Reseñas

Aguasfuertes viajeras

Bernardita Bolumburu

Cuenta Roberto Arlt en una de sus Aguafuertes porteñas lo siguiente: “Me escribe un lector. Estimado señor: Me he enterado de que ha salido una novela suya llamada Los siete locos. Como dispongo de poco dinero para invertir en libros, le agradecería me diera algunos datos respecto a ella, para saber si vale o no la pena de gastarse el tiempo y unos pesos en su lectura”. Con esta presentación comienza una de la serie de crónicas publicadas por Arlt en el diario argentino El mundo entre 1928 y 1933.

Esa atmósfera de ironía y absurdo sobre las situaciones cotidianas, y el interés por las formas populares de expresión en el lenguaje que conformaban muchos textos de Arlt, se recuerdan positivamente en Viajera crónica de Hebe Uhart, una recopilación de crónicas publicadas en su mayoría en el diario El País de Uruguay. Frecuentemente asociada a Felisberto Hernández, me parece interesante comparar el trabajo como cronista de Hebe Uhart con lo que hacía Arlt ochenta años antes: nos encontramos con ese rescate de la oralidad y las costumbres sociales en las que pocos se enfocan directamente; con humor ácido y fresco, con curiosidad por los detalles bellos y ridículos del mundo, de pueblos, de barrios, de ciudades, y siempre centrando el foco en el registro oral, en su habla propia y “coloquialidad”. Para ello la escritora argentina realiza un recorrido extenso como una viajera crónica, abarcando lugares insospechados que van desde Argentina a Italia, dedicando también un capítulo a su paso por Chile.

Tal como el término lo refiere, “aguafuerte” remite al grabado de una lámina con la técnica al agua fuerte. Para Arlt era el relato impresionista, grabar una imagen, captar una situación. Se identificaba con la obra de Facio Hebequer y declaraba: “Nada de colores, tinta y carbón”. Si Arlt fue el cronista en blanco y negro, Uhart construye también aguafuertes, pero de colores. Hebe Uhar se interna en el mundo del cronista con su estilo sencillo y elegante, recopilando con suspicacia lo local, lo folclórico. El recorrido de esta antología comienza a orillas del Paraná y luego sigue hacia Córdoba, Rosario, Quito, Cuenca, La Paz, Santiago, Puerto Varas, a comunidades toba y a la ruta de los Nahuel Pan. Cada lugar pareciera estar concatenado con el siguiente entregando una sensación de continuum, de que el viaje no se acaba nunca, como uno quisiera. Una sensación de viaje permanente y sin tiempo. Eso es lo que transmite cuando recién arriba a cada lugar. Una cronista aventurera y poética sin ostentar serlo, que llega a cada lugar con la mente abierta y muy buen humor.

Entre las tantas cosas que interesan y emocionan a Uhart están los refranes. A muchos pueblos llega en busca de ellos, de otros sale no sin antes anotarlos, y de ahí se desprende lo curioso y desopilante de varios episodios. Como cuando va a Tapalqué, “el pueblo de los refranes”. Nadie entiende por qué está allá, porque no suelen recibir visitas. Al llegar, le cuenta a la señora que la va a hospedar –con el objetivo de que le entregue alguna información útil– las razones de su llegada y su interés por saber de este pueblo, conocido por engendrar refranes propios, algunos que llevan transmitiéndose por décadas. Cuenta la autora: “Ella me dijo: Yo de esas cosas no entiendo. Yo soy una señora de mi casa. Yo, de mi casa al trabajo y del trabajo a mi casa”. “Y ¿dónde trabaja, señora? –En mi casa– me dijo sonriente”. Ya en Chile decide ir a conocer la iglesia de San Francisco, “que queda en la Alameda, la calle más conocida de Santiago”. Una vez dentro de la iglesia le llama la atención un agradecimiento al patrono de los animales: “Gracias san Francisco por sanarme de distemper. Tu perrita agradecida”.

El placer por narrar esa oralidad que se mantiene intacta y al mismo tiempo está en permanente cambio se vincula con la necesidad de transmitir vivencias que son locales, pero al mismo tiempo comunes a todos los pueblos, ciudades o grupos humanos que arman una sociedad. Esa particularidad, esa originalidad pasa a ser un ideario común con historias curiosas. Arlt decía que ser cronista suponía andar “balconeando” y “orejeando”. Así como al autor le interesaba exponer el mundo y el habla de la calle, el lunfardo, Uhart también busca plasmar lo popular, poniendo el acento en lo humorístico y nostálgico como parte sustancial de esa oralidad y rescate de tradiciones. Eso, apoyado en una mirada mordaz acerca de la idiosincrasia de algunos lugares, en donde analiza críticamente el contraste ruralidad / modernidad, el problema del mestizaje y las conductas cívicas en las diferentes ciudades. Esta búsqueda de la vivacidad del lenguaje y sus más curiosas formas de representarse en el registro oral las relaciono inevitablemente con Proyecto Cartele, un espacio creado por tres argentinos que recopila fotos de carteles involuntariamente cómicos, poniendo la atención y el interés en los usos del lenguaje, en la representación gráfica de las ideas, las diversas formas de escribir una palabra, etc. El proyecto se plasmó en un libro que se agotó rápidamente (hoy en día tiene un sitio web donde los usuarios pueden enviar sus fotografías “cartele” y además se transmite como un espacio de continuidad en el canal argentino I-Sat). Los ejemplos son simplemente notables y no dejan de sorprender las impensables formas en que se puede escribir la palabra “roast-beef ”. Y un buen detalle, en el libro figura el cartel de nuestro querido pueblo de la VII Región, Peor es Nada. Esa ruralidad originaria y viva a la vez es la que revela Uhart en sus pequeños relatos de profundos detalles. Es ese humor involuntario de los refranes, los dichos, las costumbres, y todo lo que se genera alrededor de cada pueblo o ciudad que visita.

Por último, es destacable la construcción del sujeto cronista del libro (casi siempre es explícitamente la propia Hebe) y que fue tal vez un proceso no consciente, que se fue generando con el desarrollo de sus crónicas. El cronista acá viaja y escribe en soledad. Esa es una imagen importante que recorre el libro de principio a fin: Hebe Uhart viaja sola e incorpora, integra y absorbe todas las experiencias e impresiones desde ese foco; ella, viajera solitaria acompañándose a sí misma en su propio diálogo, que lleva a cabo a través de sus crónicas. Esta viajera crónica recoge impresiones que procesa internamente, y eso tiene algo de melancolía. En algunos pasajes, tal vez los más rurales, la narración induce a un cierto estado de ánimo un poco “wertheriano”, en donde se busca la simpleza y belleza de lo original, ligado a las tradiciones, y por lo tanto, a la naturaleza. Estas crónicas tienen la característica especial de mantener un temple poético de una manera muy sutil, sin intentos de preciosismo.

En Viajera crónica Uhart expone sus impresiones por medio de una escritura sencilla, evocadora, positiva e irónica, como aguafuertes llenas de detalles y colores. Como un grabado que plasma la idea del viaje como la forma posible de encontrar las imágenes y las palabras que busca.

Hebe Uhart. Viajera crónica, Adriana Hidalgo, 2011


Cómo perseguir a una ladrona

Felipe Gana Gómez de la Torre

Severina es una novela de amor obsesivo, así como la película Intriga internacional (extraña traducción de North by Northwest) de Hitchcock, donde no conocemos la verdadera identidad del otro amado. Cary Grant disfrazado del publicista George Kaplan y “…un ejemplar más de esa melancólica especie: el librero aspirante a escritor”. Ambos se enredan en una historia que no les pertenece, por distintos motivos, y se enamoran de Eve Kendall (Eva Marie Saint), de profesión espía, y de Ana Severina Bruguera Blanco, ladrona de libros, respectivamente.

“Cosas muchos peores pasan aquí, pero no es de eso de lo que les quiero hablar ahora”. Con esta explicación hacia el inicio, Rey Rosa se desmarca de sus novelas anteriores: la violencia política abandona las escenas principales, aunque permanece como telón de fondo, imposible de eludir, al parecer, si se escribe en Guatemala, en Centroamérica en general. Así se escucha la violencia, a veces: “Todavía era una niña, su cara tenía una dureza que me hizo recordar la fealdad adquirida de los adolescentes campesinos convertidos de un día para otro en soldados”.

Pero el tema principal es el amor, o dos tipos de amores, el amor a otra persona y el amor a los libros, que está siempre presente en la voz del narrador y en los libros robados y leídos, algunas veces entregados en listas, otras comentando lecturas, como la utilidad de los aforismos de Schnitzler. Se nota en la obsesión que siente por Severina, ahí empieza otra novela u otra historia, más cercana a la novela policial o de aventuras; no sabemos quién es Severina ni por qué es una ladrona profesional de libros, ni siquiera si existe o fue una idealización, si forma parte de una in ternacional de ladrones de libros o de una secta.

Nos adentramos en el mundo sin nacionalidad de Severina, de pasaportes falsos; un padre, que puede ser su amante o su abuelo, su búsqueda frenética, librerías especializadas en libros raros, el mundo de los libreros, de los verdaderos libreros, de los que se encuentran incómodos con la venta de libros y están en ese oficio más por el amor a los libros o en el frustrado intento de ser escritores; otro librero, el de origen magrebí, Ahmed al Fahsi, nos hace pensar en la propia biografía de Rey Rosa y su estadía en Marruecos; este último también cae en las trampas de Severina y su inaudito talento de traspasar las barreras de alarmas sin hacerlas sonar, secreto o truco que no enseña la novela; lamentable para los ladrones de libros, tranquilizador para los vendedores de los mismos. La relación se vuelve tormentosa, se pierden los rastros de la ladrona y se vuelven a encontrar, los hechos pasan rápido, esta es una novela corta o nouvelle que se hace difícil no leer de un solo aliento.

“No era la primera vez que me dejaba llevar más allá de la razón por un impulso libresco… Ya en otras ocasiones había actuado como un impulsivo… Pero ahora, por primera vez me embarcaba en una aventura puramente sentimental”, leemos hacia el final del primer tercio del libro. Nosqueda claro cuáles son las motivaciones del librero melancólico y cómo esto va retorciendo la vida, y sus obsesiones para recuperarla a ella o a sus libros. Hay más hechos impulsivos y librescos pero dejo al lector que los encuentre y se entretenga con ellos.

En  fin, novela  corta  de  obsesiones  librescas y románticas, con un final al estilo del citado Hitchcock, de errores y desencuentros. Esta es la historia de una hermosa ladrona de libros que no hace ruido al llevarlos y enamora a sus víctimas dejándolos así: “Soñaba despierto más que dormido. Imaginaba una y otra vez escenas en las que nos encontrábamos”.

Rodrigo Rey Rosa. Severina, Alfaguara, 2011

Filmar para reconocerse

Patricia Rivera

Son innumerables los antecedentes del trabajo autobiográfico en las artes, por ejemplo la obra de la francesa Sophie Calle The Shadow (1981), en que se hizo seguir por un detective privado y expuso las fotos como “evidencia de su propia existencia”. En el cine de ficción encontramos un punto de inflexión en 1989 con Noches salvajes, basada en la vida de su autor Cyril Collard, que retrata su condición de seropositivo. El 2003 Jonathan Caoutte nos sorprende con la desgarradora Tarnation. Documental autobiográfico, realizado en un programa de edición casero y un presupuesto estimado de 218 dólares (sin contar derechos musicales), que se convierte en un tour de force por una infancia de Caoutte. Él filma con la pulsión de constatar el momento presente, filma para sanar.

Los documentalistas chilenos también han volteado sus cámaras y es por eso que un libro como Documentales autobiográficos chilenos (2010) de Michelle Bossy y Constanza Vergara, se vuelve una herramienta necesaria, un catálogo de símbolos para poder descifrar este subgénero del documental en el ámbito nacional.

La investigación tiene un corpus de 15 películas. La disección de 15 chilenos redefiniendo pasado, familia, duelos, en un registro con evidente finalidad de hacerse público. Las autoras agruparon estos documentales en tres categorías. Relatos del presente, retratos familiares y trabajos de memoria.

Los relatos del presente revisan aquellas piezas en las que sus protagonistas están parados en la mitad de un conflictivo “hoy” que se resuelve y avanza junto con el registro. En Perspecplejia David Albala despierta luego de un accidente sin poder volver a caminar, y desde ahí comienza su documental. Felipe Monsalve parte el relato con su cesantía y la búsqueda de cómo ganarse la vida en ¿Habrá esperanzas? Estos documentales son un seguimiento audiovisual hilado como un diario de vida, una bitácora filmada. Otras piezas incluidas son Out of the Place de Claudia Aravena, y Dear Nonna y Remitente de Tiziana Panizza.

La hija de O’Higgins de Pamela Pequeño, La Promesa de mi madre de Marianne Hougen-Morga y La Quemadura de René Balleneros analizan los retratos familiares. Aquí los directores desplazan sus protagonismos, para cederle espacio a su genealogía. En La quemadura, por ejemplo, el director junto a su hermana se encuentran en una adultez llena de preguntas luego del abandono de su madre. Durante el filme vemos el espacio íntimo de René, superando sus miedos a nadar, entrevistando a sus abuelos acerca de su madre, y viviendo una permanente nebulosa que se vuelve un diálogo intermitente con su hermana acerca de su pasado. En estos filmes las entrevistas, testimonios e investigación se hacen al interior de la casa, en la propia familia, en el pasado sanguíneo de los autores.

En el tercer grupo están los trabajos sobre la memoria. Aquí destaca un diálogo con la memoria colectiva chilena, donde la dictadura articula el punto de giro en la vida de todos los protagonistas. Un filme representativo es El edificio de los chilenos, una carta abierta de Macarena Aguiló a sus padres. Ella fue uno de los niños que crecieron en el proyecto Hogares creado a fines de los 70, cuando un grupo de militantes del MIR volvieron a Chile y no podían traer a sus niños con ellos. Los protagonistas de este y otros documentales están atravesados por la dictadura militar. Calle Santa Fe de Carmen Castillo, Héroes frágiles de Emilio Pacull, En algún lugar del cielo de Alejandra Carmona; Reinalda del Carmen de Lorena Giachino; Mi vida con Carlos de Germán Berger y el El eco de las canciones de Antonia Rossi componen este grupo.

El libro de Michelle Bossy y Constanza Vergara da pistas para entender el proceso de los autores. Explica cómo la primera persona audiovisual dota una historia conocida por todos de un espacio original leído por un prisma de particularidades. El “yo” es un recurso más para dotar al documental de su característica más preciada: el punto de vista.

Michele Dossy y Constanza Vergara. Documentales autobiográficos chilenos. www.documentalesautobriograficos.cl


La mafia del padre

Juan Pablo Meneses

La mafia es una familia y la familia es una mafia. Esa es la moral que atraviesa Honrarás a tu padre, el libro donde Gay Talese se infiltra en el clan de los Bonanno con una idea comercialmente impecable: revelar el lado menos conocido de la mafia italoamericana.

Considerado como una pieza fundamental del nuevo periodismo estadounidense, el libro se podría leer como una novela de un cajón inverso al de Mario Puzo, autor de El padrino. Pero también, y sobre todo, como una inagotable investigación donde Talese nunca deja de recordarnos que la realidad siempre es más conmovedora que la ficción. Los seis años que le tomó reportear la historia, los viajes a Italia, la vida en Sicilia, el mapa de la familia, los funerales de los mafiosos donde van policías a anotar los números de las patentes de los autos, los detalles comunes de la rutina de los capos, aparecen como pastillas de las que rápidamente uno se hace adicto. Pero no solo eso. El bombardeo de datos concretos, la aparición de nombres y hechos googleables, son un recordatorio constante de que todo lo que leemos pasó. Y si es real, es mejor.

El inicio de la historia ocurre cuando dos gángsters, en octubre de 1965, secuestraron al reconocido padrino Joseph Bonanno, jefe mafioso de Nueva York. La policía de la ciudad informó que estaba muerto, aunque un año más tarde Bonanno reapareció con vida, dando la partida a una larga escena de balazos y traiciones y venganzas entre familias en disputa.

El libro se publicó originalmente en 1971 y cuarenta años después aparece traducido al español por Patricia Torres Londoño, en momentos en que la crónica periodística latinoamericana vive una suerte de boom literario en el idioma. La sorpresa que despierta este libro de periodismo narrativo entre los lectores hispanoamericanos es tardía, aunque no por eso descartable. Tras su primera edición, Honrarás a tu padre se transformó en un bestseller inmediato. La CBS hizo una miniserie televisiva de la obra, y se le considera el libro clave para los realizadores de Los Sopranos: aquí los mafiosos tienen penas, dudas y problemas para criar a sus hijos. La mafia es una familia. Y la familia es una mafia.

Leerlo hoy con el entusiasmo de la primera vez sería una ingenuidad. Gran parte de los secretos, que Talese reveló el 71, ya los hemos conocido por otros libros, otras películas, otras series. De alguna forma, el mayor interés de esta nueva edición es el rescate de un clásico. Cualquiera que tenga ganas de escribir buenas crónicas debería ver cómo un autor se puede meter, obsesionar y mimetizar con el mundo que quiere describir. Cualquiera que pretenda escribir un libro de periodismo narrativo verá cómo se puede llevar un relato sin que el narrador luche por cruzarse delante de la cámara. Y entender que el secreto está en “mostrar”, sin caer en el mal gusto de tener todo el tiempo que “decir”.

Retratos y encuentros, otro libro de Gay Talese traducido recientemente al español, tiene textos que se pueden leer como la trastienda de Honrarás a tu padre. Ahí cuenta, por ejemplo, toda la historia de cómo se fue haciendo amigo de Bill Bonanno, hijo del capo, su puerta de entrada en la mafia. También revela la relación con su propio padre. Joseph Talese era un sastre italiano que migró a New Jersey en los años 20, y que entre los clientes de sus trajes tenía a miembros de la mafia neoyorkina. Esta cercanía, esta pertenencia, se nota en el libro.

El destino de Gay Talese era seguir a cargo de la sastrería familiar. Eso, hasta que llegó el periodismo y las historias y los libros y el reconocimiento que lo tienen como una de las firmas claves de la no ficción mundial. De aquel mandato familiar quedan los trajes y el sombrero que usa hasta el día de hoy. Pero, además, y tal vez más imperceptible, una mirada que siempre defiende la tradición y el estilo como una moral.

Por lo mismo, Honrarás a tu padre es, todo el tiempo, un libro elegante. Los mafiosos no son asesinos en serie con movimientos robotizados, ni verdugos que matan para calmar los nervios del abuso de drogas. Las familias no están divididas entre buenas y malas, solamente que hay algunas que aparecen más organizadas. Y los capos, que la caricatura dibuja como jefes de la matanza, aquí se ven como señores preocupados de vestir un buen traje. Como los que hacía su padre. Como los que le correspondería estar confeccionando a él.

Gay Talese. Honrarás a tu padre, Alfaguara, 2011

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