, opacos en razón del artificio y la digresión; en oposición a los poemas absorbentes, que a su juicio generan
un estado hipnótico gracias al realismo, la transparencia y la continuidad, entre otras trampas. Un poema clásico es, así, como un bebé que cautiva toda nuestra atención sin ofrecernos algo a cambio. Por el contrario, uno lleno de recovecos, aparte de cumplir con el deber de despertarnos de la hipnosis, cuando ilumina lo hace con más intensidad que el sol. En esto se emparenta incluso con
los poetas beat, que parecieran tan distantes de la poesía conceptual de la que Bernstein es el antecedente más directo. Este carácter de gozne dentro de la tradición de la vanguardia estadounidense es uno de los mayores atractivos de su  obra –además del humor y el uso de las jergas de la publicidad, la política, el sicoanálisis, y la prensa, por nombrar las principales–, pues seduce desde el cuestionamiento en partes iguales de una comunicabilidad no exenta de música, que lo antecede, y una aplicación dogmática de la imposibilidad de decir, donde el poema ya no es un vehículo de la expresión humana sino exclusivamente un resultado de la aplicación de un procedimiento restrictivo, que lo sucede.

De 1987 es su libro de poemas The Sophist, que incluye algunas de sus poéticas principales, como “Disrafia”, emparentada con el largo aliento discursivo de Dark City (1994). Entre ambos volúmenes, Bernstein funda el programa de poéticas de la Universidad del Estado de Nueva York en Buffalo junto a Robert Creeley y Susan Howe, entre otros poetas, y publica Rough Trades (1991), con una estrategia distinta, la de la contención de algunos de sus poemas más relevantes, como “El lenguaje de quién” y “El pájaro kiwi en la planta kiwi”. Bernstein despide la década de los noventa con la unión en un solo libro de ensayos y poemas emblemáticos como “Defensa de la poesía”, en que los profusos errores de tipeo no ocultan la feroz réplica al sinsentido que comandarían propuestas como la suya, la carta “Estimado Sr. Fanelli:” dirigida a un jefe de estación del metro y “Esta línea”. My Way: Speeches and Poems (1999) es el título de la obra.

Cada vez más concisa en su presentación, la extraordinaria  poesía de Charles Bernstein durante los últimos quince años no abandona los múltiples vectores de referencia de cada palabra. Esto es, se sigue oponiendo a las normas culturales y lingüísticas, pero con un compromiso mayor, de acuerdo con sus declaraciones, con el intercambio, la interacción, la comunicación y la comunidad; sin perder nunca de vista que “la prosa empieza con el mundo / y busca las palabras que combinen; la poesía empieza/ con las palabras y halla el mundo en ellas.”

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Le pedí a Charles que hoy nos presentara un panorama de la poesía del lenguaje, de modo de familiarizarnos con las propuestas de la revista y también con sus principales autores y características, sus poéticas y su historia. En clave enciclopédica, escucharemos “El campo ampliado del L=E=N=G=U=A=J=E” seguido de una performance que da cuenta de su trabajo creativo, denominada “Recantorium”. A la manera de una confesión legal, de una letanía religiosa o de la poesía sonora que compila en los archivos de PennSound, el autor responderá a cada una de las críticas posibles e imposibles a su figura y escritura. La traducción correrá en la pantalla y en sus mentes abiertas. Luego habrá tiempo para preguntas, que para dialogar con nosotros es que lo trajimos a Chile por primera vez. Bienvenidos y muchas gracias.

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